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La banalidad del mal o el bien superior del menor

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Artículo de obligada lectura
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La banalidad del mal o el bien superior del menor

 

martes, 18 de agosto de 2015

Hannah Arendt (1)  fue una politóloga alemana de ascendencia judia que tuvo que huir de su país cuando los nazis tomaron el poder. Exiliada en los Estados Unidos trabajó para diversas revistas y organizaciones sionistas, si bien ella nunca se definió como tal. En 1961 estuvo presente en el juicio de Adolf Eichmann que se celebró en Israel como reportera para The New Yorker.
Adolf Eichmann (2)  fue uno de los grandes impulsores de la llamada Solución Final que pretendía exterminar a los judíos de Europa siguiendo las consignas antisemitas de la Alemania nazi. Según Arendt, Eichmann no era un monstruo sediento de sangre como lo describían los periódicos durante el juicio, ni siquiera un perturbado mental. Arend pensaba que Eichmann actuó del modo que lo hizo por el simple de deseo de ascender en su carrera profesional. De hecho Eichmann hablaba hebreo y yiddish – dialecto del alemán utilizado por las comunidades judias centroeuropeas – e incluso había algo de sangre judía en sus venas. Esto es, Eichmann era un simple funcionario que ejecutaba las órdenes que recibía con el máximo celo sin reflexionar en las consecuencias de las mismas y por tanto no había en él un sentimiento de obrar bien o mal.
Tomando como ejemplo a Eichmann, Arendt acuñó la frase “banalidad del mal” para describir a personas que actúan de una determinada manera, a menudo fuera de toda lógica, sentimiento o humanidad,  siempre y cuando puedan justificar que su proceder deriva de una orden o consigna que consideran superior e indiscutible.
El ser que actúa de dicha manera se siente parte de un engranaje y frecuentemente siente una profunda satisfacción cuando contribuye a su buen funcionamiento. Según esta controvertida teoría, Eichmann tomó como suya la consigna del Tercer Reich de eliminar a los judíos, pero de la misma forma si la consigna hubiera sido ayudar a la creación de un estado sionista en Palestina habría puesto toda su eficacia al servicio de la misma. Por ejemplo está documentado que Eichmann viajó a Palestina en 1937 para estudiar la viabilidad de crear una nación judía y ante la imposibilidad sopesó crearlo en la isla de Madagascar. Durante el juicio celebrado en 1961 alegó en su defensa que él había sido en realidad, a través de su responsabilidad en la emigración forzosa de los judíos hacia el este, el primer impulsor del estado de Israel.

Durante los dos últimos años en que he investigado a fondo el sistema de protección en Cataluña me he encontrado con la banalidad del mal a menudo. En este caso, la consigna era “el bien superior del menor”, una frase que según los servicios sociales y judiciales autoriza a dictar órdenes administrativas y ejecutar sentencias que poco o nada tienen que ver en muchos casos con la humanidad o la lógica. Al principio me escandalizaba. Luego pensé que estaba tratando con personas, que a pesar de ser psicólogos, educadores sociales o licenciados en derecho, tenían un cierto trastorno mental. Al final me di cuenta que la mayor parte de ellos sufren esta banalidad del mal. No sienten ningún tipo de remordimiento ni piensan que han actuado de forma incorrecta cuando lo hacen dentro del sistema. Y lo que es peor, han cosificado a los niños que para ellos son “objetos” que pueden transformar, intercambiar o modificar de acuerdo a su propia subjetividad. Esta es una de las razones, y no otra, por la que servicios como el SATAF se niega sistemáticamente a hablar con los menores y preguntarles qué desean o cuáles son sus sentimientos. Si lo hicieran no sería tan fácil dictar los informes que realizan porque ya no serían “cosas” sino “personas”. De la misma manera estoy convencida que si Eichmann hubiera viajado en los trenes de la muerte con destino a los campos de concentración y hubiera visto cara a cara a sus víctimas, que sólo eran estadísticas para él, el devenir de muchos judíos habría sido muy diferente.

He aquí algunos ejemplos que me he ido encontrando a lo largo de los años de investigación :

1. Venta de periciales :

Llegaron a mi una serie de grabaciones donde un grupo de psicólogos adscritos a los juzgados de Barcelona claramente manipulaban el resultado de los informes periciales que solicitaba el juez de instrucción de acuerdo con una de las partes en litigio. Esto es, que el resultado de la pericial se acordaba con el abogado de una de las partes para forzar al juez a la prevaricación. Me entrevisté con uno de dichos psicólogos que negó la mayor. Le hice escuchar la grabación donde efectúa la prevaricación. Al principio dudó que aquella fuera su voz (?!). Luego me intentó hacer creer que aquello no era una prevariación ni un cohecho. Ante mi insistencia – se estaban jugando el futuro de una criatura – perdió los nervios y me largó “que se joda el niño”. Más calmado me indicó que habían actuado de acuerdo con la ley y según el sobado “bien superior del menor”. A saber lo que quería decir con ello.

2. Adopciones ilegales :

Me entrevisté con una anciana de Sant Cugat que en 1998 intentó con su marido, ya fallecido, adoptar a un niña. Según esta niña, por aquel entonces de 8 años de edad y hoy en día de 25, la madre adoptiva la coaccionaba para que la aceptara como madre asegurándole que su madre biológica la había abandonado (algo completamente falso). Le expuse esta acusación y la mujer se defendió indicando que la niña era demasiado pequeña para acordarse. Que mentía. Tal vez lo hacía incluso por dinero, algo que negué de forma categórica. Cuando le pregunté cómo era posible que en 1998, cuando ya tenía más de 50 años, hubiera sido elegida por una ICIF como idónea para ser madre adoptiva dijo que ella reunía todas las condiciones necesarias (supongo que se olvidó de mencionar la edad). Le pregunté si había influido que ella estuviera ligada a un partido que gobernaba en Cataluña en ese momento y su marido apareciera en la televisión pública catalana de vez en cuando y por tanto hubieran recibido un trato de favor. Alterada me aseguró, alzando el dedo, que si le habían dado a la niña era porque “ellos eran mejores” que la familia biológica de procedencia.

La niña se resistió a la adopción, regresó al CRAE de donde había salido y dos indignadas educadoras de la DGAIA le dijeron que estaría encerrada hasta cumplir los 18 años. Ciertamente así ocurrió. Es de suponer que lo hicieron por el bien superior de la nena.

3. Pederastas :

He estado estudiando los casos de pederastia y pedofilia ligados al sistema de protección del menor. Hace más de dos años me entrevisté con una educadora social ya jubilada. Durante mucho tiempo esta señora trató con pedófilos y pederastas. Según ella, estos individuos se sienten atraidos por los menores que aún no han alcanzado la pubertad. Cuando hablaba con los presuntos pedófilos, salvo casos extremos, éstos no se sentían culpables, sino “protectores” de los menores. En breve escribiré un artículo sobre la pederastia y pedofilia, si bien antes compraré un billete a la Antártida porque a muchos va escocer lo que explicaré.

4. Puntos de Encuentro :

El Punto de Encuentro (Punt de Trobada) es aquel lugar que señala Justicia para el intercambio de los menores cuando existe un aparente conflicto entre los progenitores o bien el lugar donde se realizan visitas vigiladas donde uno de los progenitores puede compartir un corto espacio de tiempo semanal con el menor puesto que se considera que no es apto para tener una convivencia normal con el mismo. Es cierto que hay un cierto porcentaje de casos en que la medida está justificada porque existen precedentes de violencia o abusos, pero en otros muchos se trata de montar una farsa para la satisfacción de una de las partes que ha salido beneficiada con la guardia y custodia del menor. Y no lo digo yo, me lo confesó una psicóloga de un punto de encuentro del Vallès. Según ella el porcentaje de conflictos reales entre el menor y el adulto que debe verlo en el Punto de Encuentro es muy pequeño y en general existe una buena relación. No ocurre desde luego lo mismo con la ex-mujer (puesto que los hombres son por regla general los que salen perjudicados en las disputas por la custodia del menor o menores) con la que se suele mantener una mala relación, algo que en principio no debería justificar la separacíón del niño del padre ya que los Puntos de Encuentro sólo deben determinar la relación padre-hijo, no la de la ex-pareja. Según esta técnica, a menudo los informes que se emiten cada tres meses tratan de favorecer a la madre y resaltar cualquier aspecto negativo – o que se manipule para resultar negativo – del padre por varias razones. La primera de ellas es que el 90% de los técnicos de los Puntos de Encuentra en Cataluña son psicólogas que por una mal entendida defensa del género propio piensa que los menores deben estar con las madres, de manera que no van tratar de que el padre no custodio recupere ningún tipo de convivencia con el menor. Más bien al contrario. Pero si quien debe acudir a las visitas vigiladas es la madre – ya se sabe que los jueces son tan imprevisibles como los tornados en Oklahoma – harán todo lo posible para que en el menor plazo de tiempo de posible dicha madre recupere a sus hijos en una convivencia normal. ¿Y a cuánto equivale el “menor plazo de tiempo posible”? Seis meses. Y el máximo un año con prórroga de otros seis, Y no más porque nadie les va a abonar un plazo extra.

La otra razón de manipular los informes es conseguir que las visitas “no conflictivas” se prolonguen lo máximo en el tiempo. Es decir, a pesar de que sea claro el cariño que se profesan padre y menor, si no presentan conflictos de cara al Punto de Encuentro es mejor mantenerlos ocupando una franja de tiempo que dar por zanjado el problema y que venga a ocupar dicha franja alguien que tal vez pudiera ser conflictivo. Es decir, que las familias no conflictivas tienen el doble de posibilidades de tener una estancia prolongada en los Puntos de Encuentro que las conflictivas. Las primeras seguramente agotarán todo el plazo de tiempo, prórroga incluida. ¿Cuál es la razón? Los Puntos de Encuentro son gestionados por fundaciones, asociaciones y cooperativas sin ánimo de lucro que cobran una determinada cantidad por cada familia que tratan. Resulta más fácil gestionar un servicio con familias no problemáticas que otro donde haya ir con armadura.

A mi pregunta de si existe una consigna por escrito que los técnicos de los Puntos de Encuentro deban cumplimentar me contestó que no, ya que es la psicóloga referente es quien “guía” qué hechos hay que consignar y cuáles no en los informes que se entregan al juzgado. Cada caso cuenta con un co-referente, otra psicóloga o grupo de ellas, que aportan los datos complementarios – en realidad la totalidad de los mismos – ya que la psicóloga referente rara vez se encuentra con las familias durante las visitas de fin de semana. Es muy fácil que una psicóloga con experiencia manipule al resto de técnicos del Punto de Encuentro ya que por regla general éstos sólo acuden al mismo a realizar horas extras mientras que su jornada laboral transcurre en otros ámbitos de la salud – o ni siquiera eso – y carecen por tanto de la más mínima preparación  y suficiente dedicación para siquiera entender la labor que realizan.

Otra pregunta que hice a la ex-técnica de un Punto de Encuentro era si en algún informe entregado a un juzgado se había omitido un dato ex profeso que pudiera favorecer la reunión definitiva del padre con sus hijos. Me confesó que sí que había visto informes manipulados o tendenciosos donde se pretendía dar un determinado sesgo a la familia en conflicto, pero que seguramente era por el “bien superior del menor”.

A la pregunta de si ante un informe tendencioso había objetado algo como co-referente me dijo que no puesto que confiaba en la experiencia de la referente. “¿Pero si ahora me estás explicando esto es porque viste algo anómalo en la actuación de la misma?, ¿se lo hiciste ver?”. Por toda respuesta se puso nerviosa y empezó a recelar del cariz de la entrevista, entrando en una fase defensiva de la cual no la pude volver a sacar.

A pesar de que su propia confesión la delataba, la psicóloga con la que hablé finalizó la entrevista especificándome que todos los menores que habían pasado por sus manos en el Punto de Encuentro habían salido felices de la experiencia y ella estaba orgullosa de ser parte de “esa felicidad”.

Según algunos psicólogos con experiencia en el tema con los que he hablado los “menores felices” guardan traumas importantes debida a  la prolongada ausencia del progenitor al que sólo podían ver en el Punto de Encuentro. Además están resentidos con el progenitor custodio que ha impedido que puedan ver a su padre y además el conflicto entre los progenitores se ahonda aún más por el uso de la guerra sucia por parte de la madre para separar al padre de sus hijos. Si España va como va, desde luego es gracias a sitios como los Puntos de Encuentro. Y no lo digo esto mas que comparando el larguísimo proceso que se lleva a cabo en nuestro país con el que ocurre en Inglaterra, donde entre el divorcio, aunque sea  contencioso y conflictivo, y la resolución final transcurre un máximo de 6 meses. Porque allí, sin ser rimbombantes, sí que piensan en los niños. Y además no utilizan la banalidad del mal para justificarse.

5. Servicio sociales

Tengo varias entrevistas con antiguos técnicos de los servicios sociales. Les planteo casos hipotéticos para que los resuelvan. Sus contestaciones son tranquilas, pausadas, coherentes y llenas de lógica, humanidad y una más que razonable empatía hacia los menores pero también hacia los progenitores. No reconocen los casos que les he planteado, pero de hecho son los mismos que una vez trataron cuando estaban dentro del Sistema. He modificado los nombres y las fechas, pero en esencia son los mismos. Les desvelo este hecho y les pregunto el por qué, cuando trataron el caso desde dentro del Sistema, su resolución fue tan lesiva para las partes y especialmente para el menor. Se ofuscan, se ponen nerviosos. No saben que decir, Murmuran que era esa la manera “en que se resolvían los expedientes en tal o cual servicio”. Les pregunto si están convencidos que actuaron de forma correcta. Todos están convencidos de que sí, que hicieron lo mejor para el bien del menor porque siguieron la consigna. Porque sin saberlo eran Eichmann.
 

6. El dinero es mío

Mantengo una conversación telefónica con una antigua directora de un CRAE. Hablamos de muchos temas y de repente me suelta que tuvo un problema con la Generalitat. Parece ser que durante dos semestres entre 1990 y 1991 Benestar Social decidió que la Protección familiar (una paga que se entrega desde Madrid por cada niño tutelado y que actualmente asciende a 24,25 euros) fuera ingresada en las cuentas personales de los directores de los centros. Al cabo de un tiempo Benestar Social reclamó a los directores el dinero ingresado. Era lógico puesto que dicho dinero, al menos hasta el 2010, se entregaba a los menores una vez alcanzaban la mayoría de edad.
Pues bien, esta señora estaba cabreadísima por el hecho de que le hubieran reclamado el dinero. Decía que se lo había gastado (sic)  y ya no disponía del mismo. Me dejó atónita. Le hice ver que ese dinero no era suyo. Estuvo de acuerdo, pero “al resto de directores de otros CRAE no les obligaron a devolver el dinero”.  Le expliqué que investigaba el sistema de protección de menor y me conminó a hacerlo “porque había muchas cosas raras y ella padecía por el modo en que se trataba a los niños”. Niños a los que había birlado dos semestres de PF. Si esto no es la banalidad del mal que baje Dios y lo vea.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Banalidad_del_mal

 

(2) Documental sobre Adolf Eichman

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