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La muerte impune de Alejandro Muñoz Rojas-Marcos

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Nuestro principal problema es que nadie se cree lo que contamos. 
Quien no ha pasado por un juzgado no puede entender que se cometan estas injusticias porque no lo ha vivido.   
La arraigada creencia de que en los juzgados se imparte justicia tras una concienzuda instrucción y un juicio peliculero hace muy difícil el cambiar semejante aparato de repartir injusticia. 
Los políticos no tienen interés alguno en mejorar lo que tiene entretenido al populacho y les asegura sentencias favorables en sus propios casos. 
Las declaraciones de Pilar resumen a la perfección lo que sucede en la mayoría de los casos: 
Pilar Rojas-Marcos dijo basta y dejó de pelear por justicia para su hijo Alejandro. «Era demasiado doloroso, no podía seguir adelante. Hay que vivir también, ¿sabes?». 
-o-o-o-o-o-  

http://www.elmundo.es/madrid/2015/06/23/55887a1c46163fdd448b4582.html

La muerte impune de Alejandro Muñoz Rojas-Marcos

6 años del asesinato impune de Alejandro Muñoz

QUICO ALSEDO
PABLO HERRAIZ
VÍDEO: LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN

Una llamada de teléfono irrumpió en la noche en el hogar de Pilar Rojas-Marcos, en el madrileño barrio de Moncloa. Pasaban de las 5.00 horas de la madrugada del 12 de enero de 2009. Lo que escuchó esta mujer recia, dura, enfermera psiquiátrica de profesión, constituye la pesadilla de todo padre. Algo que «nadie que no haya vivido puede imaginar», dice.

-¿Es usted la madre de Alejandro Muñoz Rojas-Marcos?

– Sí.

– Pues que sepa que le han dado dos tiros y se está muriendo aquí.

Pilar apenas sintió la brutalidad de las palabras de la administrativa del Hospital Gregorio Marañón. A Alejandro, de 24 años, estudiante de Empresariales y relaciones públicas de Joy Eslava, ella -«le gustaba tanto ayudar a todo el mundo…»- le había dicho muchas veces:

– Hijo mío, cualquier día te vas a encontrar con algo, no puedes andar separando a la gente cuando se pelea, es peligroso…

– No te preocupes, mamá, que no me va a pasar nada.

Con una entereza que abruma, Pilar, que apenas ha hablado a los medios de comunicación durante estos años, cuenta todo esto sentada en un banco del Parque del Oeste la semana pasada. El fotógrafo le pide que se siente aquí y que mire para allá. Ella obedece, o más bien su cuerpo lo hace. Pilar no está.

Han pasado seis años desde la noche del tristemente famosocrimen de Heaven. Y lo que ha sucedido desde entonces es, quizás, aún más difícil de creer. El asesinato de su hijo quedóimpune. El asesino, que recorrió el centro de Madrid pegando tiros como si estuviera en Vietnam, está libre. Pero Pilar al menos se consuela con otra justicia diferente a la de los hombres: «Sé que está con Dios, y está bien», dice.

Imagen de Carlos Monge durante el juicio.

Y apostilla: «Lo que quisiera es que el asesino se pasara los 60 años de vida que le quitó a Alejandro entre rejas, para que pudiera reflexionar sobre lo que hizo». Lo dice con cierta serenidad.

A tiros por el centro de Madrid

Volvamos a la noche de autos. Mientras Alejandro vuelve a Joy Eslava desde otra discoteca cercana, Palacio de Gaviria, un hombre, Carlos Monge, dispara a quemarropa al portero de la discoteca Heaven en la cercana plaza de Ópera. Catalin Stefan Craciun, que así se llamaba el portero, muere en el acto, y Monge huye disparando a diestro y siniestro por el mismísimo centro de Madrid, muy cerca de la Puerta del Sol.

Al igual que otros porteros y relaciones públicas, Rojas-Marcos,sobrino del célebre psiquiatra español que ejerce en Nueva York, sale corriendo tras el asesino en una escena cinematográfica si no fuera dramática. A la altura de la calle Arenal, Monge, apodadoEl Cuchillos, intenta subirse en un taxi que por allí cruza. El taxista, siquiera por la excitación de la escena, percibe algo raro y pega un acelerón. El Cuchillos se ha equivocado al intentar cogerlo, sus perseguidores se le echan encima.

Es en ese momento cuando saca la pistola y dispara, ciego, casi en dirección a la multitud. El asesino corre por Arenal y Rojas-Marcos, al ver a amigos suyos de Heaven intentar darle caza, se une al grupo por un momento.

Trágicamente: Monge se da la vuelta de golpe y dispara en su dirección. Alejandro se percata. Pega un salto. Se contrae de una forma muy particular. Intenta huir de la muerte de tal manera que la bala, el proyectil que le matará, le atraviesa cuatro órganos y los agujeros en su ropa, finalmente, casi no casarán con los de su cuerpo.

Primer obstáculo que encontrará para condenar a Monge el jurado popular que le juzga, ya en 2012: «Había una discordancia entre el informe de la autopsia y el de sus ropas», admite el abogado Víctor Ansón, que asesoró a la familia.

El segundo obstáculo, menos salvable, se refiere a la vaina del proyectil que mató al chaval. La Policía no la encontró aquella noche, y tuvo que ser un ciudadano rumano el que la aportara a las pesquisas policiales varias horas después. La defensa de Monge consiguió sembrar la duda con respecto a ella, y logró convencer al jurado: aquella vaina podría no ser la de la bala que mató al chaval.

Pilar Rojas-Marcos, madre de Alejandro.

«Sin embargo, ¿de qué pistola iba a proceder, si no había nadie más disparando aquella noche junto a la Puerta del Sol?», dice el abogado Ansón. «Es evidente que la bala no podía haber salido de ninguna otra arma, e incluso se podría haber analizado la vaina para certificar que procedía de aquella pistola… Es más, muchas veces los tribunales dan por hecho que, en un sitio donde sólo se ha disparado un arma, cualquier víctima lo es de esa misma arma».

En el juicio se proyectan las insólitas imágenes de Monge dándose la vuelta y disparando al gentío en pleno centro de Madrid, como si de un Terminator madrileño se tratara. El vídeo sale en todos los informativos. El Cuchillos se vuelve y dispara. Pilar, incapaz de acercarse siquiera a la Audiencia Provincial, lo poco que ve, lo ve por televisión.

«Allí estuvieron mi hermana y mi cuñado, yo no tenía fuerza para nada, no podía», explica ahora. Pilar, revisando luego el vídeo del juicio, pudo ver algo más: «La actitud del fiscal me pareció muy pasota, como si no se hubiera leído la causa, como sin interés».

El jurado popular, institución temida por demasiados profesionales del Derecho, simplemente no considera a Monge autor de la muerte de Rojas-Marcos. Como si la bala que le mató hubiera podido salir de quién sabe dónde (pero no de la pistola del asesino). Pese a los testimonios de varios testigos que le vieron disparando. Contra toda lógica. El Cuchillos, recurso mediante, es condenado a 12 años de cárcel por la muerte del portero rumano. La muerte de Rojas-Marcos fue gratis, y aún lo es hoy.

Una madre desamparada

Monge disfrutó de su primer permiso, a mitad de condena, la pasada semana. Seis años después del trágico final de su hijo, Pilar Rojas-Marcos no entiende nada.

Pregunta.- ¿Por qué la familia nunca llegó a personarse en la causa y por eso no pudo siquiera recurrir, Pilar?

Respuesta.- La fiscal de la instrucción nos dijo que estaba todo muy claro. Hablamos con ella dos años después, antes nos fue imposible por el dolor. Nos dijo que estaba clarísimo que el asesino era este tipo. Que nos aconsejaba presentarnos al juicio para pedir que no fuera con tribunal popular, pero que estaba muy claro.

P.- ¿Pidieron más opiniones?

R.- Estábamos muy afectados, queríamos que acabase cuanto antes y todos nos decían que estaba muy claro. Pedimos diferentes opiniones. Estaba la Fiscalía, estaban los hechos… Consultamos diferentes abogados que nos dijeron que podíamos no presentarnos. No había ninguna duda.

P.- ¿Qué sintió cuando supo que la muerte quedó impune?

R.- No me lo creía. Fue como un… [fusion_builder_container hundred_percent=”yes” overflow=”visible”][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”no” center_content=”no” min_height=”none”][a punto de llorar] Me parecía como si estuviéramos en el Tercer Mundo. Con los testigos, con todas las cámaras, con este sujeto disparando a diestro y siniestro… Aún es el día de hoy y todavía no me lo creo, me parece de una irracionalidad… Es que es tremendo, ¿no? Que alguien pueda asesinar así y quede impune, en pleno siglo XXI en la calle Arenal. Le quitan la vida a un estudiante de 24 años y no pasa nada… Es tremendo pero éste es el país que tenemos. Es increíble que uno mate a dos personas y salga a los seis años de permiso.

P.- ¿Tiene usted claro, a estas alturas, por qué quedó sin castigo la muerte de su hijo?

R.- Primero, no admitieron la vaina como prueba, pese a que nadie más disparó. ¿Quién iba a hacerlo si no? Después, que si la ropa no casaba con las heridas… Pero no valoraron que Alejandro era muy atlético y hacía capoeira, él pudo dar ese salto perfectamente. Y, luego, pregunté si el jurado tenía que cumplir unos mínimos de conocimiento de algún tipo… Y no. Sólo se mira si saben leer y escribir. Ellos decidieron que a mi hijo no lo mató la única persona que disparaba. Es así. No hay más.

P.- ¿Cómo era Alejandro, Pilar?

R.- [Llora por un rato. Luego se serena] Estaba lleno de vida. Había acabado Márketing y ahora estaba con Empresariales. Y era tan simpático… Tenía centenares de amigos, era muy vital. A su entierro fueron 800 personas. Imagínate.

Recursos: vacío sin respuesta

Sólo hace un año, en junio de 2014, Pilar Rojas-Marcos dijo basta y dejó de pelear por justicia para su hijo Alejandro. «Era demasiado doloroso, no podía seguir adelante. Hay que vivir también, ¿sabes?». Antes, había recorrido todo el edificio institucional español buscando aliento. Inútilmente. «Después del veredicto, que fue un mazazo para nosotros, fuimos a hablar con el fiscal. Nos recibió y nos dijo que por supuesto que era un error, que había hecho lo posible, pero que estaba muy claro que este hombre había matado a Alejandro.Le pedimos que recurriera y nos dijo que lo iba a consultar… Y cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que no lo hacía». Quien sí lo hizo fue la defensa de Monge, que consiguió rebajar los 15 años de condena a 12, lo que ha permitido el permiso ahora a mitad de condena. «Entonces presentamos quejas al Consejo General del Poder Judicial y al Defensor del Pueblo, y éste último fue el único que nos hizo caso. Dijo que ya no se podía reabrir, pero que el CGPJ nos tenía al menos que responder. Y eso fue duro también. Nos decían que no teníamos razón en nada, al final te lían, te enredan… Y el dolor va creciendo, y te lo llevas a casa». Después, la familia intentó concentrarse cada día 12 de mes en el lugar en que fue tiroteado Alejandro. «Lo hicimos dos veces o tres, pero era terrible, muy doloroso… Parecía que le veías allí tirado, muerto». Pilar, de hecho, se ha negado a hacerse allí las fotos para este reportaje. «Lo último que hicimos fue ir a un abogado, Víctor Ansón, para intentar reabrir la causa con nuevos testigos, o intentando encontrar al taxista que huyó del tiroteo… Pero Víctor nos dijo que era inútil, no había nada que hacer. Es un vacío sin respuesta». Pilar se encoge de hombros y mira hacia el cielo.

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