Teléfono: 620100000 - Email: info@projusticia.es

Si no encuentra la página que busca pruebe en la sección "web anterior".

«Denuncié y me quedé sin casa ni comida»

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

 

Nuevamente se demuestra que toda la industria del maltrato no es sino un pesebre en el que se alimentan un montón de vividores a los que las maltratadas reales les importan un comino.

La actitud de la supuesta maltratada es la habitual. Convencida de que tiene derecho a vivir del cuento ya sea del padre de sus hijos o del resto de los ciudadanos. Simplemente porque es mujer. Por descontado la culpa de su situación es de los demás y no de ella ni de sus evidentes mentiras.

-o-o-o-o-

«Denuncié y me quedé sin casa ni comida»

  • Mariló González, mujer maltratada que ha sido desahuciada y ha perdido la ayuda alimenticia

  • La vecina de Mislata vive con sus dos hijas de 10 años en una habitación en casa de su madre y con sólo 128 euros de subsidio

Mariló, en el paseo de la avenida Gregorio Gea de Mislata.

Mariló, en el paseo de la avenida Gregorio Gea de Mislata. / Damián Torres

«Sé que no está bien ni decirlo ni pensarlo, y lo hablo muchas veces con mi psicóloga. Vale que me pegaba a menudo y entonces no salía ni a la calle, que me llenaba de moratones todo el cuerpo, que una vez me partió una ceja… Eso no era vida. Pero a menudo me digo: si no le hubiera denunciado, ahora seguiría viviendo en mi casa de Bétera, que era súper bonita, y tendría todos los meses para comer. Lo denuncié y me quedé sin casa, no tengo para comer, vivo, o mejor malvivo, en una habitación con mis dos hijas de 10 años y hasta la ropa que llevo es prestada». El relato de Mariló González, vecina de Mislata de 40 años, se pierde en la infinidad de veces que ha visitado los servicios sociales de Bétera, Mislata o Valencia; el Centro Mujer 24 horas; Cruz Roja; o la Oficina de Empleo en busca de una ayuda para cubrir sus necesidades básicas, o las de sus dos hijas mellizas, o de un piso en el que rehacer su vida. Nada llega.

‘Hay salida’ o ‘Estamos a tu lado’ son algunos de los eslóganes lanzados desde el Gobierno en una de sus últimas campañas de lucha contra la violencia doméstica. Esos lemas se difundieron en septiembre del año pasado. En esa fecha estaba a punto de ser dictada la sentencia contra Jesús L. C., el ex marido de Mariló. El rosario de malos tratos se vio culminada en febrero de 2015, cuando el maltratador, en una de sus tantas discusiones, propinó un cabezazo en la cara a su pareja. La denuncia acabó con una condena de 10 meses de prisión y dos años de alejamiento de la víctima.

Mariló dejaba a un lado los malos tratos físicos y psicológicos. Aún le quedaba por sufrir el maltrato del sistema, los golpes del exceso de burocracia en la búsqueda de ayudas y la escasez de medios económicos y recursos que se desprende de su relato. El primer paso al abismo llegó cuando ella, desempleada desde hace tres años, empezó a no poder pagar los 400 euros de alquiler de su casa de Bétera. «Iba llorando a menudo al trabajo en unos grandes almacenes y al final me echaron». Su agresor tampoco pagaba su parte. Su petición de auxilio al Ayuntamiento para tener un techo para ella y sus hijas no evitó el desahucio.

Sus cosas, en un almacén

En febrero, las tres acabaron en una habitación que les dejó su madre en Mislata. Tampoco aquí el Consistorio parece tener un lugar en el que cobijar a una maltratada y sus hijas. Sus pertenencias, almacenadas en un nave industrial de su cuñado. Muebles, una nevera casi nueva, la habitación de sus niñas, su colchón, su ropa… Ni siquiera su madre le tendió una mano desinteresada. Les pide algo más de 100 euros al mes que a menudo no puede pagar. Ya las ha tirado dos veces a la calle. «La relación no es buena». Mariló prefiere no ahondar más en ello.

Durante los nueve primeros meses tras la denuncia, la mujer percibió la Renta Activa de Inserción (RAI) por su condición de mujer maltratada. Antes percibió la misma cantidad del Servef, tras quedarse sin paro y como subsidio por cargas familiares. El pasado 11 de mayo, la Dirección Provincial de Empleo le dio otro empujón hacia el abismo. La entidad le denegó la RAI «por mantener la convivencia con su agresor». Su última paga han sido 128 euros para pasar el mes. La razón de la confusión es que su ex marido sigue empadronado en Bétera. Ella también. «¿Y dónde me empadrono, debajo de un puente?», subraya en referencia a las tiranteces existentes con su madre y la imposibilidad de dar con un piso destinado a maltratadas en Mislata o Bétera. Un certificado de la policía de Bétera que atestigua que ya no vive con su exmarido es el clavo ardiendo al que se agarra ahora la mujer para recuperar el subsidio.

Sin lote de comida

El último varapalo ha sido quedarse con el lote de comida que recibía de los servicios sociales municipales. Otra vez el diabólico empadronamiento como causa. En Bétera se lo deniegan «porque estoy empadronada pero no vivo allí». En Mislata, por «residir allí pero no estar empadronada». En Valencia, idéntica respuesta. La desesperación lleva a Mariló a acudir incluso a Cruz Roja. Asegura que la respuesta es que sólo pueden ayudarla «a tener un abogado o un psicólogo». En el Centro Mujer 24 Horas, idéntica desesperanza. «No tenemos fondos para ayudas», sostiene la maltratada que le espetan.

Mariló se lía un cigarro tras otro. Estuvo seis años sin fumar. El maltrato se cruzó en su camino y recayó en el vicio. Se quita las gafas de sol reflectantes tras las que esconde unos ojos tristes pero con un poso de ilusión. «A veces me quedo sola en la habitación y pienso, ¿qué hago aquí? Me da por pensar en quitarme de enmedio, pero luego veo a mis hijas, y digo, no puedo. Si no fuera por ellas…», confiesa.

Sí recuerda con cariño a personas como «la policía local de Bétera que lleva los casos municipales de malos tratos. Me llama a ver cómo estoy, escucha mis problemas, me aconseja…», subraya Mariló. Pero la supervivencia, el tener un techo y un plato de comida, sigue en juego. La desesperación lleva a Mariló a detallar cómo a veces le dan ganas «de romper un escaparate para ir a la cárcel y tener comida, o pegarle una patada a la puerta de un piso vacío y ocuparlo». Entonces piensa en sus hijas. Y pone por delante un lema que luce en su whatsapp: «A veces es importante tocar fondo para darnos cuenta que hay cosas importantes en la vida y muchas veces no valoramos».

http://www.lasprovincias.es/comunitat/201606/22/denuncie-quede-casa-comida-20160621235008.html

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Teléfono.: 620100000 - Email: info@projusticia.es

Deja un comentario