Teléfono: 620100000 - Email: info@projusticia.es

Si no encuentra la página que busca pruebe en la sección "web anterior".

El Supremo fija en 2 millones de euros la pensión mensual de Berlusconi a su exmujer

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

 

Hay que recordar que esta mujer se divorció porque su marido se iba con jovencitas. Pero obvia que ella fue también una jovencita que “robó” el marido a la primera esposa. Por cierto, su único mérito era estar buenorra. Nada de intelecto u otra característica que la hiciese atractiva.
El Supremo, según recogen los medios italianos, considera que el divorcio “no anula la permanencia del vínculo conyugal” ni el deber de garantizar el ritmo de vida del que gozaba Lario en su matrimonio…
A estos jueces habría que meterles entre rejas.
La idea de que el hombre ha de mantener a la mujer hasta el final de sus días, y al máximo nivel posible, y de que ésta sólo necesita abrirse de piernas para merecerlo, es un criterio que no sólo no desaparece sino que se afianza.
Lo curioso es que al mismo tiempo persiguen la prostitución. Será para evitar la competencia. Una muestra más de la “consistencia” del argumentario de las feminazis.
-o-o-o-o-

El Supremo fija en 2 millones de euros la pensión mensual de Berlusconi a su exmujer

El ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi deberá pagar a su segunda esposa, Veronica Lario, dos millones de euros al mes de pensión tras el divorcio, según dictaminó el Tribunal Supremo.

En la sentencia, dictada el pasado noviembre y cuyo contenido se conoció hoy, la Corte rechazó el recurso de Berlusconi y confirmó el veredicto del Tribunal de Apelación de Milán, que en 2014 había reducido la pensión fijada en primera instancia de 3 a 2 millones de euros mensuales.

El Supremo, según recogen los medios italianos, considera que el divorcio “no anula la permanencia del vínculo conyugal” ni el deber de garantizar el ritmo de vida del que gozaba Lario en su matrimonio con el magnate y exjefe de Gobierno, “uno de los hombres más ricos del mundo”.

Este proceso comenzó en mayo de 2009, cuando Lario pidió el divorcio a Berlusconi a raíz del escándalo por la aparición en la prensa de unas fotos en las que el político conservador aparecía en el cumpleaños de una chica de 18 años.

Berlusconi y Lario mantuvieron una relación sentimental de casi 30 años, de los cuales 19 estuvieron casados, y tuvieron tres hijos: Bárbara, Eleonora y Luigi.

Estos se sumaron a Pier Silvio y Marina, los dos que tuvo Berlusconi con su primera esposa, Carla dall’ Oglio.

Actualmente el magnate, de 80 años, mantiene una relación con una mujer 49 años más joven que él, Francesca Pascale, y ha reducido notablemente sus apariciones públicas.

La prostitución divide al feminismo

Publicado en por javiermoyag

Hace unas semanas, un grupo de prostitutas reivindicaba su derecho a ejercer su trabajo por elección propia. Algunas, incluso, lo defendían como una acción feminista que empodera a la mujer en el ámbito sexual. La polémica saltó pronto a las redes sociales y puso de manifiesto las diferencias de criterio entre defensores y detractores de la prostitución. Esta semana se suben a la lona cuatro mujeres: dos trabajadoras del sexo, defensoras de su libertad de elección a la hora de realizar su profesión, y dos críticas con la cosificación de la mujer que, dicen, esta actividad supone.

combate_50

Todos estamos explotados por el capitalismo

Georgina Orellano *

Es el único debate que genera disidencias hacia el interior del feminismo, generando discusiones y hasta posiciones irreconciliables. ¿Puede ser la prostitución considerada un trabajo como cualquier otro? ¿Qué tipo de legislaciones deberían adoptar los estados? ¿Se puede apelar al modelo abolicionista, a pesar de que es rechazado por organizaciones de trabajadoras sexuales? ¿Es el reglamentarismo el modelo que protegería a las mujeres? Preguntas y dudas que surgen alrededor del debate. Yo apenas me las hice cuando comencé a ejercer el trabajo sexual con tan solo 19 años, pero, actualmente, dirigiendo la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR- CTA), me veo respondiendo a diario en charlas, foros, actividades y hasta debates que se generan en las redes sociales.

La prostitución es un trabajo, pero no un trabajo como cualquier otro. No creo que todos los trabajos sean iguales. De hecho, no se suele ver que se cuestione e interrogue a otros trabajadores como se cuestiona e indaga sobre la vida y toma de decisiones de las trabajadoras del sexo. Sostienen algunas que no se debería reconocer como actividad laboral porque implica vender el cuerpo, hay explotación y ninguna mujer elige libremente ofrecer sus servicios sexuales a cambio de dinero… En esta sociedad desigual, viviendo bajo un sistema capitalista, me pregunto: ¿quién no vende el cuerpo? ¿Quién no tiene que salir a trabajar por necesidad? ¿Quién elige libremente en qué mercado laboral insertarse, decidiendo sus cargas horarias y la renumeración económica que se llevará a fin de mes? ¿Quién no es explotado bajo este sistema capitalista que nos cosificada y mercantiliza a toda la clase obrera? ¿Por qué solo se ve la desigualdad de género en el mercado sexual y nada dicen de todos los trabajos de autocuidado que recaen sobre los cuerpos de las mujeres? Son trabajos muy mal pagos y destinados a las mujeres de sectores populares.

Recuerdo que cantidad de veces me dijeron: “Tu trabajo no es digno”. ¿Qué trabajo es digno? ¿Quién se cree superior para medir la dignidad de las trabajadoras? ¿Qué tienen de más digno la espalda, los brazos o las piernas de la genitalidad de la mujer? Aparte, hablar de dignidad entre pobres es caer en la propia trampa del sistema. Ningún trabajo será digno mientras exista el capitalismo. A veces no logro comprender por qué quienes deberían tener solidaridad hacia nosotras son las primeras en cuestionarnos y desacreditar nuestras voces. Una de las principales banderas del feminismo es que toda mujer es libre de decidir sobre su propio cuerpo… ¿De quiénes serán los cuerpos de las putas, pues que nos niegan rotundamente decidir sobre ellos?

Hay mujeres organizadas que están luchando por acceder a derechos laborales y porque se escuchen nuestras voces: ¿desde qué lugar se nos dice qué tenemos que hacer? Si justamente ser feminista es darle la posibilidad de elegir a las mujeres cosas que no necesariamente elegiríamos para una. Somos las propias trabajadoras sexuales quienes debemos poner sobre la agenda política nuestras demandas, construir un propio modelo de legalización hacia el trabajo sexual que sea pensado desde una perspectiva laboral y no sanitarista, como propone el modelo reglamentarista adoptado por pocos países. Son nuestras voces las que se deben comenzar a escuchar. Quizá ese sea el camino para poder deconstruir todo el estigma y los estereotipos que recaen sobre nuestras vidas y que muchos se den cuenta que las trabajadoras sexuales necesitamos tener derechos laborales y mejorar nuestras condiciones de trabajo. Ojalá ese día llegue pronto.

* Prostituta feminista y secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR-CTA).

Mucho más que costillas del hombre

Francisca García Algarra *

Existe un sector minoritario de feministas que defiende decididamente el hecho de la prostitución como un ejercicio de derechos de las personas que trabajan en ella y, también, como una profesión digna y perdurable. Quizá habría que detenerse a pensar qué es lo que pretenden amparar realmente. Entregar el cuerpo a cambio de dinero o prebendas es enajenar la mente, porque mente y cuerpo son lo mismo. Por tanto, renunciar a la integridad del yo es como negar al propio yo.

Muy lejos de moralismos y prejuicios convencionales, es necesario abordar el tema de la venta y uso de cuerpos de una manera profundamente realista. Qué tiene de defendible someterse a lo peor de la doctrina patriarcal, colocarse bajo la bota de los abusos y la humillación; dejarse manosear e invadir por la repugnancia en parcelas íntimas de piel y alma. No se comprende que a unas mujeres que en teoría son luchadoras de sus derechos y se autodenominan feministas les parezca plausible la explotación sexual de otras como ellas.

Esta cuestión puede hacerse extensible a la pornografía, siempre para hombres, que muestra los tics más oscuros del patriarcado nefando en el que vivimos, causa y cómplice de tantos asesinatos “de género”. De ahí a la trata de mujeres para mercadear sexualmente sólo hay un paso en el ámbito de la ignominia. Convertidas en seres de ninguneo, cuya anulación total las esclaviza y encadena como objetos donde hombres faltos de ética y conciencia las someten a su voluntad. Muñecas de un barro ya sucio que gira alrededor del macho insatisfecho, siempre en su rol patético.

No es verdad que prostituirse sea un acto voluntario que no tenga ninguna consecuencia afectiva para quien lo realiza. La sexualidad no es algo tan banal como nos quieren hacer creer. La prostitución es la soledad de un cuerpo frente al asco. Lo que deambula alrededor de este “negocio”, chulos y drogas, racismo y clasismo, es lo menos recomendable para vivir o sobrevivir. Las enfermedades de transmisión sexual están presentes entre clientes y prostitutas; por cierto, desde la pornografía en la que no se usa preservativo, o sea, prácticamente toda, se está fomentando indiscriminadamente la proliferación de dichas enfermedades.

Entonces, ¿a quiénes sirve verdaderamente el comercio de cuerpos como si fueran carne en un mercado, sino a los esclavizadores tiranos que se lucran con ello? El mito de la “irrefrenabilidad” de la sexualidad masculina no es más que un cuento para justificar patriarcalmente el abuso y sometimiento de las mujeres en general, no sólo la existencia de prostitutas. Todo lo dicho anteriormente se preserva como consecuencia de vivir en sociedades machistas construidas por y para los hombres, donde las mujeres no son más que costillas que acompañan y se colocan donde mejor convenga.

* Feminista, escritora y columnista de ‘Diario 16’.

El sexo de pago no es solo cosa de hombres

Ariadna Cases *

A través de redes sociales y hablando públicamente de mi profesión, he visto un creciente interés de las mujeres hacia esta. Crece la cantidad de e-mails de mujeres, preguntas, curiosidades y mucha desinformación; no creen que una prostituta se sienta en paz con su trabajo y pueda sentirse libre. Esta transparencia ha hecho que más mujeres acudan a mí, reafirmando que el sexo de pago no es exclusividad masculina.

Como feminista, tuve muy claro que mis servicios no serían destinados a un solo género. Los hombres van con quien quieren, ¡las mujeres también!

Si no nos dejan hablar como trabajadoras libres, nuestros testimonios desaparecen y generamos una espiral de represión hacia la mujer, se piensa que somos esclavas y fomentamos la creencia de que el sexo de pago es exclusividad masculina. Esto provoca la desigualdad y algunas mujeres se suman a ese abolicionismo ciego causado por una información sesgada que nos cosifica.

Vender o comprar sexo no es delito, tanto sea capricho o necesidad; lo importante son el respeto y acuerdo mutuos, como en cualquier trabajo. La sexualidad no tiene género. Las prostitutas ofertamos sexo, no satisfacemos una demanda de desigualdad, machismo, agresiones, violaciones o misoginia. Hay que escuchar a las prostitutas hablar de nuestra realidad, pues nosotras la vivimos a diario.

Es falso y sensacionalista decir que elegimos la prostitución como única salida. Muchas hemos escogido la prostitución porque, ante la demanda de trabajos o posibilidades ofrecidas, no creemos justas las opciones y no nos resignamos, buscamos más allá y escogemos la prostitución. Es de los pocos trabajos en que la mujer no cobra menos que un hombre y es un trabajo que abraza la diversidad, sin hacer distinciones por género o procedencia. Las mujeres escogemos nuestra tarifa y nuestros horarios y, por supuesto, nadie nos dice a quién debemos atender. Pero, sobre todo, porque el sexo no nos avergüenza. Pasar más tiempo desnudas que vestidas no nos hace inferiores ni vulnerables. En mi caso, hace que ame mi cuerpo y cada día se reinvente mi sexualidad. Da igual que tenga más clientes transexuales, mujeres u hombres. Incluso desnuda puedo decir NO. Que alguien pague por mis servicios no me hace de nadie. Si la persona no acepta ni respeta un NO, es un violador, no es alguien con derechos.

Las mujeres que ofrecemos sexo somos fuertes, feministas. Muchas nos hemos rebelado a aceptar trabajos precarios mal valorados y pagados. No permitimos ni aceptamos que nuestros compañeros masculinos ganen más que nosotras por hacer el mismo trabajo. No necesitamos malos consejos paternalistas o que nos digan que la prostitución nos llevará a una situación de inferioridad moral y de derechos respecto a los hombres. La sociedad ya funciona así. Regular la prostitución desde una mentalidad libre nos ofrece la posibilidad de corregir la desigualdad.

El sexo no crea desigualdad: el sexo de pago no es solo cosa de hombres. Cuando las prostitutas se empoderan, la mujer se empodera sexualmente.

* Escort particular y feminista, escribe sobre su profesión y la mujer en su blog.

El feminismo no es trata de libertad

Marina Pibernat Vila *

En publicidad, la libertad ha sido empleada como reclamo para vender coches, perfumes o loterías. El negocio del sexo, consciente de que la libertad vende bien en la era del consumo, inició hace décadas una campaña ideológica con el objetivo de relacionar la idea de libertad con la compraventa de sexo. No contento con perpetrar la trata de mujeres –rapto, traslado, amenaza, agresión y violación para ser sexualmente explotadas–, el proxeneta, hoy “empresario del sexo”, hizo lo mismo con la libertad: exhibirla enclaustrada en el escaparate de un burdel preparada para generar ingresos.

Evidentemente, a uno de los negocios más lucrativos del mundo no le faltan aspirantes a representante de esta libertad de escaparate, que a menudo aparecen en los medios de comunicación esgrimiendo la figura de la prostituta por voluntad propia. Se pretende así desligar la trata de la prostitución, algo que puede parecer razonable hasta que hacemos números: la oferta procedente de prostitutas libres no cubriría la inmensa y cambiante demanda masculina, por lo que la trata de mujeres es indisoluble del entramado prostibulario para mantener el volumen de negocio. Esta falaz e insistente distinción entre trata y prostitución bien podría responder a la necesidad de un lavado de cara del crimen internacional organizado dedicado a la explotación sexual de millones de mujeres y menores en situación de pobreza y vulnerabilidad social en todo el mundo.

Presentando la compraventa de sexo como un supuesto intercambio libre entre individuos libres, eludiendo cualquier condicionamiento socio-económico, este discurso pro-prostitución convence a potenciales clientes de que es bueno disponer sexualmente de una persona mediante el pago. Así, legitima y expande la demanda masculina que origina el negocio. Insiste también en las bondades de ser parte de la oferta y vender la propia sexualidad. Para todo ello, instrumentaliza superficial y cínicamente cierto léxico tomado del feminismo, mezclado con visiones profundamente individualistas y anticientíficas de la intrincada realidad socio-cultural.

Contrariamente a lo que se suele argumentar, ahí donde el discurso pro-prostitución se ha traducido en políticas de regulación –caso de Holanda, Alemania, Victoria (Australia) o Nevada (EEUU)–, no se ha observado mejora alguna en la situación de las mujeres prostituidas, aunque sí el incremento de la actividad de la trata, que en estos casos puede ampararse mejor en la legalidad.

Para el feminismo como movimiento social, acabar con la explotación sexual de seres humanos, mujeres en su inmensa mayoría, ha sido una prioridad histórica. Como teoría crítica de las relaciones sociales, el feminismo no concibe la prostitución basándose en la libertad individual –cosa que correspondería al liberalismo económico–, sino como fenómeno social estrechamente relacionado con las viejas estructuras socio-culturales patriarcales y de clase. Asumir que debe existir un sector dedicado a ofrecer el acceso a mujeres para satisfacer la demanda sexual masculina significa aceptar implícitamente que las mujeres existen para uso masculino. Algo así tiene repercusiones a muchos niveles, y contribuye a aumentar el machismo y la desigualdad social.

* Feminista y comunista.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Teléfono.: 620100000 - Email: info@projusticia.es

Deja un comentario