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Samanta Villar: ‘Pensé en prostituirme para hacer un reportaje’

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Las mentiras feminazis desmontadas una y otra vez por la tozuda realidad.
Crear un problema inexistente, exagerarlo, crear la victimización que justifique la intervención totalitaria y la industria que se genera alrededor.
Conviene leer el artículo hasta el final.

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Samanta Villar: ‘Pensé en prostituirme para hacer un reportaje’

Foto: Gtres online.

SARA MONTERO

22/06/2015

Por tele, radio y papel, Samanta Villar defiende el periodismo gonzo. Tras hacerlo en cada emisión de ’21 días’ y ‘Conexión Samanta’, el programa en el que trabaja actualmente, decidió abordar el complejo y polémico tema de la prostitución en el libro‘Nadie avisa a una puta’(Libros del K.O., 2015). Tan lejos lleva su amor por la transgresión, que se planteó hacerse pasar por una profesional del sexo para un reportaje. Fue el estigma social la que la frenó: “tendría que justificarme toda mi vida”. Aunque no compartió la experiencia con los personajes de su relato, sí pudo sentir en sus carnes la espada de Damocles que pesa cada día sobre la cabeza de estas mujeres: la del miedo al rechazo.

Una ‘asistente sexual’ que se alivia los deseos de los discapacitados,un grupo de chicas que trabajan en un piso, una anciana que sobrevive gracias a sus clientes de toda la vida, la chica que se enamoró de un hombre que conoció en internet, la dura historia de una víctima de explotación sexual, la vida nocturna de los falsos hoteles donde se prestan servicios sexuales y la ‘escort’ que ama su trabajo plagado de lujos forman este libro coral y sorprendente que muestra la cara menos conocida (y la más amable) de la prostitución. Hablamos con Villar de algunos de los aspectos más interesantes de esta controvertida profesión.

¿Por qué decidiste escribir sobre la prostitución?

Me lo sugirió una persona cercana y en la búsqueda de las prostitutas me ayudó mi amiga Rebeca Tobelem. Al principio no encontraba bien el enfoque, pero según fui indagando, me di cuenta de que la idea que yo tenía de la prostitución era muy diferente a lo que las chicas me iban contando. Creo que se puede dar una visión muy novedosa y normalizadora de la prostitución. A mí no hay nada que me guste más que la trasgresión.

¿Cuál es la diferencia entre la realidad y el estereotipo?

El estereotipo confunde todo el rato la explotación sexual y la prostitución. Una cosa es la trata de mujeres, que es un crimen y hay que perseguirla y erradicarla, y otra cosa es la que ejercer las mujeres de manera voluntaria. Hay muchas que lo hacen libremente y reivindican sus derechos, su consideración por parte de la sociedad y la eliminación del estigma. Estas mujeres emancipadas, independientes y profesionales del sexo dominan de puertas para dentro: deciden qué servicios hacen, cuáles no y a qué precio. Si llega un cliente que pide un servicio que tú no haces, no se le atiende. Además, está el concepto también poco conocido de cliente fijo, señores que acuden a ellas semana tras semana durante años. Cuando estableces una relación tan personal durante tanto tiempo surge una amistad como mínimo.

¿Y el estigma afecta también a los clientes?

Sí, cuando hablas con ellas te das cuenta de que esa imagen de viciosos, depravados, medio drogadictos, que acuden a una mujer para dar rienda suelta a las fantasías más perversas, en realidad no existe. La mayoría son hombres normales y corrientes: padres de familias, buenos maridos, de unos 35 a 50 años. Es verdad que cada vez hay clientes más jóvenes porque estamos asistiendo a un tiempo de ruptura de los conceptos morales relacionados con el sexo. Son solo hombres aburridos, que van al trabajo de una señorita que les hacen sentir bien. Normalmente un hombre no aguanta una hora teniendo sexo. Hay un cuarto de hora de sexo y tres cuartos de hora de compañía: de escuchar, de comprender, de decirte que guapa estás, qué estupendo… Ellos entienden el juego y saben que su trabajo es ese.

¿Cuánto de verdad y cuánto de mentira hay en la prostitución?

Hay mucha mentira, para mí ellas son sobre todo actrices. Es como en otros muchos trabajos de cara al cliente, tienes que sonreír. Igual que a mí me molesta que una dependienta me atienda de morros, imagínate en un acto tan íntimo como el sexo. No es un trabajo para cualquiera.

“Si no hubiera miseria, habría menos prostitutas, pero si no hubiera estigma habría muchas más”, reconoce Montse, el primer testimonio del libro. Además de a clientes habituales, esta prostituta presta servicio a hombres con discapacidad, algo que ella describe como una función social.

¿Hay alguna diferencia entre la asistente sexual y la prostituta?

Claro, ella utiliza ese nombre para los servicios a gente con discapacidad. Alguien que no la tenga, no necesita asistencia de ningún tipo. Es un término muy transgresor, es un juego de palabras con el nombre de “asistencia social” y además es muy gráfico. Hace entender que cumples una función importantísima para esa gente.

A veces vas a hacer servicios con estas mujeres, ¿cómo consigues ganarte su confianza?

Hay muchas de ellas que tienen la necesidad de compartir sus vivencias. Ponte en su piel. Están llevando una doble vida. Su gente más cercana no sabe que están ejerciendo la prostitución. Vivir con eso encima durante años es un estrés: tienes que saber mentir y mantener la coherencia. Eso es agotador. Muchas de ellas sienten alivio al compartir su historia con alguien.

Hablando de ponerse en la piel del otro, en el libro cuentas que te planteaste prostituirte para un reportaje.

Sí, me hace gracia porque esto llama mucho la atención. Yo siempre en mis reportajes, desde ’21 días’, intento experimentar de alguna manera aquello que se va viendo. Por tanto, el siguiente paso era preguntarse, ¿me prostituiría?. El ‘quiz’ de la cuestión de ese planteamiento es que enseguida dije ‘no’ y luego reflexioné y me pregunté ‘¿por qué respondo tan rápido que no, si yo misma he descubierto un mundo que no es tan difícil como yo pensaba y que no me parece tan tremendo? Eso es, simplemente, el peso del estigma. A todos nos han programado educacionalmente para rechazar cualquier contacto con la prostitución y yo misma sentí en ese momento ese peso. Entonces reflexioné sobre qué sentirían ellas. Me pareció muy interesante ese momento. Yo iba preguntando como curiosidad por los ‘clubs’ y a las chicas cuánto podría cobrar y me decían que 3.000 euros. Yo sé que si llegase a hacer eso tendría que justificarme toda mi vida, esconderme o dar explicaciones profesionalmente, personalmente, a mi familia, etc. Tienes todo un entorno que te presiona para que no lo hagas.

De todas las historias del libro la menos sorprendente es la víctima de la trata.

Es verdad, es la que todos conocemos. Quizás influida por ese estereotipo, me parecía que teníamos que incluir la trata porque forma parte de esa realidad. Cuanto más tiempo pasa, más pienso que me faltó un poco de valentía para decir ‘no’. Ya está bien, ¿por qué hay que meter un pie en esto para que no te puedan decir que estás en los mundo de yupi y no has visto la realidad?. Por otro lado, me venía muy bien porque el hecho de que solo 1 de las 7 historias sea de la trata está en sintonía con una cifra de la ONU que es muy desconocida: solo 1 de cada 7 prostitutas en el mundo ejercen obligada. Cuando me di cuenta de que el libro está estructurado así fue una feliz casualidad, pero luego pensé que quizá no era tan casual.

¿Has recibido ‘feedback’ de las asociaciones feministas?

Entre las propias feministas están bastante divididas. Al abolicionismo se llegan por vías totalmente opuestas: la de las mujeres más conservadoras y la del feminismo más combativo, que no tiene nada que ver con las primeras, pero que consideran que abolir la prostitución significa luchar a favor de los derechos humanos. Esos extremos se tocan. Es verdad que el otro día en Twitter tuve tres tuits muy escuetos pero en los que quedó muy clara su opinión. Por desgracia buena parte del feminismo no entiende que hay un sector de trabajadoras sexuales que las necesitan. Ellas creen que sigue siendo un trabajo de sumisión al hombre porque no saben que de puertas para dentro son las prostitutas las que dominan. No están obligadas a hacer lo que quiera el cliente. Cuanto más cobras más decides y eso pasa en todos los trabajos. Me da pena que las feministas no estén apoyando a las prostitutas, me parece una situación injusta y cruel y que con el tiempo cambiará.

En el libro hay muchos aspectos positivos de la prostitución y pocas oscuridades, ¿es intencionado?

Claro, yo vengo a descubrir lo que no sabes. Lo oscuro ya lo conoces porque te lo han contado los medios de comunicación. Lo que no sabes es que las cifras que se dan no son reales. No es verdad que el 95% de las prostitutas lo hagan obligadas. Si buscas las fuentes de las estadísticas te das cuentas de la inconsistencia: no hay un censo real, no se ha estudiado a fondo el sector…La Asociación de Dueños de Club de Alterne de España (ANELA) cifra en 300.000 las prostitutas que hay en España, el INE para calcular el dinero de la prostitución con respecto al PIB cifró en 600.000 las prostitutas en España. ¿De verdad te crees que hay 600.000 esclavas en nuestro país? El escándalo sería de magnitudes bíblicas, por sentido común no encaja.Es un trabajo muy muy duro, pero esa realidad existe. Hay mujeres que han hecho el cálculo esfuerzo-beneficio y les compensa quedarse en esta actividad. Es un trabajo duro, pero ganas mucho dinero con relativamente pocas horas de trabajo.

Dices que no estás acostumbrada a tantos elogios viniendo de los ‘palos’ de la tele ¿Qué tal el paso de la pantalla al papel?

Muy bien, me he dado cuenta de que lo paso mejor escribiendo que haciendo televisión, pero no me da para ganarme la vida. A mi una de las cosas que más me gusta es aprender. Tienes que irte documentando y hablando con personas, pero hay un momento en el que te quedas sola ante el folio en blanco. La televisión es muy intensa, hay que saber bregar en esa oleada constante, es un medio inestable en el que se fiscaliza tu trabajo minuto a minuto.

De todas las críticas de la televisión, ¿cuál te ha dolido más?

Me parecía muy injusto que los críticos de televisión lanzaban opiniones sin fundamento. No se dan cuenta de la cantidad de trabajo que hay detrás de las cámaras y sobre el terreno. En todos los reportajes hay que “remar”: el personaje se cansa, se cae a última hora o cambia de opinión y no quiere salir, se te derrumba el esquema que habías montado y tienes que reconstruirlo a contra-reloj… Entiendo que el espectador no tenga que conocerlo, pero que un crítico no lo entienda y se fije solo en una frase que tú has dicho es un poco ingrato.

Es un libro de mujeres que has dedicado a tus “hombres”.

Creo que soy una mujer muy masculina. Después de años de hacer reportajes sobre intersexualidad, transexualidad y debatir sobre qué es el género, me he dado cuenta de que soy una mujer muy masculina y esto encaja con que durante mi vida siempre me he llevado mejor con los hombres que con las mujeres. Me lo paso mejor. Cuando nos sentábamos a la mesa y las chicas empezaban a hablar, yo me pasaba al otro bando. Soy un poco ‘chicarrón’. Me preocupan poco las cosas tradicionalmente femeninas. Por ejemplo, soy muy poco presumida. Por eso, me considero más chico. El libro también se lo dedico a mis padres porque me han educado en una libertad tremenda, nunca me han acomplejado con nada , ni me han dicho ‘ten miedo de esto’, ni ‘ no vengas por la calle sola a las 4 de la mañana’. Solo me han dicho ‘ten cuidado’ como a mi hermano.

En el cuarto capítulo, Villar narra la historia de amor entre un cliente y una prostituta que se conocen a través de un foto de internet. Ella decide dejar de ejercer, él de consumir. Hoy en día, la pareja sigue unida y tienen una hija en común.

En el libro hablas de una pareja formada por un ‘forero’ que comenta sus experiencias sexuales en internet y una prostituta de la que se enamora ¿cómo se gestionan los sentimientos?

Yo creo que es lo más difícil para ellas. Por un lado, tienen que intentar que tus sentimientos no salgan a flote cuando conocen a un tío que les trata bien, les gusta o con el que el sexo va bien. Luego tienen un problema muy grave: la mayoría de sus parejas no aceptan su trabajo. No es imposible que lo asuman pero es complicado. Luego con el tiempo me di cuenta de que esta es una historia trampa porque es la prostituta la que al final se redime: se enamora y abandona su oficio para ir por el buen camino del amor y el sexo en pareja. Quizá hubiera sido más interesante la de la prostituta que no puede enamorarse de su cliente. Además, imagínate que un cliente se enamora de tí, ¿cómo haces para no perderle como cliente, pero a la vez no herir sus sentimientos? No creo que haya un manual para eso.

Es sorprendente que el 50% del servicio que realiza la mujer se lo lleve el local.

Eso es brutal. Es el proxenetismo más bestia y del que menos se habla. Los proxenetas de los clubs son muy visibles y saben que no pueden cobrar por el servicio de las chicas porque les meten a la cárcel y tienen que buscarse tretas legales, pero en los pisos donde no entra nadie está el proxenetismo más galopante y de esto nadie habla. Y ojo, muchísimos proxenetas son mujeres. Tenemos el estereotipo del hombre macarra, mientras la mayoría de los proxenetas son antiguas prostitutas que dejan de ejercer y se hacen ‘madames’. Son muchas mujeres las que explotan a las mujeres. Esto se acepta porque está normalizado, pero no debería estarlo. Una mujer debe trabajar solo para ella misma.

Me ha faltado un perfil : el de la mujer que lo hace por placer y no por necesidad económica, ¿no existe?

Encontré un perfil así. Yo la llamo la ‘belle de jour’. Era una mujer casada, que hacía sus canelones para 20 personas en Navidad y era la perfecta madre de familia. Decía que trabajaba de enfermera haciendo sustituciones. Entonces cuando un cliente se ponía en contacto con ella, le decía a su familia que le habían llamado de una clínica de urgencias y se iba a hacer el servicio. A ella le gustaba esa sensación de sentirse deseada y ser ella la que mande. Para su autoestima y su ego era muy bueno, le hacía sentir muy bien. Hablé un par de veces con ella pero no pude acceder a lo que ella me contaba. Por eso, me la reservo para el día que pueda contrastarla y contarla bien.

¿Hay que legalizar la prostitución?

Sí, hay que acometer esta situación desde flancos muy diferentes para que se garanticen los derechos y los deberes de estas mujeres, y remarco esto último porque algunas no quieren pagar impuestos para que el “estado no sea su chulo”. También se debería luchar contra la pobreza y la igualdad porque es uno de los motivos por los que algunas chicas deciden entrar en la prostitución. Se necesitaría garantizar una alternativa de vida para que puedan decidir libremente, ya que también es cierto que muchas de ellas lo pasan mal porque moralmente les parece horrible. Del mismo modo, también hay que ayudar a las que sí quieren ejercer. Hay que abrazarlas socialmente. Igual que la falta de recursos les empuja a la prostitución, el estigma les frena a entrar. En resumen hay tres frentes: la ley, el dinero y que la sociedad las quiera, igual que quieren a una profesora, enfermera, taxista o arquitecta.

En el libro da la sensación de que tienes más empatía con la asistente sexual que con la ‘escort’

Claro, me identifico más con Montse que con la ‘escort, que’ lleva una vida más adolescente. A esta última la vi hace poco y estuve cenando con ella. Es una de las personas que más disfruta de su trabajo, le encanta. Ella dice que es muy sexual y encima le pagan por ello. Pero me siento menos identificada con esa vida. Sin embargo, la historia de Montse me enganchó porque las injusticias me enervan y no puedo evitar comprometerme. Incluso, a varias prostitutas les puse en contacto con Guayem Barcelona, con el que por cierto, estoy muy descontenta. Yo pensé que era el momento ideal porque se estaban montando las candidaturas ciudadanas y estaban repensando todo y era el momento de estas mujeres intervinieran. Desgraciadamente el círculo de género tenía un debate interno y no permitió entrar a las prostitutas. Hay que comprometerse con ellas. A ellas no les ayuda nadie.

¿Observas un cambio generacional entre las prostitutas veteranas y las jóvenes?

Sí, es brutal. Hay una generación que viene muy fuerte. La universitaria que se prostituía para financiarse sus estudios ha existido siempre. Ahora, esa misma estudiante ya no miente ni engaña sobre su profesión y esto es algo muy novedoso. Lo he visto en los tres o cuatro últimos años y no lo había visto antes. Yo creo que tiene mucho que ver con que estamos desvinculando el sexo de los valores a los que se ha asociado tradicionalmente y liberándolo. Estamos empezando a erosionar el estigma. Creo que la gente joven ya no siente el peso de este estereotipo social. Incluso, existe un empoderamiento de la palabra “puta” porque ella la están reivindicando para lavar su imagen y dignificar este concepto. Creo que dentro de 30 años no tendrá nada que ver la consideración de la prostitución con la de hoy en día.

 

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