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«La Junta de Andalucía me quitó a mi hijo por denuncias falsas de maltrato»

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Son miles los niños que cada año son robados de forma legal por los Servicios Sociales de las distintas Comunidades Autónomas.

El procedimiento se realiza sin respetar ninguna ley y con un evidente objetivo: el económico. No en vano cada niño tutelado supone unos tres mil euros para la organización a cuya tutela queda el niño. No olvidemos que el Estado fracasa estrepitosamente a la hora “criar” a los niños a los que acoge en sus centros.

El caso presente es noticia simplemente porque la perjudicada es una madre que ha sufrido maltrato por parte del padre del niño según sentencia judicial. De los miles de casos restantes poco o nada sabemos por los medios de comunicación.

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http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-junta-andalucia-quito-hijo-denuncias-falsas-maltrato-201602232302_noticia.html

«La Junta de Andalucía me quitó a mi hijo por denuncias falsas de maltrato»

Seis años después de que separasen a Ana de su hijo, ahora, se va a enjuiciar si la acusación de desamparo es cierta

Ana, junto a su madre Rafaela, ambas vecinas de Sevilla, durante la rueda de prensa de ayer
Ana, junto a su madre Rafaela, ambas vecinas de Sevilla, durante la rueda de prensa de ayer – ROCÍO RUZ
CRISTINA AGUILAR JAENES – Sevilla – 23/02/2016

Al otro de la puerta, Ana espera con inquietud. De la mano lleva a sus dos hijas menores, de tres años y 14 meses. Es el momento. Pasan a una habitación sucia, con las ventanas cerradas a cal y canto. Pero nada de eso importa, porque Telmo (nombre ficticio) ya ha llegado, y durante una horadisfrutará de sus tres hijos juntos. Esos 60 minutos vuelan. Juegan a las cartas, con una pelota, con coches con los que imaginan calles ficticias por las que circulan. Hablan de cómo le va en el colegio y Ana le alienta para que se esfuerce y saque buenas notas. Su hijo, que está a punto de cumplir nueve años, le pregunta por sus tíos y su abuela. Sin embargo, Ana no puede contarle absolutamente nada de los suyos, de cómo éstos, y ella, se acuerdan de Telmo a cada instante, del cariño inmenso que le profesan. Si lo intenta, la técnico de Asuntos Sociales que los vigila inmediatamente la amenaza: «Si sigues por ese camino, se acaba la visita, y además podría cancelar las siguientes». Ana y sus hijas deben irse ya, la hora ha pasado. La próxima vez que volverá a verlo será el próximo 31 de marzo durante otros escasos 60 minutos.

Con una admirable entereza, sólo quebrantada cuando se refería a Telmo como «su príncipe», Ana, junto a su madre, Rafaela, y el abogado Gabriel Velamazán, expusieron ayer un caso que, a juicio del letrado, bien podría asemejarse al comienzo de la obra de Kafka «El proceso»: «Alguien debía haber calumniado a Ana porque, sin haber hecho nada malo, una mañana le quitaron a su hijo».

Ese día que Ana recuerda como una pesadilla, que regresa a su memoria una y otra vez, sucedió el 27 de mayo de 2010. Cuando la Policía, tras haber recibido denuncias anónimas que la señalaban como maltratadora de su propio hijo, se presentó en su casa y sin mediar palabra se llevaron a Telmo. «No hubo una investigación previa. Asuntos Sociales jamás fue a mi casa para comprobar si los hechos de los que se la acusaban eran ciertos», apunta Rafaela. En marzo de 2011, la Junta de Andalucía ratifica el desamparo del menor. No obstante, para entender mejor esta historia habría que remontarse años atrás.

Una mujer «remaltratada». Ana considera que es una mujer maltratada por partida doble, por su expareja y ahora por la Administración que, «sin pruebas», le retiró a su hijo

Ana, que ahora tiene 25 años, apenas tenía 16 cuando dio a luz a Telmo. Durante años vivió un auténtico infierno bajo las amenazas y palizas que le propinaba su expareja. En 2009, Ana huyó de su agresor e ingresó en un centro de acogida para mujeres maltratadas. Estando allí, supo que familiares de su expareja habían dado con su paradero, por lo que volvió a escapar, esta vez, al domicilio paterno. Los días pasaban con la cruel incertidumbre de si ella podría pasar a engrosar la lista de víctimas mortales por violencia machista. Mientras pasaban los meses, su expareja seguía apareciendo en su vida para amenazarla de muerte, hasta que el 27 de mayo, con total incredulidad, la Policía la separó de su hijo por maltrato continuado hacia éste. Ese día, comenzó una nueva lucha en su vida con un objetivo claro:recuperar a su hijo.

Los abogados se pusieron en marcha, tanto para la causa por violencia doméstica hacia Ana como para la acusación de malos tratos hacia su hijo.

En junio de 2012, tras dos años separada de Telmo, el juzgado de instrucción número 8 de Sevilla sobreseyó el procedimiento penal contra Ana por el supuesto maltrato a su hijo. Y en el mes de julio del mismo año, la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla confirmó la sentencia condenatoria contra la expareja de Ana y padre de Telmo a 33 meses de prisión por dos delitos de maltrato, uno de amenazas, uno de quebrantamiento de la orden de alejamiento y otro de lesiones.

«Con esto sobre la mesa, los servicios protectores de la Junta, contrario a lo que debían haber hecho que es devolver a Ana su hijo, deciden, el 1 de marzo de 2013, limitar las visitas de Telmo con su madre, que de una hora cada quince días pasaban a una hora al mes. Su abuela sólo podría verlo una hora cada dos meses y, además, solicita que el menor pase del acogimiento simple que se encontraba al permanente. Y, por absolutamente anómalo que resulte -continuó el abogado-, en medio de todo este laberinto resulta que hay sentencia firme sobre el acogimiento permanente antes de que haya sentencia en primera instancia sobre el supuesto desamparo de Telmo», un juicio que está fijado para el próximo 8 de marzo.

Una hora cada dos meses. Ese es el tiempo que Rafaela pueda ver a su nieto. Ayer pidió que la Junta reconozca su error y preste la ayuda que necesitan las madres e hijos víctimas de malos tratos

Mientras tanto, Rafaela reclamó la tutela de su nieto (al igual que otros miembros de la familia materna) ante la supuesta incapacidad de Ana. En este caso, la Junta emitió un informe asegurando que «el único factor de no idoneidad que encontramos en Rafaela es que, a través de ella, la madre podría acceder a su hijo obviando la medida de desamparo».

Ana, que niega categóricamente las acusaciones de maltrato hacia su hijo, desea que su caso no se convierta en otro como el de Carmen Fernández, cuyos hijos Iván y Sara nunca pudieron disfrutar de su madre biológica. Por lo que pide que la Administración reconozca el error cometido y comience el retorno de su hijo, para que a finales de este curso escolar, Telmo pueda jugar con sus hermanas no en un desangelado cuarto, sino en un parque, al aire libre y junto a los suyos, de los que nunca, dice, se debió separar.

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