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Las otras desapariciones de Diana Quer

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Su única preocupación era ser modelo y vivir del cuento. Padecía anorexia, que no olvidemos es un trastorno mental. Continuas discusiones entre madre e hijas con ingreso hospitalario incluido. Desapariciones frecuentes durante días. Repite curso y sigue suspendiendo. Más de cien faltas a clase. Etc.

Por mucho menos a otros padres se les mete en la cárcel como en este reciente caso.

Pero la juez no le quito la custodia a quien no estaba capacitada para criar a sus hijas ni el fiscal se molestó en defender los intereses de la menor. De hecho, es evidente que la madre es la responsable de la situación actual de sus hijas. Uno más de los miles de casos que se dan cada año en España.

El colmo es que ha mentido a la policía obstaculizando la localización de su propia hija. Sólo esto la invalida para poder volver a decir palabra alguna. No sólo no está en la cárcel sino que en estas semanas todos los medios le han hecho una campaña para lavar su imagen y que nos compadezcamos del sufrimiento de la “pobre madre”. Lo habitual.

Quien miente es que tiene algo que ocultar. Detrás de un mentiroso siempre hay un ladrón.

Cuanto más se sabe de este caso más repugnante resulta. Entre otras cosas por resultar tan familiar. Tanta corrupción y tantas personas afectadas.

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Las otras desapariciones de Diana Quer

Valeria (a la izquierda) y la desaparecida Diana junto a su padre, Juan Carlos Quer, en Palma de Mallorca, donde el empresario cuenta con un velero.

Dicen sus amigos que escaparse era su forma de castigar a su madre

Qué se sabe y qué no sobre la desaparición de Diana Quer

JAVIER NEGRE- 12/09/2016

Mes de abril. Son las ocho y media de la mañana en un aula del instituto público Arquitecto Ventura Rodríguez de la localidad madrileña de Boadilla del Monte. En sus paredes blanquecinas cuelgan murales y un colorido mapa político de Estados Unidos. La profesora de inglés del grupo C de primero de bachillerato pasa lista por orden alfabético. Los 25 alumnos no están entusiasmados con el repaso de los phrasal verbs. Es turno de cantar la Q… de Diana Quer. La maestra alza la mirada hacia el pupitre verde donde se suele sentar la adolescente. Está vacío, pero no desliza lamento alguno. No le sorprende. La estudiante acumula más de 100 faltas a clase en un mismo curso y arrastra cinco suspensos después de haber repetido, según confirman varios de sus compañeros. Cuarenta minutos después, la madre de la chica, Diana López , irrumpe exaltada en el centro educativo. Le pide a la conserje que saque a su hija del aula, pero Diana ya no está. Se ha esfumado.

La madre no obtuvo respuesta de la joven de 18 años hasta tres días después. Ni un whatsapp. Ni una nota de voz. Ni una carta de su puño y letra, según explican desde el entorno de la adolescente. La ama de casa no denunciaría su desaparición a la Guardia Civil como sí hizo este 22 de agosto en A Pobra de Caramiñal, un pueblo coruñés de 9.600 habitantes, cuando se percató de que su primogénita no estaba en casa a las ocho y media de la mañana. Lejos de preguntar a sus amigas si conocían su paradero, Diana informó a la Benemérita, comportamiento que despertó suspicacias entre los agentes. “Lo normal es que hubiese tanteado a su entorno antes de llarmarnos”, comentan desde la Guardia Civil. La madre les vendió que su relación con ella era “idílica” y les ocultó que su hija ya se había fugado en otras ocasiones por discusiones parecidas a las que había mantenido esa noche con ella, según algunas amistades.

“Andaban siempre de bronca. De hecho, Diana ya le había dicho ese verano a su madre que se iba a ir para no volver nunca”, confirman estas mismas fuentes, que han sido interrogadas por los mismos investigadores que ya resolvieron eficazmente el truculento caso Asunta. En la primera huida de Diana de tres días ni siquiera sus mejores amigas llegaron a saber dónde pernoctó a pesar de que tenía tendencia a publicitar todos sus movimientos en sus redes sociales. “Era muy confiada, su entorno era muy cambiante, se fiaba de chicos que conocía por internet y luego se andaba quejando de que si la acosaban. [fusion_builder_container hundred_percent=”yes” overflow=”visible”][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”no” center_content=”no” min_height=”none”][Era habitual ver en el Twitter de Diana sus quejas ante supuestos acosadores]. Sus escapadas de casa eran continuas pero siempre volvía. A veces le decía a su madre que se iba con el padre y realmente no se iba allí. La engañaba mucho. Cuando desapareció yo no estaba preocupada. Sabía que volvería, pero ahora no entiendo nada. Diana ya habría vuelto. Es muy alocada pero no tanto como para irse de esta manera. Siempre amenazaba con desaparecer, pero esta vez han podido hacerla desaparecer”, dice a Crónicauna de sus tres mejores amigas.

A Diana le gustaba escaparse apagando el móvil “para joder a su madre y preocuparla”, como relata una allegada. Desaparecer de una realidad familiar marcada por el cruento divorcio de sus padres tres años atrás. De una vida repleta de desengaños amorosos. De su falta de autoestima. Porque su deseo era ser modelo de Calvin Klein o una dependienta de curvas imposibles en la tienda de la marca surfera norteamericana Hollister. Pero no pasó el casting, un duro golpe para una joven de buen corazón que llegó a sufrir anorexia y que nueve meses antes de su fuga había avisado en Twitter de sus verdaderas intenciones. Esta red social se convirtió en el reflejo de su alma atormentada. De sus traumas adolescentes. De sus disputas con su hermana Valeria, de 16 años, a la que “envidiaba” y menospreciaba públicamente. “Qué hija de puta tengo por hermana”, o “Mi hermana y el régimen igual a insoportable” son algunos de sus tuits. Valeria tampoco escondió esta animadversión cuando lanzó en Facebook un mensaje para encontrar a su hermana.

“Si apareces, te juro que te mato, te mato a todos los besos y abrazos que no te he dado. Nunca me he portado muy bien contigo y, a decir verdad, en estos momentos es cuando uno valora lo que tiene, cuando está a punto de perderlo y, si te pierdo a ti, me pierdo yo también. (…) Has superado anorexia y miles de adversidades y has sido capaz de superarlas con esa sonrisa que tienes y digo tienes porque tengo la esperanza de que la sigas teniendo y sé que la sigues teniendo. Vuelve, Diana”, escribió Valeria.

Diana nunca escondió a nadie su deseo de evaporarse. De quitarse de en medio.”Me vendría bien desaparecer una temporadita”, escribió el 27 de julio de 2015. ¿Pero por qué quería fugarse? ¿Qué llevaba a una joven atractiva de familia adinerada y con acceso a numerosos caprichos a poner tierra de por medio? Es la pregunta que lanzamos a su entorno más cercano. La respuesta no tarda en llegar.”Estaba muy enamorada de un chico que le hizo la vida imposible, con el que tuvo que vivir un episodio traumático. Él no le ayudó y se sentía abandonada. Eso, unido a que no soportaba a su madre y que quería irse a vivir con su padre, le provocó una infelicidad constante. Ella estaba enfrentada al mundo por las circunstancias difíciles que le había tocado vivir”, dice una chica con la que solía bailar reggeaton en la terraza Aviva Sky de Majadahonda, el coqueto refugio donde las niñas bien de la zona norte de Madrid se mezclaban con los malotes del municipio. Con algunos de esos chavales que, según declaró el padre de Dianaen Espejo Público, “estaban bordeando la ley”.

Diana vivió su relación de amor más traumática con mucha intensidad. El cariño que no encontraba en un domicilio familiar resquebrajado por la ruptura de sus padres siempre lo había buscado en los brazos de los hombres. Normalmente desconocidos y con estética de concursantes del reality Mujeres, hombres y viceversa. Jóvenes fornidos y tatuados, con looks a lo Cristiano Ronaldo y con escaso bagaje académico. Sus discusiones con su madre y con hermana Valeria eran constantes y ella buscaba evadirse con emociones fuertes, con amores imposibles, con vivir el romance a flor de piel de la protagonista de Tres metros sobre el cielo, su película de cabecera. Soñaba con ser esa chica de familia acomodada que se enamora apasionadamente de un chico problemático a pesar del criterio contrario de sus padres. Era su forma de reaccionar ante el mundo de riqueza en el que se había criado y que tanto detestaba. Su padre, con fuertes vínculos con algunos ministros del Gobierno de Rajoy, es un acaudalado empresario dedicado al sector inmobiliario de lujo y le concedió tanto a ella como a su hermana Valeria una vida de privilegios, que empezaron por vivir en un chalé de dos plantas y una parcela de 500 metros cuadrados en Monte Alina, una de las urbanizaciones más exclusivas de Pozuelo de Alarcón donde reside, por ejemplo, el ex presidente José María Aznar. O matricularla en el elitista Aquinas American School, que Diana terminó cambiando por un instituto público, para enfado de su progenitor.

“Diana siempre andaba juntándose con gente que no le correspondía por su clase social. Era rebelde y sus padres ya no podían con ella. Pero vamos, que es algo muy típico entre las niñas pijas de su edad. No quieren al empollón de turno, sino al cafre. Y su ex se lo hizo pasar bastante mal”, comenta un amigo.

Su antigua pareja, acongojado por la llamada de Crónica, se muestra esquivo.”No me metáis en este lío. Yo no tengo nada que ver con la desaparición de Diana, ni os voy a contar todo lo que sé de ella”, explica un chico al que la ahora desaparecida conoció semanas después de haber roto visceralmente con otra persona a la que declaró su amor en Twitter. Con fotos de acalorados besos inclusive. Porque Diana tenía siempre necesidad de radiar sus cambiantes estados de ánimo y sentimientos en el universo 2.0, los mismos que escondía en su núcleo familiar. Era una montaña rusa.

“Me has jodido la vida”

El adolescente no se siente responsable de una hipotética huida de Diana Quer, pero las amigas de la joven le sitúan como el causante de un desamor que llevó a la chica a tocar fondo. A cubrir su rostro de lágrimas y a gritar su impotencia a los cuatro vientos. Un momento de depresión del que jamás se recuperó. De hecho, Diana le dedica a su ex un mensaje clarividente en Twitter. “A mí me has jodido la vida, pedazo de cabrón”, tuiteó el verano pasado.

La tensión entre ambos no se rebajó con el paso de los meses. Sin embargo, la Guardia Civil no le sitúa a priori entre los sospechosos a pesar de que no descarta ninguna línea de investigación, según explica el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa. El mismo que reconoce la complejidad de un caso en el que se ha mezclado una extraña desaparición con la batalla en prime time que están protagonizando dos padres como si fuesen los personajes de La guerra de los Rose.

“Esto es como buscar una aguja en un pajar”, explicó el viernes Fernández de Mesa, quien se desplazó a Galicia para rebajar la incertidumbre de unpaís donde desaparecen 14.000 personas al año. Los agentes peinaron la ría de Arousa y han rastreado ya centenares de matrículas de coche captadas por cámaras de seguridad. Se sospecha que Diana pudo montarse aquel 22 de agosto en un vehículo de un conocido dada la rapidez con la que se movió su móvil antes de apagarse. Están a la espera de recibir datos de la compañía de teléfono de Diana para conocer la localización de su terminal. También han interrogado a personas cercanas a la madre, que no estaba pasando por su momento más estable. El viernes, al cierre de este suplemento, los investigadores habían avanzado “considerablemente” y habían estrechado el círculo de los posibles sospechosos, todos ellos conocidos de la joven.

Lo que ya está confirmado es que la madre de Diana mintió en sus primeras versiones ante la Guardia Civil. Negó que existiese una discusión con su hija antes de su marcha y descartó que hubiese vuelto a casa a cambiarse de ropa. “No la escuché al entrar”, llegó a decir, a pesar de que la habitación de su hija es contigua a la suya. Los agentes han podido confirmar que la joven regresó a su chalé, se quitó los shorts rosas que llevaba y se puso unos tejanos largos y una cazadora. También varios testigos confirman que oyeron voces en el interior del domicilio a altas horas de la madrugada. Alrededor de la medianoche del día de su desaparición, Diana mandó un whatsapp a un amigo informándole de que al día siguiente volvería ya a Madrid a pesar de que los planes de la madre eran estirar unos días más las vacaciones. Diana salió a la feria de A Pobra, allí coqueteó con un chico marroquí y amante del cannabis, y regresó a su domicilio para volverse a ir sin su DNI ni tarjetas de crédito. Sólo llevaba 20 euros en el bolsillo.

Entre las 2.40 y las 2.43 horas, mantuvo una conversación de whatsapp con un amigo de Madrid reconociendo que regresaba a casa y que se había asustado porque un feriante la estaba llamando: “Me estoy acojonando”, escribió. Ya a las 3 y media mandó una nota de voz a una amiga diciéndole que la quería “mucho” y media hora después su móvil se apagó y se perdió su rastro. La Guardia Civil sospecha que su salida de casa se debió a una discusión con la madre, ¿pero a qué se debió la tensión entre madre e hija? Según fuentes cercanas a Diana, la joven fue obligada a pasar las vacaciones en Galicia cuando a ella le apetecía marcharse a Mallorca a navegar con su padre Juan Carlos Quer, que posee un velero. Diana llegó a escribirle desde Galicia a su padre días antes de desaparecer y éste le sacó los billetes de avión, pero la chica cambió de parecer.

Las hermanas Quer siempre habían deseado estar con su progenitor, escapar de los problemas de la madre. Y, en plena búsqueda de Diana, un juzgado gallego decidió retirarle la custodia de Valeria a la madre y dársela a su marido. Juan Carlos Quer, que ahora se teme el peor de los escenarios para Diana, aseguró que esta medida había llegado “tarde” porque sus hijas habían padecido “situaciones límite”.

Días antes de la desaparición de Diana, hubo una fuerte discusión entre ella, su madre y su hermana pequeña, que tras el enfrentamiento fue atendida por una crisis de ansiedad. Después de aquello, las discusiones no cesaron. Diana estaba deseando volver a la capital y quiso evadirse sacándose el carné de conducir. Existe la sospecha de que alguien pudo ofrecerle un traslado hasta Madrid, que pudo acabar mal. En A Pobra de Caramiñal, los vecinos siguen conmocionados. Algunos recuerdan cómo 30 años atrás una persona desapareció en extrañas circunstancias. Fue encontrada muerta días después.

http://www.elmundo.es/cronica/2016/09/12/57d5087f268e3e524c8b4660.html[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]

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