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‘El maltratado he sido yo’

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Sorprende por infrecuente que se le de al hombre la posibilidad de contar su versión y enseñar la documentación que la acredita como cierta.

Después de muchos años de linchamiento público, Antonio ha podido demostrar que es la víctima y María Salmerón la torturadora.

Su caso es igual que el de miles de padres que cada año sufren la aberración de unas leyes creadas para generar conflicto y destrozar personas.

Las primeras víctimas, los hijos.

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http://www.elmundo.es/cronica/2016/02/15/56bf5b9a46163fbc448b460b.html

‘El maltratado he sido yo’

Un supuesto maltratador denuncia que él fue el maltratado ESTHER LOBATO

Cuando su ex mujer le ha gritado en la plaza pública que era un maltratador, todos la han creído, hasta Pedro Sánchez. Por eso ha sido indultada por el Gobierno. ¿Pero es Antonio, conductor del AVE, ese monstruo que no merece ni ver a su hija? Ésta es su historia. Ynarra una verdad que rompe el estereotipo

EDUARDO DEL CAMPO

A los mandos de un tren AVE lanzado entre Sevilla y Madrid a 300 kilómetros por hora, el jefe de maquinistas Antonio Ruiz Daza se refugia cada día en la concentración de su oficio para no pensar en sus 16 años de calvario. Los que cumplirá el 19 de junio su hija, con la que apenas ha vivido debido al bloqueo de su ex mujer, la auxiliar geriátrica María Salmerón Parrilla. En ausencia de su hija, lleva en la cartera un dibujito suyo con flores y un mensaje a lápiz. Hace tres años que no habla con ella.

Antonio Ruiz, de 57 años, dice que cuando el viernes 5 de febrero vio en la tele a Salmerón, de 51, se sintió atropellado del todo. El Gobierno en funciones del PP había concedido de urgencia esa mañana a la mujer su segundo indulto parcial, pero ella insistía en lanzar invectivas contra su ex marido y contra los jueces -opuestos al perdón por reincidente- que la han condenado cuatro veces en firme porimpedir la relación entre hija y padre. PP, PSOE, Podemos coincidían en que había que evitar el escándalo de una maltratada ingresando en prisión. Hasta el presidenciable Pedro Sánchez la llamó para solidarizarse con ella frente al “maltratador”.

“Han atropellado mis derechos. Es increíble cómo los políticos han apoyado a esta señora, como si yo fuera un monstruo, por razones ideológicas, sin preocuparse deconocer el caso y desoyendo a los jueces y a la Fiscalía”, declara el padre a Crónica en su primera entrevista. Hombre tranquilo, hasta ahora ha preferido callar, en contraste con María Salmerón, que desde hace años convoca a medios y partidos erigiéndose como una heroína contra el machismo, cual madre coraje que incluso se enfrenta a la Justicia con tal de proteger a su pequeña de las garras del “maltratador”.

La sección cuarta de lo Penal de la Audiencia de Sevilla, en sentencia del 28 de marzo de 2008 ratificada por el Tribunal Supremo, lo condenó a 21 meses de prisión (que no tuvo que cumplir al carecer de antecedentes penales) por un delitode malos tratos psicológicos continuados sobre María, como insultos y comentarios de menosprecio sobre su capacidad, durante su convivencia entre 1999 y 2000.

Maltratador. Un estigma, pesado como la lápida de una tumba, al que se agarran María para justificar su desobediencia contumaz y los que la apoyan a ella y lo condenan de por vida a él. Ahora intenta quitarse esa losa de encima con un relato detallado del que aflora una verdad muy distinta. “Me ha denunciado más de veinte veces después de la separación. Las han archivado todas menos una, porque fue al principio. Son todo invenciones”, dice con voz humilde. “Si me hubieran juzgado ahora, sabiendo los jueces lo que ha hecho esta señora después, no me habrían condenado”.

Nos habla en su casa de Montequinto (Dos Hermanas, Sevilla), junto a la chimenea que presiden las fotos de su hija. Lo arropan en la entrevista su tercera pareja, Inma Ocaña de Valdivia, con la que vive desde hace 11 años, y su hijo José Antonio, de 33, que tuvo con su primera esposa (ese matrimonio duró 16 y acabó sin conflicto) y que le ha dado una nieta. “Todos estos años hemos vivido con miedo a que esta mujer nos denuncie”, interviene Inma, que trajo a sus dos hijos al hogar común y defiende sin fisuras a Antonio como un hombre bueno y la auténtica víctima. Él asiente. “El maltratado he sido yo”.

La separación

Lleva 35 años trabajando en Renfe y conduce el AVE desde 1992. Desde hace más de diez años sus compañeros lo han elegido representante sindical como nº 1 en la candidatura más votada, la del sindicato de maquinistas Semaf, por el que ocupa el puesto de secretario del comité de empresa de Renfe en Sevilla.

Se casó con María en segundas nupcias. La convivencia fue difícil. Explica que “ella está diagnosticada con un trastorno bipolar maniaco-depresivo, como declaró su psiquiatra en el hospital Virgen del Rocío, Teresa Barroso, que la trató nueve años”. Relata que en esos dos años escasos como pareja, ella lo denunció dos veces porsupuestos malos tratos verbales, y ambos casos de faltas se archivaron y continuaron compartiendo techo.

Afirma que ella le agredió a él en dos ocasiones. “Me pegó puñetazos en el pecho. Me hizo moratones. Tuve que sujetarle las manos”. Asegura que no la denunció por entender que ella sufría una crisis mental.

Para desacreditar la acusación de que la menospreciaba, recuerda que era él quien, estando María embarazada, la apoyaba para que se sacara el título de auxiliar de geriatría. “La llevaba en coche a los exámenes”. En junio de 2000 tuvieron a su hijay un mes después él, ante la dificultad de la convivencia, decidió separarse e irse de casa. Pero en cuanto le manifestó que iba a seguir cumpliendo sus compromisos como padre, María, cuenta Antonio, le hizo una cruz. “Me dijo: ‘No vas a ver a la niña nunca más'”.

En su sentencia de separación, 160/2001 del 31 de julio de 2001, la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Dos Hermanas dio la custodia a la madre y estableció un régimen de visitas entre hija y padre. Pero la madre lo saboteó e impidió cualquier encuentro. “Yo iba donde vive, en casa de sus padres, y ella y su familia me decían que no iba a ver a la niña. Hasta los cuatro años, sólo la vi una o dos veces, y porque estaba en el parque. Cuando denuncié que no me dejaba verla, fue cuando ella, como venganza, me denunció. Si yo no pido ver a mi hija, no me habría denunciado”, afirma.

“Se lo inventó todo. Abusos sexuales, que la había arrastrado por los pelos por el pasillo, que la había amenazado. Me pedía doce años de cárcel. Yo fui muy tranquilo al juicio, convencido de que me iban a absolver, por eso no llevé peritos propios, ni comenté que ella me había golpeado, ni hice referencia a que ya me habían absuelto dos veces durante nuestra convivencia. Me condenaron a un año y nueve meses por malos tratos psicológicos, por menospreciar. Pero yo nunca he menospreciado o tratado como inferior a nadie”, se defiende.

Se lamenta de que al considerarse hechos probados, basados en el testimonio de María y de técnicos del Instituto Andaluz de la Mujer que la habían examinado “superficialmente”, ya no pudo lograr que el Supremo lo absolviese después.Con todo, destaca que los jueces le impusieron una pena menor, sin cárcel, que descartaron que hubiera lesiones, abusos sexuales y amenazas y que rechazaron la petición de María para que lo desterrasen de Sevilla. La sentencia le imponía un alejamiento de 200 metros de ella pero no le quitaba la patria potestad compartida ni limitaba el régimen de visitas a su hija.

Es más, esgrime el maquinista: que hubiera sido condenado por maltrato psicológico en 2008 no fue obstáculo para que, atendiendo al criterio de las peritos judiciales Marta López Narbona (psicóloga infantil) e Isabel España Ríos (psiquiatra infantil), la juez de Dos Hermanas Lorena Cañete ordenase en la sentencia de divorcio del 20 de septiembre de 2009 que la guardia y custodia de la niña recayese en él, al considerar a Antonio buen padre, y a la madre una saboteadora recalcitrante de la relación paterno-filial.

La jueza modificó la custodia para concedérsela a Antonio el 31 de julio de 2006 (lo confirmó la sección segunda de la Audiencia el 27 de febrero de 2008), pero pasaron tres años hasta que se ejecutó.

La jueza, la Audiencia y las peritos decían que Antonio es apto para cuidar de su hija y que, al contrario, la obstrucción de la madre es “perjudicial para la niña”. La pequeña se fue a vivir con Antonio, Inma y la hija y el hijo de ésta cuando tenía nueve años. En los casi dos años que estuvo con ellos, subraya el padre, él sí cumplió “a rajatabla” el régimen de visitas de la madre. Enseña fotos de la niña con él y el resto de la familia paterna, en la fiesta de comunión, en vacaciones en Valencia, en la piscina. Se ve a una niña normal rodeada de afecto. “Era la reina de la casa”.

Su madre, en cambio, alegaba que a la niña la tenían “en un infierno”. Y acumuló denuncia tras denuncia contra Antonio, su pareja, sus hermanas…

A Salmerón la han condenado en firme cuatro veces por desobediencia con las visitas, de las que el Gobierno del PP la ha indultado parcialmente en las dos primeras, sustituyendo los seis meses de prisión por trabajos comunitarios y multa, que no ha pagado. Está procesada por otros cuatro casos, detalla su ex marido: dos nuevas desobediencias, impago de su parte de la pensión de su hija en el tiempo que vivió con Antonio y denuncia falsa.

La niña, pasado el tiempo, dijo que prefería vivir con su madre, y la jueza le devolvió la custodia con la obligación de que respetara el régimen de visitas del padre. Pero tras unos pocos encuentros dejó de cumplir. María, el 29 de mayo de 2012, envió un fax al Punto de Encuentro Familiar en Sevilla para avisar de que la tarde siguiente no llevaría a la niña a que viera a su padre, alegando una excursión con el colegio. El día fijado llamó al punto de encuentro para preguntar si se lo habían comunicado al padre y le dijeron que sí pero que Antonio acudiría como hacía siempre (no faltó durante años, aun con la certeza de que no la iba a llevar). María, sabiéndolo, se apostó en un bar cercano al punto de encuentro, sola, y cuando pasó Antonio ella llamó a la Policía y lo denunció por violar la orden de alejamiento sobre ella, fruto de su única condena y que estaba a punto de expirar. “Fue una trampa”, dice él.

No sólo se archivó la denuncia de María (Juzgado de Instrucción 12) contra Antonio y las responsables del punto de encuentro, sino que el fiscal Luis Carlos Rodríguez León la acusó a ella de denuncia falsa, por imputar al padre de su hija un delito inexistente y fabricado. Salmerón “tiene un ánimo permanente de perjudicar a su exmarido”, señala el fiscal en su escrito de acusación del 25 de agosto de 2014.

“Torturas” inexistentes

En otra denuncia acusó a Antonio, Inma y su abogado de “torturas continuadas”, literalmente, por tener a su hija “en un zulo”: en realidad era la habitación que le habían hecho en el piso pequeño que antes ocupaban, dividiendo la estancia de matrimonio para que así la hija de Antonio y la de Inma tuvieran cada una un cuarto independiente. La jueza de Instrucción 15, Silvia Soto de Delás, la desestimó sin admitirla a trámite el 13 de marzo de 2015.

En otra denuncia, que archivó la jueza Mercedes Alaya, María le acusó de falsedad documental aduciendo que la baja médica que le impidió a él asistir a un juicio contra ella era mentira. Tuvo que declarar el médico para probarlo. Y así suma y sigue. Incluso le acusó cuando la niña tuvo gastroenteritis.

Hace más de tres años que no ve a su hija. La madre lo impide. Se suspendió el régimen de visitas ante su inutilidad. El maquinista y padre se dirige al posible próximo presidente, que se solidarizó con Salmerón. “Le pregunto a Pedro Sánchez: ¿qué sentiría si le impidieran ver a sus hijas ilegalmente?”.

Antonio Ruiz considera que tras la larga “alienación” de la madre sobre la niña, es “muy difícil” recuperar la relación. Su compañera, Inma, fundó la Asociación de Afectados por la Ley de Violencia de Género (Alvige), de la que es presidenta. La asociación, a través del abogado José Luis Escañuela, ha pedido al Ministerio de Justicia la revocación del segundo indulto.

Pero el padre se debate. Por una lado le duele la “impunidad” de María, a la que describe como una víctima ficticia “que hace mucho daño a las maltratadas de verdad”. Por otro, no quiere que su hija vea a su madre en la cárcel. “No le guardo rencor. Yo sólo quiero tener una relación con mi hija, que ella tenga padre. No soy un maltratador”.

Hoy, domingo, Antonio viaja un día más hacia Madrid a los mandos de un AVE. Lanzado a 300 por hora. Con el pulso firme. El corazón desgarrado. Y un motorcito de amor latiendo en la cartera. El imborrable mensaje a lápiz de su hija, la gran víctima de este viaje a ninguna parte: “A mi papá que me quiere mucho”.

el maltratado he sido yo 1 el maltratado he sido yo 2

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