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El Supremo detecta un aumento de las causas por abusos a menores

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De repente el número de pederastas ha aumentado de forma exponencial. Es difícilmente creíble.

Recuerda mucho a los sucedido en EE.UU. tras la aplicación de la ley Mondale. Tras la entrada de vigor de la misma las denuncias por abusos sexuales a menores se incrementaron exponencialmente aunque sólo fuese por el miedo a ser acusado de no haber tomado medidas. A la par de la ley floreció una industria del maltrato con boyantes beneficios económicos. Proceso que nos recuerdan en el siguiente estudio.

¿Por qué las familias abusan de sus hijos?

https://books.google.es/books?id=VNmLbf5LuIcC&pg=PA65&lpg=PA65&dq=ley+mondale&source=bl&ots=J-J07Czsmn&sig=TjN2CJTq8GcEsEelyJXQQnru9no&hl=es&sa=X#v=onepage&q=ley%20mondale&f=false

 

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http://www.elmundo.es/sociedad/2015/11/22/5650c62ee2704efc108b463e.html

Casi un quinto de las sentencias dictadas en octubre por el TS fueron por este delito

Los agresores son familiares o amigos y las víctimas, niñas a partir de 11 años

MANUEL MARRACO – Madrid – 

El Tribunal Supremo ha detectado un incremento notable de recursos relacionados con condenas por abusos sexuales a menores. De las 93 sentencias dictadas en octubre por la Sala de lo Penal, 16 fueron por abusos sexuales contra menores (un 17%). Este mes de noviembre estaba previsto examinar 25 casaciones de este tipo.

La experiencia acumulada en la cúspide del sistema judicial revela patrones claros tanto en el perfil de los agresores como de las víctimas y las circunstancias en las que se perpetran los abusos.

La primera que salta a la vista es que en la mayor parte de las condenas el agresor está en el círculo más cercano de la víctima. Se trata de un familiar (padre, pareja de la madre que se queda en casa mientras ella va a trabajar, , tío, cuñado, abuelo en proceso senil…) o un amigo de la familia que frecuenta el domicilio y aprovecha la confianza que genera en el menor.

Otra circunstancia recurrente es que los abusos se inician en torno a los 11 años y se prolongan largo tiempo. El motivo es el miedo del menor a denunciar. «Si lo cuentas no te van a creer» es una frase habitual en las sentencias que llegan al Supremo para su revisión. En ocasiones se amedrenta al niño («si lo cuentas me iré de casa y la familia sufrirá por tu culpa») y a veces se le pretende recompensar por su silencio (los teléfonos o recargas de saldo son habituales).

Una sentencia del pasado mes de octubre resumía varias de estas características comunes: «La experiencia pone de manifiesto que en numerosas ocasiones los abusos o agresiones sexuales a menores de edad que se mantienen en el tiempo, a veces durante largos periodos, basados en distintas situaciones de prevalimiento y acompañados o no de amenazas o uso de la violencia, generalmente cometidos por personas cercanas, unidas por relaciones familiares o de amistad con las víctimas y con sus mayores, solo son denunciados cuando, ya mayores de edad, han conseguido oponerse y hacerles cesar y además, cuando adquieren la suficiente fortaleza mental para contarlo a otras personas y enfrentarse a lo sucedido con todas sus consecuencias». La sentencia ratificó la condena a 14 años y medio de prisión por abusar de una menor con al que convivía en casa de sus suegros. La situación se prolongó durante ocho años, hasta que la niña fue mayor de edad y se atrevió a contárselo a una amiga.

En las condenas a abusadores procedentes de otros países -básicamente, suramericanos- es frecuente al argumento de que en su cultura el comienzo de la relaciones sexuales es mucho más temprano. El alegato no surte efecto ante el Supremo. En España, la edad válida de consentimiento sexual era de 13 y se acaba de elevar a 16. En los casos de condenados extranjeros la oportunidad para el abuso se incrementa en los casos en que varias familias comparten domicilio.

La experiencia del Supremo destierra la idea de que el abuso está ligado a un nivel cultural, social o económico bajo. El Tribunal confirma con frecuencia condenas a licenciados universitarios con un entorno familiar aparentemente bueno.

Finalmente, las sentencias condenatorias coinciden en los trastornos psicológicos que los abusos generan en los niños. La lista es enorme: episodios de depresión, ansiedad, bajo rendimiento escolar, pérdida de autoestima, irascibilidad, hipersensibilidad, bloqueo emocional, confusión entre la sexualidad y la afectividad, miedo a la figura masculina y alteración del desarrollo de la sexualidad.

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