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La nueva familia española: padres sin pasar por el altar

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La agenda de género sigue implantándose. La destrucción de la familia y con ello la indefensión del individuo frente al abuso de quienes ostentan el poder.

El cambio se está produciendo con mucha rapidez. De hecho hay un porcentaje muy grande de la población que no conoce otra realidad que la que ha impuesto el feminazismo.

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La nueva familia española: padres sin pasar por el altar

Casi son mayoría: en España llegan al 43%. Y, lejos del cliché, destacan por su nivel cultural y económico.

Ana Del Barrio

Irene Martínez tiene dos hijos con su pareja; Ana Combas es madre soltera de dos mellizas nacidas por inseminación artificial; Maite Molina dio a luz a sus dos vástagos primero y se casó después…

Hace 40 años, esos niños estarían en pecado y sus padres se habrían casado de penalti a marchas forzadas. Sin embargo, los tiempos han cambiado tanto que los niños nacidos fuera del matrimonio ya suponen el 43% del total en España (un punto por encima de la media europea), un 49% en Portugal, un 57% en Francia, un 65% en México y un 71% en Chile, según los datos de la OCDE.

La vida marital de los españoles cae en picado y las bodas han dejado de ser el paraguas oficial para tener bebés. Los datos hablan por sí solos: si en 1995 nacían en España 40.000 niños fuera del matrimonio, en 2014 la cifra alcanzó los 181.691. Un aumento del 277%.

«La cohabitación está desplazando a las bodas como vía de formación de pareja», explica Teresa Castro, investigadora del CSIC. «El matrimonio, que ya había perdido su estatus de marco legítimo de las relaciones sexuales, también ha dejado de ser el ámbito exclusivo de la procreación. Éste es un fenómeno que se produce en toda Europa, especialmente en los países escandinavos y Francia».

En definitiva, ahora somos más suecos y nuestras tasas de cohabitación se acercan a las de los países del norte de la UE. Canarias se sitúa a la cabeza en el ránking de hijos extramatrimoniales (64%), mientras que Ceuta (27%) y La Rioja (32%) son las últimas de la lista, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Surge con fuerza una nueva generación de madres, con alto nivel cultural y elevado poder adquisitivo, que quieren descendencia sin necesidad de que haya un hombre a su lado. Las madres solteras del siglo XXI están muy alejadas del perfil tradicional, aquellas jóvenes inexpertas que se quedaban embarazadas sin desearlo.

Ana Combas es una de ellas. Profesora, de 45 años, nunca tuvo la necesidad de encontrar a alguien para procrear: «Tenía 36 años y me lancé a la piscina con mucha incertidumbre. Es una decisión a la que se llega después de diversas circunstancias y yo me veía capaz», relata esta maestra de un colegio privado de Valencia.

El susto llegó cuando le anunciaron que eran mellizas: «Entré en pánico. No tengo familia cerca y fue muy duro. A veces, estaba con cuatro amigas en el salón y no dábamos abasto para atender a los dos bebés. Estuve sin dormir durante meses, pero lo volvería a hacer», añade. Combas admite que, aunque la sociedad ha cambiado mucho, todavía hay numerosos tabúes hacia las madres solteras: «La gente tiene muchos prejuicios».

Ya no es ‘progre’. Si hace años tener descendencia sin casarse era algo progresista y rompedor, ahora es un acto socialmente aceptado. De hecho, muchas parejas celebran su boda después ser padres. «Tuve a mi segundo hijo y decidí casarme para alargar la baja maternal y contar con una cierta seguridad. El matrimonio no deja de ser un contrato que utilizas cuando te viene bien. Cuando me casé, no cambió nada. Todo siguió igual», dice Maite Molina, que estudia oposiciones.

El romanticismo también ha quedado aparcado en un cajón: muchas personas se casan por razones meramente económicas. Irene Martínez lleva 15 años viviendo con su pareja y tiene dos hijos. Sólo se le ha pasado por la cabeza formalizar su relación para poder hacer la declaración de la renta conjunta o recibir la pensión de viudedad en el caso de que a alguno de los dos le pasase algo.

«El matrimonio es un contrato que no implica más amor o compromiso: simplemente, se ha convertido en una solución a problemas prácticos», declara Martínez, de 40 años, que trabaja con reducción de jornada en una consultora.

¿Y qué relaciones son más estables? Algunos estudios muestran que las uniones de hecho son menos duraderas que las legalmente casadas. En España también es así, aunque las diferencias son menos acentuadas que en otros países de la UE. Esto supone que los niños de las parejas no casadas tienen una mayor probabilidad de acabar en una familia monoparental. De hecho, los hogares con un único padre o madre son los que más crecieron durante el año pasado.

Algunos opinan que estos datos significan el ocaso de la familia tradicional. «El matrimonio está cada día más devaluado», afirma Mariano Martínez-Aedo, vicepresidente del Instituto de Política Familiar. «Hay menos enlaces, más tardíos, más frágiles y con menos niños. Esto no es espontáneo, sino que hay muchos condicionantes que fuerzan a tomar opciones que no son las que nos gustarían».

Estos cambios denotan que la familia está inmersa en un profundo proceso de cambio, aunque no por ello sus funciones dejen de cumplirse. Lo que está claro es que el sí quiero ha dejado de ser el salvoconducto necesario para tener descendencia.

 

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