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Más de 430.000 mujeres han tenido vigilancia policial por malos tratos

 

La cifra es tan desmesurada que cae por pura lógica.

¿Alguien puede creer que haya tanto maltratador?

¿Alguien puede creer que esto sirva para evitar asesinatos?

No es sino una medida más para justificar el negocio montado alrededor de esta supuesta “lacra social”. Medida que, como el resto, no sirven para evitar asesinato alguno pues “quien quiere matar, mata” como nos asegura la juez Parera.

Es evidente que lo que hay detrás de la práctica totalidad de los casos es un simple negocio. Denuncias y te quedas con todo: niños, casa, etc.

La industria del maltrato mueve ingentes cantidades de dinero de las que viven muchos estómagos agradecidos.

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Más de 430.000 mujeres han tenido vigilancia policial por malos tratos

«Nuestro trabajo es que no se sientan solas, convencerlas de que pueden salir adelante», dice un policía que vive pegado a un móvil abierto 365 días al año que, para mujeres amenazadas, es el único hilo que les ata a la esperanza

Una mujer es atendida en dependencias policiales

Una mujer es atendida en dependencias policiales – CNP
LAURA L. CARO 

Pongamos que se llama Ángel. Es policía nacional, especialista en el tratamiento de violencia doméstica, y vive pegado a un teléfono móvil abierto 365 días al año que para un número determinado de mujeres amenazadas es el único hilo que les ata a la esperanza. La de que no las maten.

Las mujeres y el policía se conocen desde el mismo día que ellas fueron a comisaría para denunciar que estaban siendo víctimas de maltrato, y la interacción es constante. Confianza mutua y amparo 24 horas, que no entienden de vacaciones ni de días especiales –Ángel tuvo que atender una llamada de urgencia mientras bautizaban a su hijo–, ni tampoco de descanso. Porque el agresor tampoco descansa. El policía lo sabe bien. No en vano, ya se ha entrevistado con él para que sepa a qué atenerse legalmente en caso de quebrantar el alejamiento y para que conozca que se vela por la seguridad de su expareja día y noche. La disuasión puede funcionar, pero en todo caso al agresor se le monitoriza sin fin si así lo manda el juez para saber dónde anda, aun si se ha mudado a vivir a mil kilómetros de distancia.

La figura de Ángel –nombre de custodio, que oculta su identidad real – es la del agente protector de mujeres en riesgo, que no es ni mucho menos nueva. Pero cada vez está más profesionalizada y personalizada, convertida en pieza clave del engranaje del Plan estratégico del Cuerpo Nacional de Policía en el ámbito de la violencia familiar y de género, dentro del cual se creó a finales de 2014 la UFAM (Unidad de Familia y Mujer) que hoy componen 1.700 policías repartidos por toda España en 173 unidades territoriales, integrantes todos de las antiguas SAF (Servicio de Atención a la Familia) y UPAP (Unidad de Prevención, Asistencia y Protección).

Dotados de una formación hiperespecializada, que conecta su trabajo con otros organismos implicados, como la administración de justicia o los operadores sociales, en los hombres y mujeres que desempeñan esta misión concurren características –compromiso disponibilidad, empatía, sensibilidad…– que contribuyen a que su labor vaya mucho más allá de la acción policial.

«Hay que denunciar»

«Nuestro trabajo es que las mujeres nunca se sientan solas, decirles ‘tú puedes’, y que se sale de la situación que están sufriendo. Para ello es fundamental empoderarlas, informarles muy bien del proceso, de qué va a pasar en cada momento, si vamos a detener al agresor y de los recursos que existen, como las casas de acogida». Son palabras de la inspectora jefa responsable de la Sección la Protección de UFAM, que prefiere dejar al margen su nombre para que todo el primer plano lo ocupe el mensaje útil, el fundamental: hay que denunciar. «Si no hay denuncia –advierte– no sabemos nada y no podemos proteger».

La protección no se limita a las alertas. De hecho, un efecto principal es evitar un calvario clásico de las mujeres –la denominada «doble victimización»– que ha consistido en tener que ir relatando su historia de pesadilla declaración tras declaración, cada vez que hay una nueva denuncia, instancia a instancia por juzgados, asistencia social, comisarías… El agente es depositario del caso y acompaña a la protegida a cualquier gestión, desde el momento del primer juicio rápido, para impedir incluso que allí se cruce con el agresor o los familiares de él.

«Hacemos lo máximo posible en cada momento. No somos supermán»resume Ángel, restándose importancia. Pero en su haber se acumula años de experiencia que pertenecen al secreto profesional, en los que no han faltado éxitos que no se cuentan, ni tampoco sinsabores, como ver a mujeres gravemente amenazadas conviviendo de nuevo con sus verdugos. «Hemos tenido que ir al domicilio y llevarnos de allí al hombre, porque tenemos que hacer cumplir la orden de alejamiento». En situaciones de riesgo extremo, ha dormido en un coche custodiando el portal de la víctima y con una foto del agresor bien a mano. Según Interior, desde 2007, 430.416 mujeres han estado bajo seguimiento policial en algún momento. Hoy son 51.773.

http://www.abc.es/espana/abci-mas-430000-mujeres-tenido-vigilancia-policial-malos-tratos-201608010802_noticia.html

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