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La libertad en Nueva York de María José Carrascosa

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Nuevo publirreportaje de la delincuente María José Carrascosa en El Mundo.

María José Carrascosa, la gran mentirosa y calumniadora. Como sus padres y hermana. Sorprende que este periódico siga dándole cancha.

Las mentiras de los Carrascosa no tienen fin.

http://projusticia.es/victoria-innes-carrascosa

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/21/valencia/1266754528.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/16/valencia/1266348665.html

Incluso su propia hermana tiró la toalla harta de su desagradecida hermana.

Hace dos años que María José fue puesta en libertad y autorizada a volver a España. Pero María José no quiso pues en sus prioridades no está el volver con su hija. Huérfana de padres vivos por la mala fe de su madre y familia materna.

El año pasado la pusieron en libertad y la autorizaron a volver a España. Sigue en EE.UU. alimentando las mentiras y calumnias que ella misma se cree.

Desgraciadamente es uno más de los miles de casos que cada año se dan en España. Miles de hijos huérfanos de padres vivos por aberrantes decisiones judiciales que amparan a madres malvadas.

-o-o-o-o-

 

http://www.elmundo.es/cronica/2016/03/27/56f65022268e3ea0348b458b.html

La libertad en Nueva York de María José Carrascosa

Entrevista a María José Carrascosa, en prisión durante nueve años en EEUU por la custodia de su hija

Primera entrevista tras pasar 9 años en prisión por traerse a su hija a España

Durante la cárcel ha perdido familia. Su madre padece alzhéimer “y se queda ciega”

Sus progenitores ya tienen 80 años… Dejó a su hija con 6 y casi cumple 16

CAROLINA MARTÍN

Entre rascacielos y tiendas de lujo en la Quinta Avenida, María José Carrascosa camina por Manhattan disfrutando de los pequeños placeres que tiene la libertad: un capuchino, su café favorito; la vista de Central Park, que le trae recuerdos de cuando iba de fiesta con su hermana en la zona noble de la ciudad; o el sol que sale intermitentemente para dar la bienvenida a la primavera. A punto de cumplir su primer año fuera de la prisión de Bergen County (Nueva Jersey), la española sonríe a la vida y relata en una entrevista a Crónica su historia, las lecciones aprendidas y sus sueños. Avanza cómo van los preparativos de su libro A broken American dream (Un sueño americano roto), pues ha decidido escribir su propia historia, la de la madre valenciana condenada a 14 años de cárcel en EEUU por llevarse a su hija a España. Aún sigue pagando por ello.

“Durante los nueve años que estuve en prisión tenía que pedir permiso para ir al baño, andaba al paso por la derecha de un pasillo y con las manos abiertas para que se viera que no escondía nada, dormía con un ojo medio abierto porque no sabes que te puede pasar durmiendo con criminales… Ha sido muy duro, pero también ha sido una lección de humildad impresionante”, reflexiona la abogada Carrascosa 11 meses después de haber salido de la cárcel tras ser condenada a 56 años de prisión en Nueva Jersey -que se quedaron en 14- por “interferir en la custodia” de su hija Victoria Solenne.

La letrada española, de 50 años, no es técnicamente libre porque está en libertad vigilada, explica durante la entrevista en la planta 23 del edificio en Madison Avenue donde están las oficinas de su abogado, John Drohan. Carrascosa sigue peleando judicialmente para ser exonerada por un tribunal federal de apelaciones en EEUU yreunirse con su hija y sus padres. Está convencida de que no ha hecho nada malo sino lo que debía hacer como madre para proteger a su nena.

Desde el pasado 24 de abril puede vivir ya fuera de prisión, aunque sea con libertad vigilada. “Tengo hora, como Cenicienta, pero a las 11 de la noche para la supervisión” de la condicional, explica de manera sosegada al responder qué echa de menos en su actual condición.

¿Qué cosas no ha podido hacer en esta libertad vigilada?
Me muero de ganas por ir a una obra de Broadway, pero no puedo por la hora. Tampoco puedo viajar, pasar una noche fuera o conducir, que me encanta.
Pues habrá que ir a un matinal para tachar el musical de la lista.
(Risas) Es una posibilidad.
¿Qué echaba de menos mientras estaba en la cárcel?
Ir a comprar, tomar un café mientras leía un periódico o una revista en una cafetería. Ahora lo aprecio mucho más que antes, cuando lo daba por supuesto. Ya no doy nada por seguro.
¿Cuándo cree que podrá viajar a España?
Pensábamos que tendríamos la decisión en diciembre, pero se ha alargado. A principios de enero cambió el juez y el nuevo fue nombrado a finales de ese mes. No sé si será bueno o malo.
¿Qué va a hacer cuándo sea completamente libre?
Llegar a mi nena, a mis padres, y pegarme con superglue.

Esa es la expresión que utiliza Carrascosa en el primer capítulo de Un sueño americano roto para describir cómo madre e hija se despedían cuando era pequeña. La abogada empezó a escribir el libro al salir del penal para contar su historia sin intermediarios y para que los lectores “hagan conmigo el viaje que he hecho, mi calvario, y que sean los jueces, jurados y testigos que no tuve”. Del texto de la escritora Reyes Monforte sobre su caso, titulado Amor Cruel, prefiere no hablar. “Lo cuento todo en mi libro”, dice para cerrar ese agrio capítulo.

Asegura que darle forma a su manuscrito no ha sido una tarea fácil porque le ha tocadorevivir muchos episodios dolorosos de la última década al repasar las transcripciones, hablar con gente y poner la parte de sus “agresores”. Con estas páginas también espera poder ayudar a otras mujeres para que no padezcan el mismo sufrimiento.

La narración de A broken American dream arranca en julio de 2005, la mañana que le iban a extirpar un tumor en la clínica Quirón de Valencia. Esa es la razón, explica en el libro, por la que salió de EEUU con su hija y sin la oposición de su ex pareja, el estadounidense Peter Innes, a principios de ese año; no disponía de seguro médico y necesitaba tratamiento. Un año antes la pareja había separado sus caminos.

La abogada acusa a Innes de haberle provocado “mutilaciones y daños crónicos severos contra mi salud y mi cuerpo” por supuesto envenenamiento y maltratos. En una página web dedicada a su hija, Innes defiende su inocencia y trata de desmontar “las falsas” y “locas” acusaciones de su ex mujer. En junio de 2015 señaló por carta a la juez que llevaba el caso que no se oponía a la liberación de Carrascosa “si es lo que mi hija quiere”. Durante el juicio inicial, pidió una condena “ejemplar” contra ella. Sin contacto alguno con su “ex”, la valenciana dice no haber visto la web, pero sabe de ella a través Victoria Solenne, que “reprueba severamente la página”.

Durante el paseo por el corazón de Nueva York, Carrascosa busca y rebusca su móvil en el abrigo, en el bolso… “No estoy acostumbrada a llevar nada en las manos”, explica recordando las obligaciones carcelarias y su tendencia a dejarlo olvidado en cualquier sitio. Y para María (o Mary Jo, como le llaman algunos), su teléfono es untesoro. Gracias a las nuevas tecnologías y el GPS, las autoridades saben que está en casa cumpliendo con el toque de queda. También se ha convertido en una especie de superglue digital con Victoria, su hija.

¿Cómo se comunica con ella?
Hablamos todas las noches con eso (señala el iPhone de la mesa) y por el Mac con Skype.
¿Qué tal es la relación?
Mi hija está muy desesperada. Se hizo muchas ilusiones el año pasado y no entiende por qué está tardando tanto. Cuando le pregunto si quiere que tire la toalla si esto sigue así, me dice: “Hemos pasado 10 años, toda mi niñez y adolescencia, sin ti. No se te ocurra abandonar, mami, porque no te miro a la cara”.
En plena adolescencia, ¿cómo lleva ser madre en la distancia?
Es el trabajo más bonito y más difícil. Si encima pones una pantalla y el Atlántico de por medio es muy complicado. Se porta muy bien, pero a veces cuando hace algo y quieres disciplinarla te dice “pero si no has estado aquí 10 años, no sabes nada”. ¿Qué respondes a eso?

El gesto de Carrascosa se relaja al hablar de su familia. Su hija está a punto de cumplir 16 años; la última vez que la vio tenía seis. La valenciana está pendiente de cómo van sus estudios en el instituto y anda preocupada por sus ganas de ser artista. No sabe de dónde ha sacado esa voz, pero canta muy bien (y en inglés demostrando su control del idioma) dice orgullosa. Victoria le ha dicho que quiere presentarse a los programas de talentos de Factor-X y La Voz, pero su madre insiste en que hasta que ella no vaya a España nada de nada. Su prioridad antes, durante y después de la cárcel, asegura, sigue siendo su hija.

El próximo 21 de junio se cumplirá una década sin que la abogada haya visto en persona a su nena y a sus padres, después de que decidiera volar a Nueva Jersey, en 2006, “engañada por un juez, pensando que iba a escuchar la moción de desestimacióndel procedimiento [fusion_builder_container hundred_percent=”yes” overflow=”visible”][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”no” center_content=”no” min_height=”none”][de su ex pareja] porque yo aducía que no tenía jurisdicción”. Meses después, en noviembre, se produjo su encarcelamiento.

Todo lo que he perdido

Sus palabras destilan tristeza al hablar de todo lo perdido, incluidos algunos familiares que han fallecido, y cómo han envejecido sus progenitores que han cumplido 80 años. A su madre “le han diagnosticado alzhéimer y se está quedando ciega”. Su padre se pregunta por qué tarda tanto la decisión que les permitirá volver a encontrarse. Ella les da ánimos siempre de la misma forma: “Estoy un pasito más cerca”.

Desde que Carrascosa fue condenada en firme en noviembre de 2006, su familia movilizó todas las fuerzas a su alcance para intentar lograr su excarcelación. La pareja y su otra hija, Victoria, tocaron todas las puertas oficiales y oficiosas (Ministerio de Justicia, de Exteriores, consulado en Nueva York, cadenas de televisión, asociaciones) buscando su liberación. Pero el peregrinar fue infructuoso. La vida de Carrascosa en EEUU se remonta a los años 80. Primero vino a estudiar un año. Regresó en 1992 y se instaló definitivamente. En esta tierra que siente suya, “es parte de mí”, ejerció deabogada y conoció a Innes.

¿Estuvo casada, porque en el libro da la sensación de que no?
Nos casamos en 1999 ante la iglesia católica. Él entregó un pasaporte y un número de seguridad social falsos y ocultó que estaba casado con Nancy Innes.
¿Cómo le conoció?
Ellos me eligieron a mí en The Matchmaker [página de citas online] por interés. La Iglesia anuló el matrimonio. El resto está en el libro.
En él dice que utilizaron su nombre para obtener préstamos
Un día quise comprar una casa para mi familia -no a nombre de la empresa- y descubrí que había 52 líneas de crédito con deudas a mi nombre. No sabía nada. Aquí eso se denomina robo de identidad.
¿Ha tenido algún contacto con su ex pareja?
Nada, nada… en absoluto.

El tono de Carrascosa se vuelve más serio al hablar de Innes. Sus comentarios sobre su estado psíquico y las supuestas “locas” acusaciones que de ella hace no le gustan. “Dice eso porque tiene mucho que esconder. Está intentando que no me hagan caso, las pruebas están en el libro”.

El último contacto se remonta al comienzo de la batalla judicial por su hija, que nació apenas un año después de que se casasen en Buñol (Valencia) en marzo de 1999. La pareja se separó en 2004. Los Carrascosa sostienen que él abandonó el hogar familiar y maltrataba a María José. En la demanda de divorcio que presentó el estadounidense en diciembre de ese año alegó “crueldad y engaño financiero”.

En 2005, cuando Carrascosa se recuperaba de la operación a la que fue sometida en Valencia, Innes interpuso una demanda al amparo de la Convención de la Haya contra ella por haberse llevado a Victoria a España solicitando el regreso de la menor. El tribunal nº 9 de Valencia resolvió que no ha lugar a la restitución de la niña a EEUU. De poco le sirvió.

Los nueve años pasados entre rejas no han aminorado la pasión de Carrascosa por la abogacía. Habla de su profesión con entusiasmo desde las alturas en Madison Avenue, mientras relata los casos similares de los que ha tenido noticia en este tiempo. “La gente me pide ayuda. Les he dicho que lo haré, pero primero tengo que ayudarme a mí”, explica subrayando que quiere zanjar su caso. Sin embargo, comenta orgullosa el caso de una reclusa condenada a cadena perpetua que logró salir seis meses antes que ella tras estudiar su caso. “La justicia está administrada por el hombre y el hombre no es perfecto. Por eso ocurren travestis jurídicos”.

¿Qué quiere hacer después?
Recuperar nuestra vida, mi hija y mis padres. Si nuestro Señor nos ha elegido para esto, que lleve bien esta cruz y que traigamos las leyes de Europa aquí.
¿Piensa seguir ejerciendo como abogado?
Mi pasión siempre ha sido la práctica del derecho. Lo echo un poco de menos. Creo que iré más por el lado de los Derechos Humanos. Dios Proveerá. Depende de muchas cosas especialmente de mi hija.

 

http://www.elmundo.es/cronica/2016/03/27/56f65c14268e3ee3798b456c.html

Mi sueño americano roto

María José Carrascosa en su proceso judicial en Estados Unidos (2008 y 2009). MIGUEL RAJMIL

En primicia, un extracto del libro de la abogada valenciana.

Busca editor. Habla de su caso, de cómo Wikileaks la salvó, de la novela que “me condenó…”

Tantas veces la misma pregunta…¿Qué he de hacer? ¿Por dónde empiezo? Ésta es mi historia, y contada por mí…

MARÍA JOSÉ CARRASCOSA

Está amaneciendo, Señor, dame fuerzas, tengo que acabar el manuscrito, permíteme que lo acabe, detén el tiempo -rezaba yo. Oía a mis padres, que ya se estaban levantando. Poco pudieron dormir esa noche. Sería una de tantas noches de las que pasaríamos en vela durante estos largos e interminables 10 años… En retrospectiva, miles o tal vez millones de personas nos han acompañado desde aquel junio de 2005 en que llamé al Canal 9 de Televisión de Valencia pidiendo auxilio y que se notificara a España que me querían quitar a mi hija, secuestrándola bajo una apariencia legal…

Periodista: “Tranquilícese, ¿dónde quiere llevarse su marido a la niña desde España, a Arabia Saudita?…”.

Yo: “¡No, no, no! A Estados Unidos… Mi expareja no es árabe, es estadounidense. Y tiene a toda la Embajada de Estados Unidos en Madrid en pie para sacar a mi hija de España…”. Entrecortadamente, yo agregaba: “Es ilegal”, “no es una pelea de custodia ¡es un secuestro!”, “¡quieren secuestrar a mi hija!”, “quieren negarme a mi pequeña y mis derechos a ella, quieren separarnos, sólo porque yo soy española y él norteamericano”, “se niegan a atender razones de que es un psicópata y un peligro para mi hija…”.

Y ese mismo día se transmitió por televisión. Los periodistas se habían dado cuenta de que tenían una gran exclusiva y la habían incluido entre las noticias principales. Así fue como mi historia se convirtió en un caso mediático. Un caso que permaneció siendo noticia durante los siguientes 10 años y seis meses… Me pregunto si alguien tiene aún grabada dicha entrevista. Sería una gran prueba contra un abogado y el juez Torack para que respondan de su prevaricación y cohecho y por su corrupción de los procesos en Estados Unidos y en la Embajada de Estados Unidos.

Wikileaks me salvó

¿Corrupción? Sí, corrupción de mi caso, e infracciones de Derecho Internacional y acciones que caían en un ilícito de carácter penal, de obstrucción y prostitución de la justicia, tanto en EEUU como en España. De forma irrefutable así quedó sentado y demostrado, por medio de unos cables que se descubrieron y que a mí me hizo llegar “alguien” a la prisión de Clinton, en marzo del año 2012. Para algunos, Julian Assange y su equipo de Wikileaks son unos “criminales” y hasta fueron tachados de “traidores” (pese a que Julian es ciudadano australiano). Sin entrar en materia de qué han podido (o no) hacer Julian y su equipo, a modo de estricta defensa y en honor a la verdad y la justicia he de expresar aquí no sólo mi agradecimiento, sino también gritar en voz alta y a los cuatro vientos: Julian, a ti y tu equipo ¡gracias!, y que Dios os bendiga. Gracias por enviarme los cables, a través de los cuales pude reabrir losprocedimientos de mi caso, demostrar mi inocencia, y mi sufrido secuestro, junto a la corrupción, indebidas influencias y manipulación del mismo.

Los cables están admitidos desde 2012 ante el Distrito Federal de New Jersey, y desde febrero de 2014 ante la Corte Federal de Apelaciones del Tercer Circuito como prueba en mi defensa, si bien, por sigilo procesal y otros motivos obvios, quedaron sellados en expedientes de procesos federales. Es cierto, yo estuve y sigo secuestrada… Sí, así es, y es verdad que vengo insistiendo durante todos estos años, como aseguran los cables y Greenwald, y así lo percibieron los ejecutivos de Wikileaks, que todos ellos (jueces del condado de Bergen, Peter Innes y políticos…) fueron coautores y cómplices de mi sufrido secuestro, persecución y condena ilegales y maliciosos. Mas ahora no es el momento, y queda pendiente para juzgados y tribunales competentes en los que ruego no lleguen a penetrar los tentáculos de tal putrefacción. Ahora y para que mis lectores entiendan y puedan seguir tan compleja historia, hay que retrocederen el tiempo y visitar aquel día…

El día de la operación

Era el día D, 2 de julio de 2005, y ya se habían levantado mis padres.

-¡María José! -gritó mi madre, mientras entraba de sopetón en el comedor, donde yo me encontraba frente al ordenador…

-Mamá, tranquila, he descansado, estoy bien. Pero tengo que acabar esto, es para mi nena…

Me apresuré en entrar en el cuarto de baño, donde podía, en un momento de privacidad, ser humana y permitirme un desahogo. Me eché a llorar de forma inconsolable. Había permanecido toda la noche en pie, escribiendo mi historia, para que mi hija la leyese cuando fuese mayor y pudiese discernir y entenderla, para que supiese la verdad y de esa forma quedase libre… Pero, libre, ¿de qué? Era mi testamento para ella, en el supuesto caso de que yo falleciese en el quirófano. Lloraba de pena, por mi hija y por mis padres, y estaba muerta de miedo… Me di una ducha rápida y me vestí, eran las 7:05. Me preparé para vestir a mi hija, darle besos, abrazarla. Desde marzo del año anterior, hacía ya 18 meses que su padre se había ido finalmente para no volver y la pequeña estaba mucho mejor.

En todos los sentidos. No obstante, la tensión de los días previos a mi operación lepasó factura. La nena tenía pesadillas. Lloraba en sueños. Gritaba en voz alta mientras dormía.

-¡No, mami, no dejes que me lleve! ¡Yayo, vámonos, no dejes que me lleve el maloDaddy! (Papito).

Las pesadillas tenían su origen en los acontecimientos que estábamos viviendo toda la familia. No sólo era mi operación, mi salud. También estaba la demanda que el desaprensivo, el psicópata, había interpuesto contra mí, con falsas acusaciones de sustracción ilegal de menores. Él, mejor que nadie, sabía que las acusaciones eran falsas, maliciosas y fraudulentas. Sabía perfectamente que estábamos en España. No sólo dio su consentimiento, sino que, además, él nos empujó a hacer el viaje y ocasionó la larga estancia.

Él, mejor que nadie, sabía de las sustancias que me había suministrado durante años con fines homicidas, por supuesto sin mi conocimiento ni mi aprobación. Petercanceló mi seguro de enfermedad en New Jersey, me quitó mi cobertura médica en octubre de 2004 tan pronto como se enteró de que yo tenía un tumor y urgía una intervención quirúrgica del mismo. Me enteré cuando tuve una revisión de miginecólogo en Secaucus, y Blue Cross & Blue Shield, mi seguro, declinó el pago de la consulta. Fui yo quien, personalmente, el 9 de septiembre de 2004, le había comunicado que tenía un tumor en el páncreas. Le comuniqué personalmente que precisaba una operación y un tratamiento de forma inmediata.

“¡Vaya, ahora resulta que tienes un tumor! ¿O es un cáncer? ¿Qué tienes? ¡Te estás muriendo!… Vaya una imaginación tan dramática que tienes… ¡Pobre de ti! Pero voy a decirte una cosa: si fuera cierto, lo sentiría por ti… Di a tus padres que me avisen cuando sea tu funeral…”, me dijo mi ex pareja. Volví a hablar con Peter por teléfonoantes del viaje. Le recordé que él había cancelado mi seguro médico cuando sabía perfectamente que yo estaba enferma. Él sabía que mi vida corría peligro, y quenecesitaba tratamiento. Sabía que en España tenía cobertura médica. Así que no tenía más remedio que viajar a España. Allí podría luchar por mi vida y por mi salud.

Como es lógico, y puesto que Peter no tenía ningún interés en ver, cuidar o dar amor a una hija a la que nunca había querido, mi hija se venía con su madre. Estaba en mi perfecto derecho de buscar remedio a mi enfermedad, de luchar por mi vida y de llevarme a mi hija conmigo.

“Me has cancelado mi seguro médico y tengo un tumor que precisa tratamiento, me voy a operar en España y mi hija, a quien tú no tienes interés de ver, ni cuidar, y a la que nunca has querido, por mucho que así pretendas frente a tus amigos y tu abogado, se viene conmigo. Y deja de utilizar mi identidad y mis bienes para exprimir mi crédito y obtener líneas de préstamo, pues eso son delitos federales y tarde o temprano habrás de responder por ello. Deja de utilizarme a mí, a mi hija y a mis bienes”, le dije.

Al otro extremo del teléfono él ya no era Peter. Era un lobo encendido. Un demonio que no paraba de gritar, de gritarme (en inglés): “Joder, súbete al barco en el que viniste, y vete al infierno fuera de mi país. Y asegúrate de coger a esa pequeña jodida bastarda tuya y llevártela contigo también, y no vuelvas jamás… Crees que vas a ganar, jodida puta, y no tienes ni la menor jodida oportunidad! ¡Yo soy americano! ¡Tú no eres nada, inútil puta de mierda!”. Ante tal diarrea verbal, lo único que podía hacer era colgar y sanearme los oídos. Y eso fue exactamente lo que hice. Se notificó el viaje a todas las partes involucradas, a Peter y a las autoridades competentes a ambos lados del Atlántico. A todos se les envió una copia de los billetes electrónicos de vuelo. No hubo ninguna oposición al viaje…

Lo que vio mi hija

Victoria Solenne entonces tan sólo tenía cinco añitos… Era una niña tierna, feliz y muy juguetona hasta que a pesar de su corta edad presenció los malos tratos y palizas físicas y psicológicas de su padre contra mí. Y hasta que ella misma fue víctima de los malos tratos. Fue una niña feliz hasta que comenzó a comprender que su madre estaba enferma y su “daddy” no se portaba bien. Y tal fue así que se refería a él como el “malo daddy”, incluso antes de que él abandonase el “hogar familiar” de West New York, en New Jersey, en marzo del 2004. Dicha propiedad fue el primer piso que yo compré, y lo hice el 6 de junio de 1996, casi tres años antes de que mi vida se viese atropellada por Peter Innes y su clan. Victoria Solenne fue, no sólo testigo presencial y cualificado, sino también víctima del horror y conductas del psicópata que pretendía la muerte de su madre y la de ella propia. Su mami se desvanecía, sufría colapsos y desmayos, y caía al suelo sin conocimiento ni conciencia. A mi memoria regresan las imágenes de una niña quien, con apenas tres añitos de edad, presenció lo insufrible.

Victoria Solenne permanecía al lado de su mami en llanto, sentada en el suelo, hasta que ella volvía en sí, tras haber sufrido un colapso y desvanecerse. La pequeña le ofrecía agua, acariciándole la cara: “¡Agüita, mami”… En aquel 2 de julio de 2005 vestí a mi pequeña mientras mi mente se fundía en pensamientos y recuerdos junto con una avalancha y cóctel de emociones, tristeza, frustración, miedo por el futuro de mi hija si yo fallecía: “Sufrí durante seis interminables años las torturas y palizas de ese psicópata, mi nena sufrió sus malos tratos contra mí desde que tuvo uso de razón, y ahora que finalmente el individuo estaba fuera de nuestra casa desde hacía ya un año y seis meses y que podíamos rehacer nuestras vidas, ¡estaba pasando esto”.

En el quirófano de vida o muerte

Papá: “¿Estás preparada? Son las siete y media, ya vamos con retraso…”.

Vestí a mi nena con su vestidito minifalda blanco, con un volante tan simple y gracioso, con unos bordaditos en rojo, y lacitos también en rojo por la parte de los hombros…

Mamá: “María José ¿vale? ¿Estás preparada? ¿Lo tienes todo?”.

María José: “Sí, tranquila… Papá, he impreso unas 150 páginas. Son para que las leas y las guardes bien. Ahí te explico todo”.

Dejamos a mi pequeña en casa de mis primos… Era la primera vez que la dejaba durante más de cinco días. Ella debía presentir que algo no estaba tan bien como le decíamos pues actuaba de manera un tanto confusa, tímida y retraída… Mi padre, con los ojos brillantes, exclamó, sin embargo, con firmeza:

“¡Venga, valiente! Todo va a salir bien”.

Le expliqué, entonces, que había escrito mi historia y que debía prometerme que, si yo fallecía, el escrito sería entregado en los Juzgados de Valencia, así como también en la Embajada Americana a través de Mary Garrity (cónsul de EEUU en Valencia) y que, cuando mi hija se fuese haciendo mayor, cuando preguntase, que se sentase con ella mientras leía mi manuscrito, mi testamento, y nuestra trágica historia. Mis cirujanos, los doctores Planells y Albiol, al confirmar la existencia de un tumor en el páncreas y en el bazo, me habían preparado (y se habían preparado) para la intervención quirúrgica. Jamás lograré borrar de mi mente y mis oídos las palabras que oí aquel día de mayo de 2005, la confirmación de lo que yo había rezado para que no ocurriese, de que todo hubiese sido un error y una simple pesadilla, jamás una premonición…

Dr. Planells: “Tienes un quistecito en el páncreas. ¿Lo sabías? Y posiblemente el bazo esté afectado también… Hay que operar inmediatamente”.

María José: “Me ha estado envenenando desde hace años, quería asesinarme para poder quedarse con mis bienes. Nos ha estado maltratando y envenenando”.

Dr. Planells: “¿Quién?”

María José: “Mi ex marido que no es ni mi marido y que no está ni legalmente casado conmigo, ese impostor, ese psicópata… Me quiere muerta, así lo prometió, y lo está consiguiendo. ¡Por favor, ayúdeme, no quiero morir!”.

El 19 de junio nos dieron los resultados de los laboratorios Echevarne que ya aclaraban que mis dolencias, mi pérdida de la glándula tiroides, mis dos infartos y cólicos se debían a envenenamientos por ingesta de sustancias nocivas, que de seguro yo había consumido sin conocimiento y sin consentimiento a tal barbarie…

Aquella mañana de verano, 2 de julio de 2005… Mis pies, mis manos, mis brazos y micuerpo entero se estremecían con escalofríos a medida que nos acercábamos a la hora y la mesa de operaciones. Eran las 8:50 y ya estaba en bata quirúrgica, en la habitación, con un tranquilizante. Allí estaba esperando que me viniesen a recoger, pero consciente. A mi padre, frente a mi madre, le pedí que me prometiese que si yo fallecía, mis padres lucharían para adoptar legalmente a mi pequeña, su única nieta.

Mi ex pareja: Un impostor y un criminal

“Papá, en la casa de Fort Lee tengo más pruebas. Si yo fallezco, allí podrás encontrar unos correos electrónicos que se enviaron entre Nancy Innes y Peter, de los que yo pude obtener una copia. Allí tienes admisiones e incriminaciones, y pruebas de que en clave están conspirando sobre mi asesinato. Con esas pruebas y la patología de lo que hoy a mí me saquen, y si fallezco, también con mi autopsia, podréis lograr justicia por lo que han hecho, y ante todo quitarle todo derecho que él pueda tener sobre mi hija. Papá, Peter atentó contra nuestras vidas, me mató un bebé y ahora las consecuencias de sus acciones hacen peligrar mi vida. Esas pruebas y mi testimonio, tal como lo he dejado plasmado en esas 150 páginas, has de entregárselas a Mary Garrity, a los juzgados de Valencia y al Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Valencia. Que el consulado americano y Mary se aseguren de que llegan al juez Parsons, y al FBI”.

Mi ex pareja, Peter Innes, quien insistía que estaba casado conmigo (y esto jamás fue así), resultó además ser un impostor y un criminal. Él y ciertos miembros de su familia me habían seleccionado de un portal de internet, The Matchmaker, como la víctimaque había que embaucar y atrapar, igual que los halcones, aves depredadoras, eligen a sus presas. En este caso, no obstante, se asemejó más bien a una jauría de hienas o una banda de buitres, y me atrevo a así describirlos -pues me siento legitimada a ello, dicho sea de paso, y en estricto modo de defensa, en base a las pruebas de que dispongo-, también como a una banda de criminales comunes. Y mucho peor que aquellas pandillas de la población de reclusas de la prisión de Clinton, en New Jersey, adonde ilegalmente me enviaron, para encubrir la atrocidad perpetrada contra mí, con ánimo de que yo jamás saliese de allí, debido a mi salud precaria y a graves dolencias crónicas, a consecuencia de la pérdida de mis glándulas y órganos vitales.

Lo espeluznante del caso es que la corrupción de los Juzgados de Familia del Condado de Bergen consumiese tanto a jueces como a fiscales, que empecinadamente se negaron a admitir razones y verdades y, por subir la escalera corporativa y propio interés, no justicia, decidiesen no verlas. Pero ¿qué se puede esperar de corruptos y criminales vestidos de poder y toga?… El caso a instancia de Peter Innes pidiendo “divorcio”, “mis bienes” y “custodia compartida” ¡ni había empezado! Él interpuso su demanda, a sabiendas de que no estaba casado conmigo, el 23 de diciembre del 2004, como afirmó su abogado Peter Van Aulen, y así quedó para siempre registrado, en transcripciones de vista oral, para mi solicitud de habeas corpus del 15 de mayo del 2007, en la página 30, en las líneas 14 y siguientes: “Nos apresuramos a los juzgados antes de que cerrasen el día de antes de Nochebuena para interponer la demanda de divorcio de Innes”.

Mi manuscrito plagiado, mi condena

Ante el notario europeo Álvaro Mendizábal, el 22 de junio de 2005 y frente a testigos, mi amigo y procurador Francisco Javier Frexes y mi entonces abogado de Estados Unidos, Gil Portia, ejecuté mi testamento, y comencé a escribir mi historia para mi hija. Mi versión de los acontecimientos. Ésos eran mis legados para ella, para que si yo fallecía ella siempre se protegiese con la verdad como escudo, y dicha verdad era mi última expresión, mi vida y sufrimientos a manos de Peter Innes y su familia… Desafortunadamente, la desesperación posterior de mi familia por liberarme de mi enemigo y mi secuestro, el engaño de personas sin escrúpulos y el oportunismo con ánimo de lucro y enriquecimiento injusto (personificados en Reyes Monforte, Pepe Sancho, Marcos García-Montes, Arantxa y otros) hizo que mi manuscrito fuera robado y hecho público sin mi autorización.

Tanto mi testamento como mis mensajes privados para mi hija y la denuncia para autoridades competentes, con jurisdicción, junto con correspondencia muy privada fueron robados, y totalmente violados, ultrajados y alterados para la redacción de una novela -que hasta la fecha impugno y rechazo- escrita, publicada y distribuida en un libro no autorizado, que además se publicó tergiversando los hechos, atribuyéndome palabras que jamás salieron de mi boca y acciones que jamás realicé, y se publicó a destiempo, un año y dos meses antes del juicio penal ilegal al que me sometieron.

Como la fiscalía carecía de pruebas para avalar y probar su teoría y los hechos que me imputaban, el mencionado libro les solventaba el problema. Las atribuciones de ciertasconductas falsas y que jamás ocurrieron fueron aprendidas de memoria por Peter Innes y la fiscalía y el libro fue utilizado frente al jurado por la fiscalía de Bergen, en la persecución penal que sufrí, para corroborar el falso testimonio de Peter Innes.

Con ello lograron, como consta en mi condena a 56 años de prisión más un día, a pesar de mi inocencia de todos los cargos que se me imputaron. Esa novela se escribió, sin duda y en base a los hechos acontecidos tras su publicación y hasta la fecha de hoy, para acomodar un objetivo de lucro y enriquecimiento ilícito e injusto, a través de la venta de un libro y un plagio no autorizado.

Las que lo robaron y publicaron lo hicieron para beneficio personal, y con sus alteraciones lograron no sólo venderlo y enriquecerse ilegalmente, sino también que, un año y dos meses después de su ilícita publicación y distribución -a nivel mundial y por supuesto también en el mercado del Foro donde ilegalmente me tenían en una prisión menor-, se me condenase por el uso ilícito del libro y la verdad alterada del mismo como testimonio y prueba en juicio penal contra mí, y se presentase por la Fiscalía del Estado de New Jersey como prueba de auto-incriminación.

Las palabras que me adjudicó ilegalmente, en su ficción y falsa narración de hechos, Reyes Monforte en su libro ilegal -y quien ante mí se presentó bajo el nombre falso de Katia Muñoz-, fueron tomadas como parte de mi testimonio, ilegalmente, contra laSexta Enmienda de la Constitución de EEUU, el derecho a confrontación de testigos y a plantear una defensa y mostrar pruebas, y en contra de toda la normativa procesal de Hearsay.

Ese libro, al que titularon Amor cruel, fue coautor y cómplice de mi sufrida persecución maliciosa, juicio injusto y condena ilegal a 56 años de prisión, la que por fórmulas jurídicas y el estilo propio y la arbitrariedad del juez sentenciador, o simplemente por protesta del Departamento de Estado, todavía aún no se sabe, se vino a agregar y establecer en 14 años de prisión.

Ese libro, pese a ser prueba inadmisible por las falsedades que incluía, apoyó a misagresores y secuestradores a dar una apariencia legal a lo que no lo era, y a legitimar su persecución contra mí. Así quedó recogido y plasmado en las transcripciones del juicio penal ilegal contra mi persona, en mi cross-examination(confrontación de testigo), por la fiscal Carol Cutogno el día 10 de noviembre del 2009, y en redirect, mi restablecimiento de credibilidad de testigo, por mi abogado defensor Scott Finckenauer. Y aquí, hoy queda efectuada mi denuncia contra el mismo y los que llevaron a cabo tal irresponsabilidad e ilícito civil y penal.

En ese libro, “la autora” [quien también ha sido acusada de plagio por los herederos de Serguéi Prokófiev, por su obra Una pasión rusa] no sólo hace un absoluto plagio de mi testamento a mi pequeña, sino que también altera la realidad y afirma y me atribuye una conducta delictiva, a la vez que me condena por secuestro parental internacional. La autora llega al extremo de afirmar teorías y especulaciones tales como que yo, según ella, me escapé de Estados Unidos con mi hija sin conocimiento de su padre biológico. El libro, además, me difama y fruto del libelo -sus calumnias e injurias- llega a aseverar, y categóricamente afirmar, que en cierta fecha en el año 2007 o 2008, yo perdí la cordura. Sin evaluación psiquiátrica, ni psicológica y sin informes médicos, la autora y responsables de su publicación y distribución me tachan de estar enferma mentalmente, y de haberme vuelto loca, y recoge falsedades de las cuales hoy el mundo y todo aquél que lea y viva el recuento total y verídico de mi historia van a identificar, y seguro que rechazar, para solidarizarse, al punto de desarmar la calumnia con el fin de que prevalezca la verdad. Esperemos que esta verdad logre finalmente llevar a los responsables del mencionado libelo ante los tribunales competentes.

Es cuestión de justicia.

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