Violencia de género: ‘Los agresores siempre se sienten víctimas’

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Violencia de género: ‘Los agresores siempre se sienten víctimas’

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Graña es uno más de los que viven de la industria del maltrato.
Hace años J. F. le pilló delinquiendo.
Sus alumnas de la facultad eran quienes firmaban los certificados, aún sin tener la carrera terminada. Las alumnas le quitaban trabajo y cobraban poco o nada. Dinero que él sí cobraba.
En sus cursos de rehabilitación comete numerosas “irregularidades” como el no entregar certificados de asistencia o amenazar y coaccionar a los “alumnos”.
En su día se le grabó con cámara oculta. Fue cuando se le pilló con las firmas de las alumnas. Tuvimos una reunión con él y se le grabó. Reconoció sus desmanes y como se falseaban los datos oficiales para justificar y alimentar la industria del maltrato de la que él vivía y sigue viviendo.
Cuando se enteró de la existencia del vídeo le faltó tiempo para quejarse a youtube para que lo eliminaran.
Pero el vídeo existe y su confesión no se ha borrado.
Peramato es vieja conocida también.
Feminazi que defiende la aberrante ley de género.
El sobresueldo no es despreciable.
Sin darse cuenta, en sus declaraciones reconoce que la ley no está hecha para reducir o eliminar la violencia contra las mujeres pues sólo persigue los casos en que hay relación de afectividad.
El que pega a la prostituta, por ejemplo, no puede ser juzgado por la ley degenerrrada. Se ve que ahí no existe el ánimo de dominar a la mujer.
El objetivo real de la ley (de la ideología de género) es evitar la relación afectiva entre hombres y mujeres y con ello destruir la familia, que es el núcleo donde el ciudadano se siente protegido y apoyado. 
Es significativo que el artículo no admita comentarios.
No se trata de información abierta al debate y suma de opiniones y datos.
Es simplemente adoctrinamiento y difusión del dogma feminazi.
-o-o-o-o-o-

Violencia de género: ‘Los agresores siempre se sienten víctimas’

  • El catedrático de psicología clínica José Luis Graña dirige en la Universidad Complutense un programa para rehabilitar a maltratadores por el que han pasado más de 1.000 hombres

  • “Todos podemos ser agresores”, asegura

El catedrático José Luis Graña, en Santander

El catedrático José Luis Graña, en Santander DAVID S. BUSTAMANTE

RAY SÁNCHEZ Santander

Acostumbrado a corregir conductas, José Luis Graña también corrige al redactor nada más formular la primera pregunta, donde pronuncia la palabra maltratador. “Para ser maltratador lo tiene que decir un juez, es un término jurídico. Yo soy un psicólogo e intento entender a los seres humanos, no puedo juzgar a nadie. Si tú vienes a terapia conmigo y te llamo maltratador, entonces tú no vas a confiar en mí, te vas a poner a la defensiva y no vas a confiar en mi”.

Esa es la premisa del programa de intervención que este catedrático de psicología clínica dirige en la Universidad Complutense deMadrid, y por el que han pasado desde hace una década más de 1.000 maltratadores, porque todos llegan condenados por un juez.

Son hombres con sentencias de hasta dos años de cárcel que, en aplicación de la Ley Integral contra la Violencia de Género, eluden la prisión si aceptan participar en un programa de rehabilitación como el que Graña y su equipo desarrollan en la facultad de Psicología de la Ciudad Universitaria de la capital. “Y hemos observado que la gran mayoría logra cambiar”, asegura el profesor Graña, que el miércoles exponía en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) los resultados de una terapia que apenas registra un 8 por ciento de abandono. “Mientras que en otros programas que se aplican en Estados Unidos es del 45 por ciento”, destaca el catedrático defendiendo su apuesta por “personalizar la intervención” evitando estigmatizar a los agresores, que paradójicamente “siempre se sienten víctimas” al llegar al programa.

“Es lo normal porque es su forma de funcionar psicológicamente. Cuando les detienen se sorprenden porque no lo entienden. Para ellos es todo congruente: tanto lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen. La denuncia es el momento de la ruptura, de parar y analizar la situación. De explicarles que la forma de relacionarse con su pareja no es la adecuada, que algo falla”, sostiene Graña, que basa su método en la convicción de que “todo lo que aprendemos puede desaprenderse”. Incluso a agredir. Y en su opinión, no existe la inmunidad a tener una conducta violenta.

“Todos podemos ser agresores, y en las relaciones humanas hay comportamientos agresivos, están en la vida cotidiana de la gente normal. La diferencia es que cuando los integras en una relación disfuncional y te sientes inferior si no das un grito o un empujón”. El programa de rehabilitación que dirige este experto funciona siempre que el agresor ” asume su responsabilidad”, un cambio que se produce tras las primeras semanas de terapia. “Es un efecto de interiorización, sucede cuando están ya más receptivos, dejan de sentirse víctimas y contextualizan la situación. Algo que es difícil durante el proceso judicial, porque los agresores están tan inundados emocionalmente que son incapaces de analizar los acontecimientos, necesitan perspectiva y tiempo”.

Graña afirma que, tras nueve meses de terapia, los agresores más violentos son los que experimentan un mayor cambio de conducta. “Se constata en la actitud que tienen durante la terapia, pero también en cuestionarios sobre la relación en pareja, las características de la personalidad y las emociones. Incluso en los registros policiales. Lo contrastamos también a largo plazo, al cabo de tres, cinco e incluso 10 años”, apunta el catedrático de la Complutense, aunque admite que el programa, aplicado de momento solo fuera de prisión, no es infalible.

“Siempre hay algún caso en el que no va a funcionar. Puede ser que no sea el momento adecuado para esa persona. O porque tiene una psicopatología que no se puede tratar en solo nueve meses. Pero todos los seres humanos siempre se puede rehabilitar, solo tienes que querer”, añade esperanzado. Su próximo objetivo es aplicar estas conclusiones a la prevención de la violencia de género, un fenómeno que ha protagonizado esta semana un curso temático celebrado en el Palacio de la Magdalena de Santander, coincidiendo con episodios graves como el asesinato ayer, en plena calle, de una mujer a manos de su expareja en la localidad barcelonesa de Castelldefels.

Medidas para frenar la violencia de género

“Cada vez que un hombre asesina a una mujer nos produce estupor, dolor e inquietud”, dijo Teresa Peramato, fiscal adscrita a la Sala de Violencia contra la Mujer de la Fiscalía General del Estado,tras conocer la noticia. Ella también participó ayer como ponente en el campus de verano de la capital cántabra, donde solicitó diferentes reformas legislativas que permitan a las fiscales “dar una respuesta efectiva, justa y proporcionada” a la violencia de género.

Entre ellas, reclamó la eliminación de la “dispensa de obligación” que las mujeres tienen de declarar contra su agresor cuando se trata de su marido o pareja. “Es el mayor obstáculo al que nos enfrentamos, un obstáculo enorme”, advirtió la fiscal Peramato, que considera “vital” esta reforma para ofrecer una “protección adecuada” a las mujeres víctimas de maltrato. También reclamó que la edad mínima de matrimonio, que en España se ha elevado recientemente de los 14 a los 16 años tras la entrada en vigor de la Ley de Jurisdicción Voluntaria, se fije en la mayoría de edad.

“Además, tenemos la necesidad de realizar un estudio criminológico, antropológico, sociológico y psicológico del fenómeno de la violencia de género para que lo conozcamos desde las entrañas, sepamos a qué nos estamos enfrentando y podamos adoptar medidas que de verdad sean eficaces, o más eficaces de las que estamos adoptando ahora”, defendió la fiscal, que también se posicionó a favor de que las agresiones sexuales fuera del ámbito de la pareja pasen a considerarse un delito de violencia de género. “Esas agresiones requieren también un respuesta integral, especializada, formada y multidisciplinar, y desde la fiscalía de violencia de género no podemos dar respuesta porque la ley no nos da competencias”, lamentó Peramato.

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