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Las dos bodas de Javier Maroto

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El siguiente es un de los comentarios de la noticia.

y “Viri” de riguroso luto, como correspondìa para enterrar la poca verguenza que le quedaba el PP.

Además de la “vergüenza” también se han perdido los “principios”.

Si quedaba alguna duda de que el PP se ha entregado a la causa de la ideología de género basta con leer las crónicas de la boda de Javier Maroto.

Es evidente que no derogarán ni modificarán ninguna de las leyes feminazis instauradas en la etapa de ZP.

-o-o-o-o-o-

http://www.elmundo.es/loc/2015/09/19/55fc7a44e2704e204b8b45d0.html

Las dos bodas de Javier Maroto

 

De izquierda a derecha: Mariano Rajoy, Javier Maroto, José Manuel Rodríguez y Elvira Fernández, que agarra del brazo al novio, en la boda de Maroto. PP

Rajoy y altos cargos del PP como Soraya Saénz de Santamaría y Cospedal acudieron al enlace

Esta boda es un paso más al reconocimiento del matrimonio sea quien sea quien lo contraiga’, dijo Javier Maroto

El presidente del gobierno se sentó en la mesa Celine Dion

JOSEAN IZARRA

Vitoria

19/09/2015

Javier Maroto y José Manuel Rodríguez reconvirtieron ayer el enlace «entre amigos» con el que habían soñado en un desfile de ‘top ten’ de la cúpula del PP que se mezclaron mal que bien con cargos locales, empleados del partido, amigos y demás familia. Una presencia ya cargada de simbolismo que elevó su carga política cuando Maroto y su ya «marido» Josema Rodríguez comparecieron ante los medios de comunicación a las 21.45 horas. “Esta boda humilde es también un paso más al reconocimiento del matrimonio sea quien sea quien lo contraiga.Libertad para todos con los mismos derechos. Y hoy, una década después, mis compañeros de mi partido han querido dar este paso al frente», manifestó Maroto junto a Josema mientras, al otro lado de la valla, toda la cúpula del PP escuchaba la canción de Building Bridges de Conchita Wurst, la cantante que creó el austriaco Thomas Neuwirth y que ganó el Festival de Eurovisión de 2014.

El alegato de Maroto a favor del «matrimonio» homosexual tuvo también el reconocimiento a «muchísimos hombres y mujeres activistas que durante muchísimas décadas han luchado por los derechos de los que hoy hemos gozado nosotros». Ni el frío ni el arranque de la fiesta acortaron lo que se había anunciado como una breve declaración y terminó convirtiéndose en el pronunciamiento oficial del PP sobre el matrimonio gay. «Mismos derechos y mismas libertades», insistió de corrido el vicesecretario general del PP que apenas unos minutos antes había recibido los anillos de su compañero Iñaki Oyarzábal, otro de los referentes ‘gays’ del PP en Euskadi y miembro de la dirección de Génova.

«Esto es matrimonio porque los partidos evolucionan. En España el derecho al matrimonio es para todos y hoy todos los partidos compartimos este mensaje», señaló Maroto vestido de frac y en un aparcamiento con el suelo húmedo por el frío viento del norte que envolvía el sur de Vitoria.

Detrás y casi olvidadas quedaban las angustias de la pareja por el riesgo que multiplicó hasta el infinito sus nervios cuando imaginaron que el desfile de VIPs podría haber convertido la plaza de España junto al Ayuntamiento de Vitoria en una batalla campal si la ceremonia oficial se hubiera celebrado tal y como estaba previsto.

Y es que nunca Vitoria se había visto en otra. Deprisa, deprisa y superados por la presión mediática desatada tras la publicación por EL MUNDO del debate interno sobre la conveniencia de que Mariano Rajoy bendijera (o no) con su presencia un matrimonio gay, Javier Maroto y, sobre todo, Josema Rodríguez sintieron que el mundo se les venía encima. Dos bodas por una. Y un sólo documento oficial que, con las urgencias y los nervios, tenía escrito que la pareja se casaba a las 20.00 horas y que Maroto, puntilloso, obligó a que se corrigiera para que constara que ante la Ley él y Josema iniciaron su matrimonio a las 9.30 horas de la mañana ante la mirada de Miguel Garnica, el novato concejal en lides casamenteras que ofició el acto civil. Margarita Aránzabal, madre se supone que emocionada, e Iñaki Oyarzábal rubricaron como testigos el primer acto de esta boda en dos entregas. Un ‘sí, quiero’ que rayó en la clandestinidad con Margarita y Josema colándose al edificio Consistorial por una puerta lateral y subiendo en montacargas hasta el despachito minúsculo en el que Maroto despacha con celeridad los viernes sus obligaciones como concejal.

Aluvión de cargos

La más anormal de las 28 bodas homosexuales celebradas en Vitoria desde 2005 (23 de ellas entre hombres y sólo 5 entre mujeres) se mutó en un discretísimo desfile del quién es quién de la corte que rodea al presidente del PP y presidente del Gobierno Mariano Rajoy. El aluvión de cargos del Gobierno y de dirigentes de Génova convirtió en añicos el deseo de Javier y Josema de repetir las fiestas de cumpleaños en bares y hoteles de la ciudad o las noches de Eurovisión citas en las que primero sólo con parejas y en los últimos años con niños y adolescentes se fueron forjando su amistad con hoy políticos ya conocidos como Alfonso Alonso o Iñaki Oyarzábal. Ahhh Eurovisión! Ese fue el primer guiño para los 270 invitados que buscaron sus mesas al entrar en el salón alargado del restaurante El Caserón. Y encabezando la mesa presidencial estaba ella. Loreen. Un icono para algunos y la chica aquella que atronaba con su Euphoria en el festival de Eurovisión de 2012 para el resto.

Entre ellos Rajoy atento a su esposa Elvira Fernández que apostaron por los atuendos más previsibles; él de traje oscuro y camisa blanca con corbata y ella con un conjunto negro de falda y chaqueta alejado del glamour. Cospedal, un minuto después del presidente, desfiló por el aparcamiento por el que se accedía al restaurante con su traje de chaqueta y pantalón gris con naturalidad y la cabeza alta acompañada por su esposo. Soraya Saénz de Santamaría con la complicidad de Alfonso Alonso y de su esposa Beatriz Maylin evitó a las cámaras de la entrada y Pablo Casado con su guapísima acompañante se ganó a los periodistas con una sonrisa mientras en su muñeca izquierda asomaba una protección como la que llevan los toreros al final de temporada.

Allí se retrataron Andrea Levy, Moragas -siempre cerca del presidente-, Martinez Maíllo y Javier Arenas, Carlos Floriano y hasta Arantza Quiroga que llegó en el último momento del brazo de su marido sonriente y espectacular con una pieza gris con plumas en el cuello sobre un vestido fucsia. Pero fue Lorenzo Caprile quien, como si no, dio con el punto exacto que requería el evento «íntimo-político-renovador» de la boda gay que ha roto moldes en el PP. Su traje rosa palo con chaleco y camisa blanca dejó a todas y a algunos boquiabiertos.

Invitados que apuraron el cóctel cuando el termómetro ya bajaba de los 13 grados mientras el jazz-soul de Yolanda Gambin, LaDonnamusic, relajaba a los invitados (especialmente a Josema) y envolvía los primeros corrillos en los que se alababa el porte de Maroto y la simpatía de su ya marido. Música para las confidencias, para las primeras fotos y también para las primeras miradas de reproche a los invitados más osados que hicieron caso omiso al último correo electrónico de Josema en el que advertía de ser cuidados con móviles y cámaras de foto. Música suave y envolvente de una DJ que gana adeptos como Javier y Josema en los locales de ambiente como la Vermoutería o el OM en los que se mezclan con naturalidad gays y lesbianas como Yolanda y los contrayentes con ‘heteros’ encantados de compartir espacio sin roces.

Y entre ellos Rajoy y Elvira. El presidente fue colocado muy cerca de la mesa ‘presidencial’. Otro guiño frente a lo convencional porque en ese espacio central para una docena de personas ni estaban los ‘jefes’ del PP ni tampoco los padres y hermanos de Javier y de Josema. Y en las mesas, los novios gays bendecidos por el PP que apura sus posibilidades para seguir gobernando España tuvieron que hacer tantos equilibrios que prácticamente hasta primera hora de la tarde de ayer no terminaron de encajar los egos, rencillas y amistades de tanto dirigente del PP metido ya de lleno en campaña. Por si acaso y para no arriesgar demasiado, al presidente le ubicaron en la mesa de Céline Dion, la cantante que en el 98 ganó con su No os vayáis sin mi.

Un menú muy vasco

Fue la sorpresa gastronómica del convite nupcial y una de las pocas exigencias del vicesecretario sectorial del PP. Un pintxo con nombre de mujer pero que para nada constituye un peligro para Josema, el compañero de Universidad del que se enamoró Maroto cuando coincidieron en una fiesta de antiguos alumnos. Los platos de Gildas dieron mucho que hablar en el largo cóctel organizado en los jardines de El Caserón en Vitoria. Un entrante no apto para todos los gustos que la leyenda y Wikipedia sitúa en la Parte Vieja de Donosti, la cuna de casi todos los minibocados convertidos ya en objeto de culto gastronómico. Aceituna, guindilla y anchoa unidas por un humilde palillo que no son, ni mucho menos, uno de los bocados habituales en las bodas del Norte pero que sí que compiten de igual a igual en las barras de Euskadi con propuestas más creativas. Pero no sólo de Gildas -nombre prestado de la película que protagonizara Rita Hayworth- ‘vivieron’ los invitados al enlace ‘gay’ sino que también se disfrutó del jamón al corte, el salmón ahumado y el queso y los canapés de foie. Ya sentados una ensalada de gambas, yogourt y frutitas como primero dio paso a un solomillo al foie con salsa de hongos y Oporto. Y postre variado de despedida.

 

http://politica.elpais.com/politica/2015/09/19/actualidad/1442654337_493774.html

La conga de Rajoy y el PP

Los discursos de Maroto, Alfonso Alonso y sus amigos se convierten en un alegato de la historia del movimiento gay durante el enlace del exalcalde de Vitoria

El chispazo ocurrió sobre las 3.30 de la madrugada. En la megafonía del restaurante El Caserón de Vitoria, donde se celebraba la boda del dirigente del PP Javier Maroto y su pareja desde hace 19 años, empezó a sonar fuerte la canción-himno Y.M.C.A grabada por Village People en 1978 y los más animados se decidieron a arrancar una conga, ese baile cubano que pone a todos los invitados a una fiesta en fila y danzando por la sala. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que había sido ubicado en la mesa Céline Dion, dejó la silla donde había estado cenando con su esposa y otros miembros de la cúpula del partido, y se sumó a la fiesta. Fue después de escuchar por boca de Maroto, el ministro Alfonso Alonso y otros amigos de la infancia del contrayente todo un alegato a favor de la historia y la lucha del movimiento gay para lograr el matrimonio homosexual, que el PP recurrió ante el Tribunal Constitucional en 2005.

Justo ahora hace diez años, Rajoy dio la orden a un grupo de diputados del PP entonces en la oposición al Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero de recurrir la ley que permitía los matrimonios homosexuales porque entendían que desnaturalizaba y desvirtuaba la “institución básica del matrimonio”. En la noche de este pasado viernes, sobre las diez, Javier Maroto y su ya marido Josema Rodríguez, del que se enamoró cuando ambos estaban en la universidad, salieron a la puerta del restaurante vitoriano y el vicesecretario general de Política Sectorial del PP señaló: “Esta boda humilde es también un paso más al reconocimiento del matrimonio sea quien sea quien lo contraiga. La libertad para todos con los mismos derechos. Y hoy, una década después, mis compañeros de mi partido han querido dar este paso al frente”.

No fue el único ni último alegato de la noche sobre lo que le ha costado al movimiento gay llegar a este punto. Maroto quiso así destacar, con su marido al lado, que para disfrutar ahora de ese logro antes “muchísimos hombres y mujeres activistas” tuvieron que lucharlo durante décadas. Cuando el PP interpuso el recurso ante el Constitucional muy pocas voces en ese partido se mostraron en contra y fue destacado entonces el rechazo a esa iniciativa de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

En Vitoria, sin embargo, el PP siempre tuvo una posición de avanzadilla y sus responsables políticos tampoco respaldaron aquel recurso. Y no solo Maroto. Dentro de la propia fiesta de la boda del exalcalde de la ciudad, el ahora ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, que también fue regidor de la capital vasca, se expresó inequívocamente al margen de lo que había sido hasta ahora la línea oficial del partido. Alonso y otro amigo de la juventud de la pareja hicieron una glosa en sus discursos en la ceremonia de la lucha por la libertad del movimiento gay, por la tolerancia en general, y también un reconocimiento a lo que algunos tuvieron que soportar para alcanzar este punto actual mientras que otros intentaban cercenar esa libertad.

El presidente Rajoy escuchó atentamente todas esas intervenciones y ayer las aplaudió. El líder del PP refrendó así, acudiendo al festejo y deseando “toda la suerte del mundo” a los contrayentes, no solo un giro en su posición personal , sino también un cambio radical en las tesis oficiales de su partido.

La boda personal e íntima de Maroto se transformó en una fiesta política y en la constatación de la evolución del PP en ese punto. Desde el primer minuto y hasta el último, cuando el presidente y la vicepresidenta abandonaron el local sobre las seis de la mañana.

Javier Maroto, que es un auténtico fan de Eurovisión, quiso que todo estuviera pensado al detalle. La velada comenzó así con la canción Building Bridges, de Conchita Wurst, que se creó como himno de la edición del año pasado en Viena y se transformó en otro himno gay. Los invitados estaban situados en mesas de cantantes o grupos ganadores del festival, desde Masiel a ABBA.

El festejo permitió ver, de nuevo, a un Rajoy más suelto y con ganas de divertirse que aguantó en la velada hasta el final, casi a las seis de la madrugada. Rajoy bailó, como lo hicieron otros dirigentes presentes, pero lo que más destacó en ese apartado de la fiesta fue el diferente comportamiento y la distinta facilidad para la integración entre la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. La número dos del PP, siempre acompañada de su marido, apenas se movió y se marchó temprano. Sáenz de Santamaría, que acudió sin su esposo, danzó con todos los grupos y hasta agarró el micrófono para cantar temas de Nino Bravo y Mocedades y fue una de las últimas en retirarse.

Javier Maroto reservó para el final de la ceremonia un homenaje a su tierra vasca y un grupo despidió a todos los presentes con un aurresku.

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