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Patricia, trabajadora social: “Los jóvenes viven con sensación de fracaso. Y las chicas empiezan a pensar en el hombre como soporte”

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El 80% de las personas sin techo que atiende en el centro que dirige son hombres. Pero las víctimas son ellas.

Repito, que dirige ella.

Tras casi cuarenta años de “coeducación” implantada con la LOGSE del PSOE y de Educación para la Ciudadanía, la mayor parte de las niñas siguen pensando en cazar marido que las mantenga. Se vive mejor. Pero la culpa es de ellos.

Los hombres acaban solos sin ayuda alguna mientras las mujeres rara vez se ven abocadas a la soledad. Pero la culpa es de la opresión machista.

Las mujeres y los hombres optan por caminos diferentes porque son diferentes. Empezando por su físico y su aparato reproductor. Pero la culpa es del patriarcado y los machistas.

La propia entrevistada ha renunciado a tener hijos. Demuestra con ello sus graves problemas mentales. Pero es la sociedad patriarcal la obliga a las mujeres a ser sólo úteros, según el dogma feminazi.

La capacidad de asombro nunca se colma con las feminazis. Es increíble como pueden distorsionar la realidad para adaptarla a sus disparatados dogmas y justificar así sus problemas mentales.

Carne de psiquiátrico.

-o-o-o-o-

ESPECIAL #ELMUNDOENFEMENINO

Patricia, trabajadora social: “Los jóvenes viven con sensación de fracaso. Y las chicas empiezan a pensar en el hombre como soporte”

Patricia Gómez dirige los servicios sociales de un centro de personas sin hogar. JAVIER NADALES
RAQUEL QUILEZMadrid

Patricia Gómez tiene 38 años, dirige los servicios sociales de un centro de personas sin hogar en Madrid y es una de esas mujeres que tienen las cosas claras: por ejemplo, que no quiere ser madre, que quería comprarse su piso sola, que le gusta ser independiente. Y a veces, paga por ello: “Creo que las mujeres vivimos una doble injusticia. Por un lado, por el hecho de serlo, pero, además, a nivel laboral si no tienes hijos también tienes menos derechos porque se supone que tienes menos responsabilidades. Y eso no es justo, yo tengo vida igual. He tomado la decisión voluntaria de no ser madre, pero merezco las mismas condiciones que el resto”.

Vayamos a lo general: como trabajadora social, Patricia ve muchos signos de alerta en torno a la desigualdad: “Hacemos actividades sobre sexismo en los institutos y nos llama la atención ver cosas que en mi generación habían desaparecido. Las chicas juegan el rol de que somos diferentes y hablan de buscar a “uno que les retire”. He escuchado frases así a chavalas de 15 años, algo que supone varios pasos atrás respecto a mi generación, que estábamos en el sé tú misma, sé independiente, vive sola… Creo que es por la desmotivación, yo cuando era joven quería estudiar y pensaba en mi futuro, tenía un montón de objetivos y sueños, que luego se han cumplido o no, o se han transformado, pero ellos viven inmersos en una sensación de fracaso, de que no hay opciones y da igual estudiar o no. Y las chicas empiezan a pensar en la pareja como soporte,buscan alguien que las saque de una casa y las meta en otra. Es durísimo”.

Patricia cree que hemos dado por conseguida una igualdad que está lejos de existir. “Hoy, las redes sociales pueden destrozar la vida de una chica con temas relacionados con el sexo, por ejemplo. Eso con un chico no pasa. Creo que la sociedad se ha estancado en impulsar temas que nos lleven a la igualdad. Estamos cerrando los ojos y me da miedo lo que viene detrás”.

Ella trabaja en un centro que asiste a personas sin hogar. Allí la proporción es en su mayoría masculina, un 80-20. “Ellas llegan menos a esa situación de desestructuración absoluta porque la mujer siempre tiende a mantener una red e incluso cuando ésta está al límite siguen manteniendo contacto con hermanas, madres, tías…. Los hombres, en general, son distintos, y cuando rompen, rompen. Pero, eso sí, las mujeres que llegan a esa situación son mucho más vulnerables, sufren palizas, abusos sexuales, se agarran a lo primero que venga, a hombres que las someten a un nivel de maltratos tremendos… La desigualdad se multiplica por mil cuando vas bajando a niveles en los que la necesidad es mayor y en las que, por desgracia, la situación económica y cultural es más baja”.

Vamos ahora a lo particular, a la vida de Patricia. Su entorno profesional es eminentemente femenino. “En el mundo social y sanitario somos mayoría mujeres porque las profesiones de cuidado están más vinculadas a nuestro género. Aunque también te encuentras con jefes que… Yo he tenido alguno acosador, fui interina mucho tiempo y me decía, ‘si no haces determinadas cosas, puede que no consigas la plaza’ y cosas así”.

-¿Cómo lo gestionó?

“Intentando esquivar, torear, no tomando la decisión correcta, que habría sido denunciar, porque era un trabajo que me gustaba mucho y tenía miedo a perderlo. Al final terminé despedida y me arrepentí. Bueno, aprendes, no me volverá a pasar, eso te lo aseguro”. “El problema es que al final tienes un pequeño sentimiento de ‘a lo mejor yo he hecho algo que ha podido llevar a la confusión, a lo mejor ha sido mi actitud’…. Y no, se trata de la superioridad de uno sobre otro, y cuando la superioridad se jerarquiza, se multiplica por mil”.

-Y la igualdad en su generación, ¿se ha consolidado?

“Yo miro a mis compañeros del instituto o de promoción y, siendo objetiva, veo que han prosperado más ellos que ellas. Ellos están como como responsables y ellas se han quedado en un lugar bastante intermedio. Y conociéndoles y viendo su historia dices, por qué, si unos no valen más que otros. A veces ellas mismas te dan la respuesta: bueno, es que yo ahora con los niños no puedo dedicarle tanto al trabajo…”.

Los hijos, esa presión del entorno. “La presión es tremenda, ‘ ¿pero no piensas tener hijos?’, ‘¿pero no piensas casarte?’, ‘¿y te vas a comprar la casa sola?’, ‘te vas a quedar sola cuando seas mayor’… Ahora con 38 años ya no me lo dicen, debe ser que me dan por perdida -bromea-. ¿Es que es una obligación vital de las mujeres o qué? Sé cómo se hacen, si no los tengo a lo mejor es que no quiero, o no puedo, o he decidido que mi camino es otro… Y lo peor es que generalmente ese tipo de comentarios vienen de mujeres”.

“La verdad es que yo cada vez me veo más independiente. Cuanto más maduras, más arraigas el sentimiento de individualidad y de control de tu vida. No volvía a los 20 años ni loca. Y seguro que aún así alguna vez con alguna pareja te sorprendes pensando, ‘claro es que él vale mucho’, lo que implica que tú vale menos. Hay momentos en los que surge esa especie de instinto que te hace ponerte en una situación de inferioridad sin que, por supuesto, la persona que tienes enfrente haya hecho nada para provocarlo. Lo tenemos muy interiorizado, mucho más de lo que creemos”, termina.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/06/13/574c4d6d46163f786c8b45ff.html

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