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La ayuda valenciana por violencia machista se equiparará a la del terrorismo

 

Más dinero público para la industria del maltrato.

Más estómagos agradecidos viviendo a costa del dinero de todos.

Todo ello basado en las conocidas mentiras de las feministas y suprimiendo derechos y libertades sustentados en principios jurídicos elementales. La igualdad ante la ley o la presunción de inocencia seguirán siendo conculcados por el hecho de pertenecer a un colectivo.

Tendrán su Nuremberg y su Spandau.

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La ayuda valenciana por violencia machista se equiparará a la del terrorismo

Firma del pacto.

Firma del pacto.

El Pacte Valencià contra la Violència de Gènere firmado hoy recoge cerca de 300 medidas

EFE – Valencia

Lunes, 18 septiembre 2017

El Pacte Valencià contra la Violència de Gènere recoge cerca de 300 medidas para situar la violencia machista como un problema social estructural, entre las que destaca la equiparación de las ayudas a estas víctimas con las que perciben los muertos por acciones terroristas.

Esto implica que las ayudas pasen de los 6.000 euros actuales a 75.000 y se une a otras acciones encaminadas a fomentar la educación en igualdad o atajar las desigualdades laborales entre hombres y mujeres, además de una ampliación presupuestaria del 10 %, que en el caso de la Conselleria de Igualdad llegará a los 12 millones de euros.

El pacto, suscrito hoy por 63 representantes de diferentes instituciones y entidades, ha sido firmado en el Centre del Carme y presentado por el president de la Generalitat, Ximo Puig, y la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, en un acto al que han asistido representantes políticos y de la sociedad civil.

Puig ha afirmado que con esta firma se pasa de las palabras a los hechos ante una realidad que “no es tolerable”, mientras que Oltra, que también es consellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, ha dicho sobre esta lucha: “La vamos a ganar porque tenemos la razón”.

 

http://www.lasprovincias.es/comunitat/ayudas-valenciana-violencia-genero-20170918125647-nt.html

 

Once nazis para la horca

 

En pleno apogeo del nazismo nadie pensaba que podría ser derribado y sus responsables enjuiciados y condenados por sus aberraciones.

A día de hoy se sigue deteniendo y juzgando a quienes participaron y colaboraron con aquel régimen.

Las feminazis también tendrán su juicio de Nuremberg y su cárcel de Spandau.

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70 años de Núremberg

Once nazis para la horca

Los once culpables que fueron condenados a muerte en el denominado “juicio de la historia”

Tras 407 sesiones y cientos de testimonios y alegatos, se leyó la sentencia. Once terminaron en el patíbulo

La palabra más repetida: “culpable”.

FERNANDO PAZ – 02/10/2016

La lectura de la sentencia tuvo lugar el 30 de septiembre de 1946, un mes después de los alegatos de los acusados, y se prolongó durante dos días. La lectura de los considerandos duró hasta el 1 de octubre a mediodía. El tribunal resumió los años de poder de los nazis y el conjunto de la acusación, para pasar el segundo día a determinar si los cargos habían sido probados o no en cada caso.

Los acusados fueron llegando en grupos de dos o tres, cada medio minuto, que era lo que tardaba el ascensor en trasladarlos desde la planta de las celdas hasta la del tribunal. Algunos estaban animados y conversaban entre ellos, peroen otros se reflejaba la preocupación. Göring llegó solo y estrechó las manosde Von Schirach y de Keitel antes de sentarse en el banquillo.

La sala estaba llena a rebosar. Si el juicio había decaído notablemente a lo largo de sus muchas y no pocas veces tediosas sesiones, la lectura de las sentencias reavivó el interés del público por el proceso. Aquella mañana el silencio era completo, hasta el punto de que se podía oír el rasgar de las plumas sobre el papel y el rebobinado de las películas en las cámaras.

En general, los ánimos de los acusados eran muy bajos. La exposición del tribunal había dejado claro que asumía por entero el punto de vista de la fiscalía y que no admitía ni siquiera las más graves de las objeciones de la defensa. (…) Sin embargo, los acusados repararon en que, cuando se pronunció el veredicto, las luces habían sido considerablemente atenuadas. El tribunal no quería que la prensa fotografiase a los acusados en el momento de oír la sentencia. Ese hecho, que los acusados interpretaron correctamente como una muestra de piedad del tribunal, junto a que se pronunciasen primero las condenas acerca de las organizaciones y que el veredicto fuera considerablemente benévolo, llevó algo de esperanza a los imputados.

Por supuesto, ignoraban que el debate sobre su suerte había sido apasionado y prolongado. Los soviéticos habrían querido ahorcar o condenar a cadena perpetua a la práctica totalidad de ellos, empezando por aquellos que mayores responsabilidades políticas tenían, al margen de su culpabilidad personal. Por ejemplo, querían condenar a muerte a Rudolf Hess por su responsabilidad política a la hora de aprobar las Leyes de Núremberg, aunque él no hubiese sido autor de ningún hecho concreto y nada tuviera que ver con el exterminio ni con el desencadenamiento de la guerra.

Entre bastidores, las cuestiones más problemáticas volvían a suscitarse una y otra vez. Donnedieu de Vabres, el juez titular francés, anunció su desacuerdo con la pretensión de que había existido una conspiración generalizada por parte de los alemanes, y aseguró que votaría sistemáticamente en contra del primer cargo, el de conspiración, innecesario y difícil de definir. Parker, el sustituto de Biddle, suscitó la cuestión de que se debería enfatizar la agresividad de Hitler en la guerra que Alemania había mantenido contra Francia y Gran Bretaña, pero el propio Biddle estimó que era mejor no tocar ese asunto por cuanto habían sido Londres y París quienes rompieron hostilidades con Berlín.

El tribunal, en última instancia, rechazó incautarse de las propiedades de los acusados que no hubieran sido adquiridas de forma irregular y, en cualquier caso, el origen de la propiedad no debía determinarse en Núremberg. Los soviéticos, por supuesto, mostraron su más completo desacuerdo.

Los acusados, naturalmente, ignoraban todo esto. Podían imaginar que los jueces rusos serían los más duros, pero, en todo caso, sabían que no tenían ninguna oportunidad de influir en ellos.

El ceremonial se estableció de modo que los acusados debían permanecer juntos en el banquillo mientras escuchaban el veredicto en torno a la inocencia o culpabilidad con respecto a cada uno de los cargos por los que se les juzgaban. A la tarde siguiente serían conducidos otra vez a la sala, de uno en uno, de modo que nadie conocería la sentencia de los demás. Los ocho jueces se turnarían en la lectura de las sentencias. A las 10.03, el tribunal entró en la sala. El silencio se espesaba cada vez que terminaba la lectura de las consideraciones del tribunal y antes de pronunciar la palabra “inocente” o “culpable”. Se les ponían obligatoriamente los cascos, que los acusados se quitaban con premura en cuanto oían la sentencia.

No todas condenas a muerte

Los veredictos resultaron sorprendentes para casi todos. Entre el público se pensaba que las condenas serían a muerte, y que acaso alguno la sortearía mediante la cadena perpetua, todo lo más. El que hubiera hasta tres absoluciones resultó inesperado, así como que muchos de los acusados fueranexonerados de muchos de los cargos de los que se les acusaba (…).

Las absoluciones resultaron problemáticas en muchos sentidos. En cierto modo, absolver a Schacht, a Papen y a Fritzsche venía a sellar el fracaso de un tribunal acusado de parcial y de haber sido formado de modo precipitado. Algunos de los jueces occidentales tampoco estaban de acuerdo en que salieran absoluciones de las deliberaciones del tribunal. Pensaban que era mejor una condena por leve que fuese que el reconocimiento de la improcedencia de la imputación.

Además, la propia formulación de la acusación se veía cuestionada en la medida en que cargos como el de conspiración debían afectar a todos los prisioneros; la absolución no implicaba el desmentido de la acusación, pero, sin duda, arrojaba sombras sobre ella. Los soviéticos fueron particularmente celosos en este asunto; el compromiso con Moscú era que no hubiese absoluciones. Cuando vieron que esto no era posible, emitieron un voto particular de disentimiento. Corría la especie de que los jueces soviéticos carecían de la menor noción acerca de cómo redactar un voto así, y que Nikitchenko tuvo que pedir ayuda a sus colegas occidentales. Los acusados que habían resultado absueltos mostraron su sorpresa, sobre todo Fritzsche, seguramente quien con menos motivo habría debido mostrarse sorprendido. El resto se aprestó a escuchar su condena el 1 de octubre de 1946.

La lectura de las sentencias fue relativamente rápida. A las 14 horas y 50 minutos de comenzó la 407ª y última sesión del juicio de Núremberg. Había terminado a las 15 horas y 40 minutos. La lectura de cada sentencia se extendió por unos cuatro minutos, pasados los cuales cada uno de los condenados fue bajado de nuevo a su celda en el ascensor, salvo los absueltos.

Como era previsible, habían comenzado con Göring y continuaron en el orden en que los acusados se sentaban en el banquillo. (…)

El psiquiatra, Gilbert, se reunió con los condenados tras oír la sentencia. Apareció Göring con el rostro pálido y los ojos hundidos y húmedos, murmurando”¡Muerte!” y luego expresó su deseo de estar solo durante un rato. Hermann Göring (1893-1946) era, tras Hitler, el nazi más destacado y considerado como su posible sucesor desde 1939 hasta 1945.

Sus órdenes obligaban a los prisioneros de guerra a trabajar para la industria armamentística y dirigió el expolio del territorio conquistado. Persiguió a los judíos básicamente para confiscarles sus propiedades y para cercenar sus actividades económicas. Su propia confesión basta para condenarle.

¿Y las esposas de Göring?

Hess no sabía que había sido condenado a cadena perpetua, solo estaba interesado en que alguien le dijera por qué Göring no llevaba esposas y él sí. Tuvo que ser el guarda el que informase a Gilbert de que su sentencia era de por vida. Hess no paraba de reír nerviosamente, pero no decía nada. [fusion_builder_container hundred_percent=”yes” overflow=”visible”][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”no” center_content=”no” min_height=”none”][Hasta su vuelo a Escocia en 1941, Hess (1894-1987) fue el lugarteniente del Partido Nazi].

Más suerte de la que había tenido con los dos primeros tuvo el psiquiatra con los siguientes. A Ribbentrop [Joachim von Ribbentrop (1893-1946), ministro de Asuntos Exteriores alemán de 1938 a 1945] se le veía impactado de veras, solo repetía una y otra vez “muerte, muerte… ahora no podré escribir mis memorias… cuánto odio”. Se sentó sobre el camastro, con la mirada perdida y no fue capaz de articular muchas más palabras.

Keitel [Wilhelm Keitel (1882-1946), comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en el Oberkommando de la Wehrmacht (OKW), diseñó los planes de Hitler para la invasión de Checoslovaquia] le recibió con una postura hierática, los puños apretados y los brazos rígidos. En sus ojos podía leerse el horror.

-Muerte ¡en la horca! Pensaba que al menos me libraría de eso… -La voz le salía ronca por la indignación-. No le culpo por mantener la distancia con un hombre sentenciado a morir en la horca. Lo comprendo perfectamente. Pero sigo siendo el mismo de antes. Le suplico que al menos me visite alguna vez durante mis últimos días -dijo a Gilbert.

Kaltenbrunner [Ernst Kaltenbrunner, director desde 1943 de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), al tiempo que llevaba a cabo un vasto programa decrímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad. Estaba al tanto de las condiciones en los campos de concentración, y desde su oficina se transmitieron órdenes de ejecución procedentes de Himmler para esos campos] mantenía una calma casi completa, solo traicionada por la crispación de sus manos, agarrotadas. Como Göring, solo murmuraba “muerte”.

La actitud de Frank [Hans Frank (1900-1946), ministro de Justicia a partir de 1933 y gobernador general de Polonia entre 1939 y 1944] era distinta; aunque no pudo sostenerle la mirada al psiquiatra, se mostró calmado y hasta sonriente:

-Muerte en la horca. -La voz era apenas audible, pero asentía con la cabeza-. Lo merecía y lo esperaba, como siempre le he dicho. Me alegro de haber tenido la oportunidad de defenderme y de reflexionar durante los últimos meses.

Rosenberg [Alfred Rosenberg (1893-1946), ideólogo del Partido Nazi, afirmaba que el destino de la nación alemana era dominar Europa y que los judíos eran una raza inferior. Fue también ministro de los Territorios Ocupados del Este a partir de 1941] no se había hecho nunca muchas ilusiones, porque sabía que era detestado casi del mismo modo que Streicher, aunque de forma menos vehemente y física; pero su antisemitismo radical le dejaba poco margen de maniobra. Cuando Gilbert entró en la celda, rió con cinismo, mientras se ponía el uniforme de la prisión:

-La soga… ¡la soga!… Es lo que deseaba ¿verdad?

La reacción de Streicher [Julius Streicher (1885-1946), editor del semanario antisemita Der Stürmer y pilar del movimiento antisemita durante los años 30] fue muy semejante:

-Seguro que lo sabían desde el principio, ¿verdad?

Funk [Walther Funk (1890-1960), ministro de Economía de 1937 a 1945] había recibido con desconcierto la sentencia que le permitía seguir con vida, por cuanto esperaba la condena a muerte, y en una primera reacción se había mostrado deferente con el tribunal. Sin embargo, al llegar a la celda, su actitud resultaba extraña:

-Cadena perpetua, ¿qué significa eso? No irán a tenerme en la cárcel el resto de mi vida, ¿no?

No parecía que le hubiera sentado particularmente bien la absolución de Von Papen [Franz von Papen (1879-1969), canciller de Alemania en 1932 y vicecanciller de 1933 a 1934] y, sobre todo, de Schacht, aunque se alegraba de la de Fritzsche. Resultaba comprensible su amargura por lo de Schacht [Hjalmar Schacht (1877-1970), ministro de Economía entre 1934 y 1937], por cuanto en definitiva Funk había sido su sucesor en el Ministerio de Economía y el comportamiento en el juicio de su predecesor no había sido particularmente agradable.

Raeder [Erich Raeder (1876-1960), comandante en jefe de la Marina de 1935 a 1943] estaba desesperado por su condena, aunque trataba de disimularlo; le preguntó al guarda de la celda con fingida indiferencia si esa tarde habría paseo, pero luego consideró recurrir la cadena perpetua y hacer una petición de condena a muerte. No quiso hablar con el psiquiatra, al que dijo que había olvidado su sentencia mientras le hacía ademanes para que se alejase.

Von Schirach [Baldur von Schirach (1907-1974), jefe de las Juventudes Hitlerianas de 1933 a 1940] estaba apesadumbrado por su condena a veinte años, pero se comportó con entereza en todo momento y le dijo a Gilbert que, aunque prefería una muerte rápida a una lenta, al menos su mujer se alegraría. Fue de los pocos que preguntó por las sentencias de los demás, que no le sorprendieron en exceso.

Sauckel [Fritz Sauckel (1894-1946), a partir de 1942 fue el encargado de explotar la mano de obra de los territorios ocupados] sí estaba sorprendido por la suya. No terminaba de creerlo.

El llanto de Fritz Sauckel

-¡Me han condenado a muerte! No creo que sea una sentencia justa. Yo nunca he sido cruel. Siempre he querido lo mejor para los trabajadores. Pero soy un hombre y puedo asumirlo.

Sin embargo, rompió a llorar en ese punto.

En los días siguientes seguía convencido de que su sentencia, sin duda, se debía a un error, tal y como les dijo, además de al psiquiatra, al peluquero y al médico de la cárcel; probablemente se debía a la traducción. La insistencia de Sauckel llegó a los oídos de todos los internos y motivó que Seyss-Inquart [Arthur Seyss-Inquart (1892-1946), canciller de Austria de 1938 a 1939, vicegobernador de Polonia entre 1939 y 1940 y comisario del Reich en la Holanda ocupada de 1940 a 1945] le enviara una carta por medio del doctor Pflücker:

“Querido camarada Sauckel: Hace usted una crítica excesiva a la sentencia. Cree usted que han fallado esta sentencia contra usted porque una de sus palabras fue mal traducida e interpretada. Yo no tengo esta impresión. Que existiera una orden del Führer no es motivo para que nosotros, que tuvimos el valor y la fuerza suficiente para estar en primera línea de esta lucha a vida o muerte de nuestro pueblo, no aceptemos la responsabilidad. Si en los días del triunfo estuvimos en primera línea, tenemos el derecho de solicitar también este mismo puesto en la desgracia. Con nuestra actitud ayudamos a reconstruir el futuro de nuestro pueblo. Suyo, Seyss-In-quart”.

Contrastando con el derrumbe de Sauckel, Frick [Wilhelm Frick (1877-1946), ministro del Interior entre 1933 y 1943 y, posteriormente, protector de Bohemia y Moravia] acogió su sentencia con una aparente frialdad casi total, en consonancia con su actitud durante todo el juicio. Se encogió de hombros y dijo: “Pena de muerte… no esperaba otra cosa”. También dijo que prefería haber sido condenado a muerte que a cadena perpetua. “Los que son sentenciados a morir en la cárcel no se convierten en mártires” Frick también preguntó por los otros, y Gilbert le dijo que había once penas de muerte contando la suya.

-Esperaba catorce; bueno, a ver si lo hacen rápido.

Jodl [Alfred Jodl (1890-1946), jefe del Estado Mayor de Operaciones del OKW de las Fuerzas Armadas entre 1939 y 1945. En 1944, ordenó la evacuación del norte de Noruega, la quema de 30.000 hogares y rehusó ayudar a los rusos. En su defensa, alegó que obedecía órdenes de su superior, Hitler] trató de evitar el contacto con Gilbert. Recorrió el camino hasta la celda erguido y mirando al frente. Al entrar en la celda le quitaron las esposas; su rostro asomaba, enrojecido.Reaccionó como Keitel [Wilhelm Keitel (1882-1946), comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en el Oberkommando de la Wehrmacht (OKW)] a la condena a la horca: “Muerte, ¡en la horca! Eso, al menos, no lo merecía. Lo de la muerte, bien; alguien tiene que asumir la responsabilidad. Pero eso…” -su voz se estranguló en la garganta- “eso no lo merecía”.

Resignado, Seyss-Inquart se limitó a mostrar una cierta conformidad: “Bueno, a la vista de la situación no esperaba otra cosa. Está bien”.

Speer [Albert Speer (1905-1981), ministro de Armamento y Producción Bélica a partir de 1942 y arquitecto predilecto de Hitler] reía con nerviosismo: “Veinte años. Es lo justo. No podían darme una sentencia más leve teniendo en cuenta los hechos, y no puedo quejarme, dije que las sentencias debían ser severas y admití mi parte de culpa, así que sería ridículo que ahora me quejara de la pena. Pero me alegro de que Fritzsche [Hans Fritzsche (1900-1953), jefe del Departamento de Prensa Nacional del Ministerio de Propaganda entre 1938 y 1942 y jefe del Departamento de Radiodifusión entre 1942 y 1945] se haya librado”. En el otro extremo estaba Von Neurath [Konstantin von Neurath (1873-1956), ministro de Asuntos Exteriores de 1932 a 1938 y protector de Bohemia y Moravia de 1939 a 1941], que apenas daba crédito a que le hubieran caído quince años y al que costaba incluso articular palabra.

Desde la sentencia hasta la ejecución habían de pasar dos semanas, aunque la fecha era ignorada por los reos. Estos habían apelado al Consejo de Control Aliado de Berlín como máxima autoridad, y además habían realizado gestiones dirigiéndose a Montgomery, Attlee o Truman, e incluso al Vaticano. Pero estaba decidido que ninguna apelación sería escuchada, pese a que los militares condenados a muerte solo pedían ser ejecutados mediante fusilamientoen lugar de ahorcados. Raeder, pese a que había sido condenado a cadena perpetua, también pidió ser fusilado.

La noche del 13 al 14 de octubre, por la parte trasera del patio entraron unos camiones pesados. Era el material para la horca. Durante los siguiente dos días, a todas horas se oyeron los ruidos estridentes de los martillos y las sierras, que alcanzaban las celdas a través de las galerías; aunque las medidas de seguridad de la cárcel -que el coronel Andrus había extremado- impedían toda información acerca del día y el lugar de la ejecución, los presos no tenían que hacer muchas cábalas acerca de su origen. Sauckel comenzó a gritar a grandes voces, aterrado ante la cercanía de su ejecución. Andrus estaba decidido a que todo saliese como se había previsto, pero había cosas que resultaban imposibles.

Los ruidos procedían del gimnasio del Palacio de Justicia de Núremberg, en donde los electricistas estaban colocando bombillas de gran potencia y reemplazando los cristales rotos. Pronto comenzaron a oírse los sonidos sordos de los clavos enterrándose en la madera. Se estaban erigiendo tres horcas. Había once hombres que colgar.

(Editorial La Esfera de los Libros), del historiador Fernando Paz, sale a la venta este martes.

 

http://www.elmundo.es/cronica/2016/10/02/57ef7d4046163fc70a8b457c.html[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]

Peter-Michael Diestel, el ex ministro de la RDA que defiende al enfermero nazi de Auschwitz

 

No es de extrañar que quien dirigió la Stasi defienda a un nazi que participó en el genocidio de quien no era o pensaba como él.

No dejan de ser ideologías totalitarias hermanas que nacieron de las mismas fuentes. De las mismas que surgió el feminazismo.

Como ellos, las feminazis tendrán su Nuremberg y su Spandau.

Y como ellos, las feminazis tendrán su Centro Wiesenthal.

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Peter-Michael Diestel, el ex ministro de la RDA que defiende al enfermero nazi de Auschwitz

Hurbert Zaftke, sentado, junto a su abogado defensor Peter-Michael Diestel en la sesión de apertura del juicio.

Peter M. Diestel fue el último ministro de Interior en 1990 bajo cuyo mando se destruyeron documentos de la represiva Stasi

La causa contra el antiguo SS Hubert Zaftke comenzó ayer tras cuatro años de intentos para iniciar el proceso

JULIO MARTÍN ALARCÓN – 2/09/2016 20:10

La historia del ex miembro de las SS es conocida. Identificado como Hubert Zafke, el anciano de 95 años sirvió como médico en el campo de exterminio de Auschwitz. Apenas puede seguir el juicio debido a su avanzada edad, como tantos otros ex guardias nonagenarios acusados ahora, 70 años después de la caída del Tercer Reich. El hombre que lo defiende, el abogado Peter-Michael Diestel fue elúltimo ministro de Interior de la RDA, la Alemania del Este comunista justo antes de que desapareciera tras unificarse con la República Federal.

Diestel, que se reconvirtió en un abogado de éxito tras su efímero cargo, ha esgrimido en la apertura del juicio que “se intenta lavar el pasado de Alemania acusando a meros subordinados para compensar que se dejara libre a los verdaderos culpables durante las primeras décadas”. En su boca las palabras del ex ministro tienen doble munición: la RFA, la Alemania a la que el sistema que le educó le enseñó a rechazar, es la culpable de que los nazis, los verdaderos cerebros, quedaran libres. No en vano, hasta la sentencia de Ivan Demjanjuk el colaborador ucraniano de las SS, que en 2011 fue condenado a cinco años de prisión, sólo se podía encausar a los nazis por asesinato.

Después de un largo periplo judicial y una deportación desde EEUU a Alemania, Demjanjuk fue condenado por su “colaboración necesaria” en más de 28.000 asesinatos durante los meses que pasó como guardia del campo de exterminio de Sobibor, lo que abrió la puerta a nuevas acusaciones que no tenían que demostrar la participación activas en un asesinato sino la colaboración en la Solución Final.

Frente a las acusaciones, Peter Michael Diestel, el abogado que estudió derecho en la Universidad Karl Marx de Leizpig. A pesar de sus palabras, que enmiendan la política de Adenauer, sus críticos señalan que él también quiso correr una cortina de olvido sobre las actividades de la policía de Seguridad del Estado de la RDA, la temida Stasi. Fue acusado de no haber depurado responsabilidades y de haber permitido la destrucción de muchos de los documentos que habrían servido para el esclarecimiento de sus actividades. Al final, acabó relevado de las responsabilidades sobre la Stasi precisamente por no llevar a cabo su desmantelamiento, como pretendía el nuevo gobierno. Diestel defendió además que muchos de los informadores no oficiales de la Stasi debían permanecer en el anonimato porque habían garantizado la paz interna según el historiador Peter E. Quint. Un tribunal regional concluyó en 1995 que los documentos estaban bajo su responsabilidad cuando fueron destruidos.

Diestel, que fue el máximo dirigente del ministerio de Interior durante el último año de la RDA cuando Erich Hoenecker ya había caído, sabe lo que es perseguir criminales. De su ministerio dependían los ‘vopos’, la Volkspolizei -Policía Popular-. Fundó en 1989 el Partido Socialista Cristiano -CSPD- y en enero la Unión Social Germana -DSU- aunque sería tras unirse al partido democristiano de la Alemania del Este, la CDU, cuando llegó al gobierno en las postrimerías de la RDA. El SED, el partido comunista oficial, había dejado de tener el monopolio político con la caída del muro y la paulatina desintegración.

‘Míster Holocausto’

El antiguo ministro defiende al ex nazi Hubert Zaftke, que había vivido 70 años tranquilo después de finalizar la guerra, hasta que el pasado llamó a su puerta. Sus responsables fueron Effraim Zuroff, denominado ‘Mr Holocausto’ y Kurt Schrimm, jefe de la Oficina Central de Investigación de los Crímenes Nazis. El primero, un caza nazis, heredero de Simon Wiesenthal, fundador del centro para la búsqueda y captura de criminales de guerra del Tercer Reich, que ahora dirige el propio Zuroff. El segundo, el fiscal general que se hizo cargo de la oficina creada por Konrad Adenauer en 1958 para paliar las críticas por la nula desnazificación del país.

Para todos, el pasado ha llegado tarde, aunque por razones distintas.’Mr Holocausto’ lanzó en 2002 la campaña ‘Última oportunidad’ como forma para perseguir a los últimos ex nazis que pudieran quedar vivos. Kurt Shrimm, reunió pruebas gracias a las últimas sentencias de los tribunales en Alemania que le facultaban a imputar a antiguos miembros de las SS.

Peter Michael Diestel esgrime, en cambio, que la nula relevancia de los acusados ahora en cuanto a la Solución Final es fruto de los errores precisamente del pasado. Diestel, además, asegura que su cliente sólo trató a soldados nazis y que no existe participación como colaborador necesario en 3.681 muertes.

Mientras la sentencia de Demjanjuk abrió la puerta a la persecución de antiguos nazis, lo cierto es que la mayoría de ellos, por edad, tuvieron un papel poco o nada relevante. Durante décadas en cambio, miembros más destacados del Tercer Reich vivieron en Alemania o en el extranjero sin tener que hacer frente a la justicia alemana.

http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2016/09/12/57d6c59a22601d276e8b4620.html

Alemania juzga a un ex enfermero de 95 años por 3.681 muertes en Auschwitz

Hubert Zafke, ex enfermero de las SS, a su llegada al juicio. BERND WUSTNECKAFP-PHOTO

Cinco años de prisión para el SS Reinhold Hanning como cómplice de 170.000 asesinatos en Auschwitz

La Fiscalía relaciona al procesado con la maquinaria de la muerte nazi por haber servido como enfermero a unos 650 metros de los crematorios

EFE – Berlín – 12/09/2016

La Justicia alemana abrió hoy el proceso contra un ex enfermero de las SS nazis de 95 años, al que se imputa complicidad en la muerte de al menos 3.681 prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz y cuyo caso se inscribe en la serie de juicios tardíos contra los crímenes del nazismo.

El acusado, Hubert Z., compareció ante la Audiencia de Neubrandenburg (este del país) en silla de ruedas, en el que era el cuarto intento de iniciar el procesodespués de que en tres ocasiones anteriores se hubiera suspendido “in extremis” por razones de salud del imputado.

La vista se inició con la lectura del pliego de acusaciones de la Fiscalía, que relaciona al procesado con la maquinaria de la muerte nazi por haber servido como enfermero durante un mes a unos 650 metros de los crematorios de ese campo de exterminio construido por el Tercer Reich en la Polonia ocupada.

El juicio sigue el modelo de otros procesos abiertos en Alemania en los últimos años por complicidad en crímenes nazis, tras el precedente marcado en 2011 por la condena a cinco años contra el ucraniano John Demjanjuk, un exguarda del campo de Sobibor.

Con esa sentencia se abrió una nueva vía de enjuiciamiento en Alemania, extensible a personas que, sin haber tenido una participación o una responsabilidad directa, podrían ser consideradas corresponsables de esos crímenes.

En algunos casos los juicios han acabado sobreseídos, por razones de edad y salud de los procesados, mientras que en otros han terminado en penas simbólicas que los condenados han recurrido o no han llegado a cumplir, como ocurrió con el mismo Demjanjuk, muerto en un asilo de ancianos unos meses después de escuchar sentencia.

La vista de hoy se cerró unas horas después de escucharse el pliego acusador y está en el aire si el juicio proseguirá la próxima semana, ya que debe resolverse una demanda por presunta parcialidad presentada contra la Audiencia.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular y organizaciones de víctimas del nazismo han criticado a la presidencia de la corte, que en tres ocasiones suspendió la apertura del juicio atendiendo al argumento de la defensa de que su cliente no está en condiciones de ser juzgado.

Los cargos contra el acusado de Neubrandenburg se apuntalan en los presos de Auschwitz muertos en sus cámaras de gas en el mes en que prestó servicio ahí, del 15 de agosto al 14 de septiembre de 1944.

Se estima que en ese periodo llegaron al campo de exterminio catorce trenes con deportados, de los cuales al menos 3.681 fueron asesinados en cámaras de gas.

El abogado defensor Peter-Michael Diestel niega la culpabilidad de su cliente yargumenta que en Auschwitz se dedicó a atender a otros miembros de las SS y a soldados.

El precedente más inmediato a este proceso fue la condena a cinco años de cárcel dictada hace unos meses en Detmold (centro de Alemania) contra el ex miembro de las SS Reinhold Hanning, de 94 años, por complicidad en las muertes de 170.000 presos.

El año pasado fue asimismo condenado a cuatro años en Lüneburg (centro) Oskar Gröning, el llamado “contable de Auschwitz”, por sus funciones esencialmente burocráticas en ese campo nazi.

En ninguno de los dos casos la sentencia ha llegado a ser en firme, por estar pendientes de resolución los recursos presentados.

La pasada semana quedó sobreseído el proceso contra una exoperadora de radio de ese antiguo campo de exterminio, de 92 años y acusada de complicidad en 260.000 muertes, al dictaminar un tribunal que no estaba en condiciones de seguir un juicio.

Auschwitz fue el mayor y más mortífero campo de exterminio nazi, donde fueron asesinados 1,1 millones de personas, y los juicios tardíos abiertos en los últimos años por presunta complicidad se basan en el argumento de que quien sirvió ahí en puestos clave tuvo que saber de los crímenes nazis.

Independientemente de si los procesos acaban o no en sentencia en firme, o si los condenados ingresan en prisión, con estos juicios se pretende dejar constancia de que el cargo de asesinato o implicación en crímenes nazis o de guerra no prescriben

http://www.elmundo.es/internacional/2016/09/12/57d6d53de2704e06448b45ca.html